
La demencia engloba varias enfermedades que afectan a la memoria, el pensamiento y la capacidad para realizar actividades cotidianas, y es una de las principales causas de muerte en adultos mayores. Según los últimos datos de la Organización Mundial de Salud, para 2021, 57 millones de personas padecían demencia y se proyecta que esta cifra se triplique para 2050. De esa totalidad, entre el 60 y el 80 por ciento de los casos correspondían a Alzheimer, la forma más común de la enfermedad.
Con estos datos en mente, los investigadores canadienses evaluaron cómo impacta la actividad física, la duración del sueño y el tiempo sedentario en el desarrollo de la enfermedad. En el caso del primero, analizaron 49 estudios que incluían a más de dos millones de participantes, de los cuales el tres por ciento fueron diagnosticados con demencia durante el seguimiento. Notaron que en quienes realizan actividad física regular, es decir al menos 150 minutos a la semana, el riesgo de desarrollar demencia se reduce en aproximadamente un 25 por ciento en comparación con quienes llevan una vida inactiva.
En cuanto al sueño, revisaron 17 estudios que incluían a más de un millón de personas. Allí determinaron que dormir menos de siete horas se vincula con un aumento del 18 por ciento en el riesgo de demencia, mientras que un sueño de más de ocho horas lo incrementa en un 28 por ciento. Es decir, lo mejor es dormir entre siete y ocho horas, ni más ni menos.
Por otra parte, solo tres estudios abarcaban el factor del sedentarismo, donde participaron casi 300 mil personas. Allí observaron que quienes permanecieron sentados por más de ocho horas al día tuvieron un riesgo un 27 por ciento mayor de desarrollar demencia. En el paper publicado en la revista PLOS One, los investigadores insisten en la diferencia entre el sedentarismo y la inactividad física ya que el primero se define por pasar bastante tiempo sentado o tumbado, mientras que el segundo refiere a no cumplir con las recomendaciones mínimas de ejercicio semanal (150 minutos).

