
La mayoría de las mujeres atraviesa la menopausia entre los 45 y los 55 años. Con el aumento de la esperanza de vida, la población posmenopáusica no deja de crecer. Según la OMS, para 2021, las mujeres de 50 años o más representaban el 26 por ciento de la población femenina mundial, mientras que diez años antes esta proporción solo alcanzaba el 22 por ciento. En ese contexto, las investigadoras reunieron 1.112 imágenes de tejidos de 656 muestras procedentes de 304 mujeres de entre 20 y 70 años, y las combinaron con el análisis de la expresión de miles de genes. Esto les permitió reconstruir cómo envejecen con el tiempo los órganos reproductores: el útero, el ovario, la vagina, el cuello uterino, la mama y las trompas de Falopio.
Los resultados muestran que no todos envejecen de forma uniforme, sino que el ovario y la vagina lo hacen de manera progresiva, incluso años antes de que la menopausia inicie oficialmente. Cuando el cambio hormonal efectivamente arranca (cuando suceden 12 meses consecutivos sin menstruación), el útero experimenta un envejecimiento abrupto. También la mucosa o el músculo uterino son sensibles a los cambios asociados con este cambio hormonal. Para saber esto, las científicas utilizaron inteligencia artificial y recursos de supercomputación para identificar tanto los cambios observables en los tejidos como los procesos moleculares asociados al deterioro de cada órgano.
El estudio, a su vez, analizó muestras de plasma sanguíneo de 21.441 mujeres e identificó señales moleculares asociadas al envejecimiento que pueden detectarse en la sangre. Estos biomarcadores permitirían la monitorización no invasiva del estado de los órganos reproductores y la anticipación de riesgos asociados a la menopausia, como el prolapso del suelo pélvico (es decir, cuando los músculos y los tejidos del suelo pélvico que contienen los órganos, se debilitan), sin necesidad de biopsias.

