La medicina del futuro ya llegó y será híbrida

Así lo explica el Nuevo consenso de salud digital, documento elaborado por la Sociedad Argentina de Cardiología. Ventajas y riesgos del consultorio a distancia.

La salud digital apareció durante la pandemia y llegó para quedarse (imagen: pro.campus.sanofi)
La salud digital apareció durante la pandemia y llegó para quedarse (imagen: pro.campus.sanofi)

El diagnóstico y tratamiento médico ya no ocurren detrás de las puertas de un consultorio, una sala de guardia o el ala de un hospital. Gracias a los avances en la circulación de la información, también pueden ocurrir a través de la pantalla de una computadora o un teléfono inteligente. Aunque pueda sonar poco confiable un diagnóstico obtenido sin un profesional de la salud presente, la idea es definir cuáles son las limitaciones y en qué casos se puede optar por esta modalidad. Es por esto que la Sociedad Argentina de Cardiología publicó el Nuevo Consenso de Salud Digital, un documento al que la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes tuvo acceso y que intenta explicar cuáles son los alcances de la salud digital y qué prácticas se incluyen en ella.

Una cobertura de salud ideal debería garantizar la calidad, la accesibilidad y la disponibilidad de los servicios sanitarios. No es un secreto que aún existen deficiencias para garantizar este acceso a todas las personas, especialmente para quienes enfrentan dificultades financieras. Para intentar subsanar esas diferencias cobra relevancia la salud digital: el uso de tecnologías de la información y la comunicación aplicadas al ámbito sanitario.

En el documento publicado por la Sociedad Argentina de Cardiología se incluyen, dentro de la salud digital, desde teleconsultas y monitoreo remoto hasta inteligencia artificial aplicada al diagnóstico cardiovascular. Según los especialistas, no se trata de reemplazar la medicina tradicional, sino de complementarla.

Uno de los ejes centrales de la discusión es la telemedicina. Aunque fue la pandemia la que forzó su aplicación, el documento remarca que llegó para quedarse. La teleconsulta permite que un paciente se comunique con su médico sin necesidad de trasladarse, algo muy importante para personas mayores, habitantes de zonas rurales o pacientes con movilidad reducida. De aquí se desprende la teleinterconsulta, una modalidad en la que médicos generalistas pueden consultar a especialistas a distancia para discutir casos complejos. Esto acorta los tiempos de diagnóstico y mejora la atención en regiones alejadas de los grandes centros urbanos.

Otro punto clave es el seguimiento remoto de parámetros clínicos: el telemonitoreo. La presión arterial y la frecuencia cardíaca son datos que pueden obtenerse con facilidad en el hogar para que el profesional de la salud los analice en tiempo real.

La inteligencia artificial y sus alucinaciones

Quizás lo más innovador, y lo que a la vez genera más dudas, es el uso de la inteligencia artificial. En el documento se explica que las herramientas disponibles son capaces de analizar imágenes médicas, organizar historias clínicas, resumir información compleja e incluso asistir en la comunicación con pacientes. Sin embargo, los autores advierten que, en las decisiones más críticas, debe haber supervisión de un profesional de la salud y no solo de un algoritmo.

Respecto de los riesgos, la Sociedad Argentina de Cardiología apunta a las “alucinaciones”, término con el que se conocen los errores generados por los modelos de lenguaje que, a simple vista, parecen respuestas correctas. El documento también señala el problema de los sesgos: cuando un sistema es entrenado con datos poco representativos, puede presentar fallas en los diagnósticos de mujeres, minorías étnicas o poblaciones vulnerables. La recomendación es clara: cualquier implementación institucional de inteligencia artificial debe atravesar validaciones rigurosas, auditorías y control ético. Además, nunca deben cargarse datos sensibles de pacientes en plataformas no seguras.

La historia clínica electrónica ocupa otro espacio importante en el documento. Los especialistas la consideran una herramienta estratégica para integrar información, reducir errores y facilitar la continuidad asistencial. Cuando los datos están organizados y disponibles, las decisiones clínicas son más rápidas y precisas.

Más allá de cada tecnología en particular, el documento remarca que la innovación no sirve si profundiza las desigualdades. El desafío es que la salud digital mejore el acceso, la calidad y la eficiencia sin excluir a quienes tienen mala conectividad, menor alfabetización digital o pocos recursos económicos. En ese sentido, la cardiología aparece como una especialidad ideal para liderar este cambio: muchas enfermedades cardiovasculares requieren seguimiento prolongado, controles frecuentes y análisis de grandes volúmenes de datos, y es allí donde las herramientas digitales tienen más valor.

La tecnología no es una solución mágica. Es una herramienta potente que necesita regulación, capacitación profesional y criterios claros de uso. En otras palabras: no alcanza con innovar; también hay que saber cómo hacerlo. La medicina del futuro ya comenzó y será híbrida: presencial cuando sea necesario, remota cuando sea útil. Siempre, eso sí, centrada en el paciente.


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