
En el Colegio Modelo, de Lomas de Zamora, una investigación judicial identificó a 45 alumnas afectadas por la creación de imágenes sexuales falsas mediante inteligencia artificial. Cómo resultado, dos adolescentes de 15 años quedaron bajo el radar de la justicia. El caso, conocido en octubre, volvió a poner en discusión una práctica que ya había generado denuncias en otros colegios argentinos: utilizar fotografías reales de compañeras para fabricar escenas íntimas que nunca ocurrieron.
El problema está lejos de ser exclusivamente argentino. La Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes analizó un nuevo informe de la Internet Watch Foundation (IWF), organización británica especializada en detectar y retirar material de abuso sexual infantil de internet, que muestra que la producción de este tipo de contenidos está creciendo a gran velocidad.
Entre enero y junio de 2026, los especialistas identificaron 6.310 imágenes generadas mediante inteligencia artificial que cumplían con la definición legal británica de material de abuso sexual infantil. La cifra representa un aumento del 40 por ciento respecto de las 4.512 imágenes detectadas durante todo 2025.
El trabajo advierte que el fenómeno afecta principalmente a niñas: de las 6.221 imágenes en las que pudo establecerse edad y género, el 98 por ciento representaba a figuras femeninas. La organización aclaró que esos números corresponden al contenido que logró detectar y analizar. No representan la totalidad del material que circula en Internet ni permiten calcular cuántos casos existen en Argentina. El informe también muestra cambios en las características del material encontrado. La IWF clasifica las imágenes de acuerdo con tres categorías establecidas por la legislación británica, según la gravedad del contenido.
Durante los primeros seis meses de 2026, sus especialistas identificaron 5.557 imágenes de categoría C, que pueden incluir desnudez o poses sexualizadas de menores. Representaron el 88 por ciento del total, frente al 62 por ciento registrado durante todo 2025, cuando se habían detectado 2.842 imágenes de ese tipo. También encontraron 403 imágenes de categoría B, vinculadas con actividad sexual no penetrativa, y 350 de categoría A, considerada la más grave porque comprende representaciones de violencia sexual extrema.
La clasificación corresponde exclusivamente al sistema jurídico británico y no puede trasladarse automáticamente al Código Penal argentino. Otro dato del informe llama la atención: las imágenes que representaban a chicos de entre 7 y 13 años concentraron el 79 por ciento de los casos. También se identificaron 190 imágenes que representaban a bebés y menores de dos años.
En ese sentido, reclama que la Unión Europea avance con una regulación integral que permita a las plataformas detectar, prevenir y retirar estos contenidos. También advierte sobre las consecuencias de demorar medidas mientras las herramientas para producir imágenes y videos falsos se vuelven más accesibles.
El problema ya llegó a las escuelas argentinas
En Argentina, las denuncias por imágenes sexuales falsas de alumnas dejaron de ser casos aislados. En julio pasado, estudiantes del Colegio Nacional de Buenos Aires y de la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini, ambos dependientes de la Universidad de Buenos Aires, quedaron involucrados en denuncias por la creación, circulación y presunta venta de fotografías de compañeras modificadas mediante inteligencia artificial. Las autoridades educativas activaron protocolos institucionales y el caso llegó a la Justicia.
Meses después, el episodio del Colegio Modelo Lomas volvió a exponer el problema. También se denunciaron situaciones similares en otros establecimientos del país. En estos casos, las imágenes originales podían provenir de redes sociales o fotografías cotidianas. Los programas de inteligencia artificial eran utilizados para alterar la apariencia de las estudiantes y fabricar escenas de desnudez.
No hacía falta que las chicas hubieran enviado una fotografía íntima. Bastaba con disponer de una imagen de sus rostros. La circulación posterior del material agravaba la situación: las imágenes podían terminar en grupos de mensajería, compartirse entre compañeros o utilizarse para hostigar a las víctimas. Es decir, que la fotografía fuera falsa no eliminaba el daño.
La aparición de estas herramientas también abrió un debate jurídico. El artículo 128 del Código Penal argentino sanciona diferentes conductas relacionadas con la producción, distribución, comercialización y tenencia de representaciones sexuales de menores de 18 años. Sin embargo, su redacción no menciona expresamente la inteligencia artificial, lo que plantea discusiones sobre el encuadre de determinados contenidos completamente sintéticos o manipulados.
Por otra parte, la Ley Olimpia, sancionada en 2023, incorporó la violencia digital contra las mujeres a la Ley 26.485. Entre las conductas contempladas aparecen la difusión no consentida de material íntimo real o editado, el acoso, las amenazas y la extorsión digital. Esta ley incorporó mecanismos de protección y medidas judiciales, pero no creó por sí misma una figura penal específica para todos los casos de imágenes sexuales falsas.
En junio pasado ingresó a la Cámara de Diputados un proyecto para modificar el artículo 128 y abordar expresamente el uso de inteligencia artificial en la difusión de imágenes sexuales. La discusión legal gira alrededor de una pregunta: ¿cómo debe responder la Justicia cuando se utiliza la identidad de una menor para fabricar contenido sexual, aunque la escena representada nunca haya sucedido? La respuesta depende de las características del material, las conductas investigadas y las normas aplicables a cada caso.
Qué pueden hacer las familias y las escuelas
La IWF también advirtió que los delincuentes pueden utilizar fotografías de chicos publicadas en sitios institucionales o redes sociales. La organización documentó un caso en Reino Unido en el que se utilizaron fotografías de alumnos obtenidas de la página web de una escuela para fabricar más de cien imágenes sexuales falsas. Después, los responsables intentaron extorsionar a la institución con la amenaza de publicarlas.
Ante este escenario, la recomendación no consiste en prohibir todas las fotografías infantiles, sino en revisar qué se publica, quién puede acceder al contenido y qué autorizaciones existen para compartirlo. La prevención también alcanza a colegios, clubes y otras instituciones que mantienen bancos de imágenes de estudiantes.
En Argentina, el Ministerio de Justicia y UNICEF presentaron en septiembre la guía Cuando las pantallas hablan, destinada a prevenir la violencia digital contra chicos y adolescentes, incluyendo la difusión de imágenes sin consentimiento. Cuando aparece una situación de este tipo, es importante evitar nuevas reproducciones del material, conservar los datos relevantes para la investigación y solicitar orientación especializada. Las familias pueden acudir a una fiscalía o comunicarse con la Unidad Fiscal Especializada en Ciberdelincuencia (UFECI). La Línea 102 ofrece orientación gratuita sobre vulneraciones de derechos de niños y adolescentes.
El crecimiento de estas imágenes plantea un problema que excede la discusión sobre los avances de la inteligencia artificial. Hasta hace pocos años, buena parte de las recomendaciones de seguridad digital se concentraba en evitar que circularan fotografías íntimas reales. Ahora también es necesario contemplar el uso de imágenes comunes para producir contenido sexual falso.
Con todo, cuando la víctima es una niña o una adolescente, el problema no es la foto que estaba en Internet: es que alguien decidió convertir su identidad en una herramienta de abuso.

