
“Se ve la distancia que tenemos entre Argentina y el resto del mundo. Lamentablemente, estamos bastante retrasados en relación a la computación de alto rendimiento. Esto es parte del mismo fenómeno que está pasando en el país con el financiamiento de la ciencia y la tecnología”, cuenta Nicolás Wolovick, director de Supercómputo de la Universidad Nacional de Córdoba, en diálogo con la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes.
Clementina XXI es una de las 500 computadoras más potentes del mundo y funciona desde 2025 en la sede del Servicio Meteorológico Nacional en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Además, en Argentina hay otros equipos instalados en Santa Fe, Rosario, Córdoba y Bariloche. Sin embargo, el tamaño y la capacidad que tienen está por debajo de lo necesario para no quedarse atrás en la carrera científica y tecnológica.
Mientras que el gobierno nacional habla del desarrollo de la inteligencia artificial, los fondos para comprar los equipos donde corren esos programas son nulos. De hecho, las últimas inversiones en Argentina fueron con dinero proveniente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y del Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) en 2023. En ese momento, se distribuyeron 10 máquinas en diferentes lugares del país. No obstante, se trata de unidades chicas cuyas capacidades están por debajo de lo que requiere la IA.
“Si tenemos en cuenta los modelos de frontera vinculados a inteligencia artificial, que son los más interesantes, no podemos ejecutarlos con las computadoras que tenemos. Ni siquiera me refiero a entrenamiento, que es una instancia superior, sino que no podemos usarlos directamente”, alerta Wolovick, quien también es docente en la UNC.
Lo barato sale caro
Frente al nivel de desinversión en equipamiento, más las becas y los salarios lejos de la inflación acumulada en los últimos dos años y medio, muchos especialistas optan por abandonar sus investigaciones y pasan al sector privado o se dedican a otra cosa. Antes, la preocupación de la comunidad científica pasaba por el crecimiento del sector. Hoy, el objetivo es mantener lo que queda para evitar el desmantelamiento total.
“La gente se va con toda su experiencia y eso es tremendamente costoso. Estamos perdiendo muchísimos profesionales súper valiosos porque hay un nivel de retraso salarial y de equipamiento tan grande que en algún momento se cansan”, explica el director de Supercómputo.

