La nueva brecha digital: un estudio revela quiénes están quedando afuera de la inteligencia artificial

Una investigación con 4.344 adultos de Corea del Sur encontró que el uso de IA varía según los ingresos y la educación, incluso en un país donde casi todos tienen internet.

Tener acceso a la misma tecnología no garantiza las mismas oportunidades. Crédito: Pexels.
Tener acceso a la misma tecnología no garantiza las mismas oportunidades. Crédito: Pexels.
5 minutos

La inteligencia artificial promete facilitar el trabajo, mejorar el aprendizaje y poner herramientas avanzadas al alcance de cualquier persona. Pero una investigación realizada en Corea del Sur encontró que esa promesa todavía está lejos de cumplirse para todos: entre los adultos de menores ingresos y nivel educativo, apenas el 4,8 por ciento había utilizado inteligencia artificial generativa, frente al 13,3 por ciento registrado en el resto de la población estudiada. La diferencia es de casi tres veces y aparece en uno de los países más conectados del mundo, donde el acceso a Internet y a los teléfonos inteligentes es prácticamente universal.

La Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes analizó el estudio realizado por investigadores de la Universidad de Ajou, Corea del Sur. El trabajo examinó información de una encuesta nacional representativa de 4.344 adultos surcoreanos de entre 19 y 69 años que utilizaban Internet diariamente.

Los autores buscaron establecer qué factores influyen en la incorporación de herramientas como ChatGPT y por qué algunas personas comienzan a utilizarlas mientras otras permanecen al margen. Los resultados sugieren que la desigualdad digital está adquiriendo una nueva dimensión. El acceso a dispositivos y conectividad continúa siendo importante, pero también intervienen los conocimientos necesarios para utilizar estas tecnologías.

Corea del Sur ofrece condiciones particulares para analizar este fenómeno. Según los datos citados en la investigación, en 2023 el 99,9 por ciento de los hogares tenía acceso a Internet y más del 99 por ciento de los adultos contaba con un teléfono inteligente. En ese contexto, las diferencias en el uso de inteligencia artificial difícilmente pueden atribuirse solo a la falta de conexión.

Para investigar qué ocurría, los autores clasificaron los obstáculos para adoptar estas herramientas en tres grupos: las dificultades relacionadas con los conocimientos y habilidades, las limitaciones económicas y las percepciones negativas, como la desconfianza o la falta de interés.

Las diferencias más marcadas entre los sectores socioeconómicos aparecieron en el desconocimiento sobre la IA y en la percepción de que resulta difícil utilizarla. El costo también surgió como una barrera, aunque con diferencias menores entre los grupos. En cambio, el temor o las opiniones negativas sobre la tecnología no mostraron un patrón consistente asociado con los ingresos y la educación.

Estos resultados cuestionan la idea de que una herramienta es necesariamente accesible porque funciona mediante una conversación. Pedirle a un chatbot que redacte un currículum, explique un tema escolar o resuma un documento puede parecer sencillo. Sin embargo, para obtener un resultado útil hace falta comprender qué información proporcionarle, evaluar la respuesta y reconocer posibles errores. Una persona que conoce esas posibilidades puede incorporar la herramienta a sus actividades. Otra, con el mismo teléfono y la misma conexión, puede desconocerlas.

Las habilidades digitales ayudan, pero no alcanzan

Otro resultado de la investigación fue que las personas con mayores habilidades digitales tenían más probabilidades de utilizar inteligencia artificial generativa. Sin embargo, esas capacidades no eliminaban las diferencias vinculadas con los ingresos y el nivel educativo. Los investigadores encontraron que las desventajas socioeconómicas y las dificultades para desenvolverse en entornos digitales actuaban como obstáculos independientes. Esto significa que enseñar a utilizar inteligencia artificial puede favorecer su adopción, pero no necesariamente compensa las desigualdades de origen.

El estudio también plantea que las diferencias iniciales podrían ampliarse con el tiempo. Quienes comienzan a utilizar estas herramientas adquieren experiencia, descubren nuevas aplicaciones y aprenden a trabajar con sus respuestas. Esa práctica puede facilitar el uso de sistemas más avanzados en el futuro. Por el contrario, quienes encuentran dificultades para incorporarlas tienen menos oportunidades de desarrollar esas capacidades.

Los autores advierten que este proceso podría reproducir desigualdades existentes, especialmente porque la inteligencia artificial interviene cada vez más en actividades vinculadas con la producción de contenidos, la resolución de problemas y la toma de decisiones.

La investigación tiene limitaciones importantes. Fue realizada en Corea del Sur y sus porcentajes no pueden trasladarse directamente a la Argentina ni a otros países. Además, estudió una etapa temprana de adopción de inteligencia artificial generativa. Las cifras describen el uso registrado en los datos analizados y no deben interpretarse como los niveles actuales de utilización de estas herramientas. El trabajo tampoco demuestra que contar con menores ingresos o estudios provoque directamente una menor adopción. Identifica una asociación entre esas condiciones y el uso de IA, incluso después de considerar características demográficas.

Aun así, los hallazgos aportan elementos a una discusión que también involucra a la Argentina: cómo evitar que la incorporación de inteligencia artificial en las escuelas, las universidades y el mundo laboral profundice desigualdades educativas y económicas. En ese escenario, los investigadores consideran necesario combinar políticas que atiendan las condiciones sociales de los usuarios con programas destinados a desarrollar habilidades digitales.

La formación debería incluir conocimientos sobre el funcionamiento de la IA, sus aplicaciones y sus límites. También capacidades para verificar respuestas, identificar información incorrecta y decidir cuándo resulta apropiado utilizar estas herramientas. Durante años, la inclusión digital estuvo asociada principalmente con la posibilidad de acceder a una computadora o conectarse a Internet. La expansión de la inteligencia artificial obliga a incorporar nuevas preguntas sobre los usos que las personas pueden hacer de esas tecnologías.

El desafío es que una herramienta capaz de ampliar las oportunidades de aprendizaje y trabajo no termine beneficiando principalmente a quienes ya cuentan con mayores recursos educativos y económicos. En esa línea, el estudio muestra que esa posibilidad merece atención incluso en sociedades donde casi todos tienen acceso a Internet. Y plantea un interrogante para las políticas públicas: cómo garantizar que la expansión de la inteligencia artificial también alcance a quienes hoy encuentran más dificultades para aprovecharla.


¿Te gustó esta noticia? ¡Compartila!
Scroll al inicio