
La pandemia aceleró el proceso, pero la transformación venía en marcha. En el Carnaval de Barranquilla, una de las celebraciones folclóricas y culturales más importantes de Colombia y de América Latina, por ejemplo, la transmisión en vivo y la circulación estratégica en redes sociales consolidaron una audiencia internacional que hoy sigue conectada aunque la fiesta vuelva a la calle. El carnaval dejó de depender del que consigue lugar en primera fila. Ahora también existe para quien lo mira desde otro continente.
El BID fue más lejos todavía. En otro análisis sobre festivales virtuales plantea que las celebraciones pueden expandirse a entornos inmersivos, con realidad virtual y experiencias interactivas que permiten recorrer escenarios digitales y revivir momentos clave fuera del calendario oficial. Es decir, industria cultural adaptándose a la lógica de plataforma. El eje está en lo híbrido: presencial y digital al mismo tiempo; local y global en simultáneo. El espectador ya no es solo el que está en la avenida: también es el que comenta, comparte y viraliza desde otra ciudad o desde otro país.
Cuando el algoritmo entra en la comparsa
La inteligencia artificial empieza a meterse por la puerta lateral. En congresos internacionales de diseño computacional, como el de la Asociación para el Diseño Asistido por Ordenador en Arquitectura (ACADIA), investigadores trabajaron con modelos de machine learning para recrear digitalmente elementos del carnaval de Trinidad y Tobago. Más que reemplazar la tradición, la IA funciona como archivo dinámico y laboratorio creativo: modela, preserva y proyecta símbolos culturales en formato tridimensional.
Y después está la batalla silenciosa por la atención: las plataformas no muestran todo, sino lo que el algoritmo decide priorizar. Un fragmento de comparsa puede alcanzar millones de visualizaciones mientras otro queda perdido en el scroll infinito. La viralización ya no es azarosa: es matemática.
Los drones aportan una estética que ya se volvió norma. Estudios sobre su uso en eventos masivos muestran cómo redefinen la narrativa visual al ofrecer planos aéreos estables y espectaculares que antes eran patrimonio exclusivo de grandes producciones televisivas. Hoy esa perspectiva es parte del lenguaje del carnaval contemporáneo. Si no hay toma cenital, parece que falta épica.
¿Se desvirtúa la fiesta cuando se piensa para la cámara? La pregunta es válida. Algunos investigadores advierten que la lógica de métricas —likes, visualizaciones, retención— puede influir en decisiones artísticas. Otros sostienen que la digitalización democratiza el acceso y preserva el patrimonio cultural. Las dos cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo.

