¿Cuál es el aporte del Observatorio de Salud Mental de la UNQ?

El espacio, creado en octubre, apunta a investigar políticas públicas, prácticas de cuidado y las causas detrás del aumento de casos de padecimientos mentales.

Cerca de 1.200 millones de personas —un 14 por ciento del planeta— sufren problemas de salud mental. Créditos: Psicoestilos.
Cerca de 1.200 millones de personas —un 14 por ciento del planeta— sufren problemas de salud mental. Créditos: Psicoestilos.
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La salud mental todavía carga con estigmas o prejuicios, pero cada vez son más las personas que se animan a hablar de sus padecimientos, contar las terapias y tratamientos que las ayudaron a salir adelante o compartir las dificultades que atraviesan día a día. Los casos de ansiedad y depresión aumentaron de manera drástica hasta convertirse, según un estudio reciente, en la primera causa de discapacidad en el mundo. La comunidad universitaria no es ajena a esta realidad. Por eso, la Universidad Nacional de Quilmes creó el Observatorio de Salud Mental: políticas públicas, prácticas y cuidados. El espacio busca reflexionar e investigar sobre las políticas vinculadas al cuidado de la salud mental, las causas detrás del aumento de pacientes y las respuestas que brinda –o no– el sistema sanitario.

En diálogo con la Agencia de Noticias Científicas de la UNQ, Victoria Vidal, directora del Observatorio, detalla: “Es un espacio de encuentro entre docentes, investigadores, tesistas y estudiantes donde buscamos hacer una revisión crítica de las políticas y prácticas actuales en torno a la salud mental. Uno de los temas, por ejemplo, es la Ley Nacional de Salud Mental, que es una normativa de punta en cuanto a la perspectiva de derechos, está en vigencia hace más de 15 años, pero no llegó a instalarse del todo y ahora buscan reformarla”.

Entre los cambios que busca hacer el gobierno nacional a la Ley, está la eliminación del presupuesto destinado a la salud mental, la firma obligatoria de un psiquiatra para la internación involuntaria de un paciente –hasta ahora, esta decisión la podía tomar un psiquiatra o un psicólogo–, y la reinstalación de hospitales mono­va­len­tes o neu­rop­si­quiá­tri­cos. Esto último es: la normativa vigente busca que deje de haber espa­cios de aten­ción espe­cí­fica para las per­so­nas que sufren tras­tor­nos de salud men­tal y, en cam­bio, pro­mueve que sean aten­di­dos en hos­pi­ta­les generales, algo que favorece la desestigmatización para quienes sufren estos padecimientos. Según plantean especialistas, la vuelta a los neuropsiquiátricos podría hacer retornar la lógica del encierro de los pacientes.

“Como grupo nos proponemos reflexionar y analizar cuál es la función social y política de los procesos de cuidado, promoción, atención y prevención de la salud mental. Es decir, nos interesa pensar: ¿Cómo se cuida o debería cuidarse? ¿Cómo prevenimos problemas? ¿Cómo la promocionamos?”, relata Vidal. A su vez, el equipo incentiva a correrse del término “trastorno” para hablar de “sufrimiento subjetivo”. La idea es evitar el estigma que contraen ciertas palabras para los pacientes.

Los temas que tratan en el Observatorio son diversos. Desde las representaciones de la salud mental en los medios masivos de comunicación, hasta  la investigación, promoción y capacitación específica en relación a la ludopatía. También, se indaga sobre la concepción de prácticas en salud mental del personal asistencial de salud y las políticas de cuidado. A su vez, el equipo está conformado por profesionales que provienen de distintas áreas, como psicología, terapia ocupacional, sociología, enfermería o filosofía. 

Vidal plantea: “Quienes trabajamos en universidades públicas tenemos un compromiso que va más allá de producir conocimiento o dar clases, y que tiene que ver con conseguir y respaldar derechos. Este observatorio combina la investigación rigurosa con la transferencia de saberes que puedan producir cambios en el entorno social de nuestra comunidad”.

Así, las casas de estudio están insertas en un mundo que, en la actualidad, vive con presiones de todo tipo, como el sobreestímulo, la precarización económica o los discursos de odio que circulan en redes sociales. “Tratamos de poner nuestra mirada teórica y empírica y no pensar en el sufrimiento subjetivo como algo aislado o individual. Sino que tratamos de contextualizarlo: ¿qué pasa con la realidad? ¿Por qué aumentan los sufrimientos? ¿Por qué hay más padecimientos en relación con la salud mental?”, desglosa Vidal.

Y continúa: “En el ámbito educativo vemos que esto aparece permanentemente. Hay tensiones y malestares todo el tiempo en torno a la posibilidad del cuidado en la salud mental. Es importante trabajar contra la lógica del estigma de poner una etiqueta, de que alguien tiene un sufrimiento y piense que es algo individual. Tratamos de planificar acciones para capacitarnos a nosotros y al resto sobre la inclusión educativa, y no la exclusión”.

De esta manera, la UNQ abre un espacio para investigar y reflexionar sobre una problemática que crece a nivel global y que ya afecta a cerca del 14 por ciento de la población mundial. En un contexto atravesado por la incertidumbre económica, el bombardeo de estímulos y las malas noticias, el Observatorio busca aportar herramientas para pensar la salud mental más allá de lo individual y como una cuestión social y colectiva.


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