Científica de la UNQ revela cómo el entorno influye en el envejecimiento cerebral

El trabajo, del que participaron especialistas de diversas instituciones, fue publicado en la revista Nature. Según plantea, aspectos como la contaminación o la falta de espacios verdes aceleran el deterioro neurológico.

La investigadora Cecilia Jarne del Departamento de Ciencia y Tecnología de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ). Créditos: Twitter.
La investigadora Cecilia Jarne del Departamento de Ciencia y Tecnología de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ). Créditos: Twitter.

Cecilia Jarne, investigadora del departamento de Ciencia y Tecnología de la Universidad Nacional de Quilmes, participó de un estudio publicado en la prestigiosa revista Nature Medicine que indica que el entorno y la desigualdad que vive una persona condicionan la velocidad con la que envejece su cerebro. La investigación analizó datos de más de 18.700 individuos de 34 países y reveló que el exposoma, es decir, el conjunto de factores físicos, sociales y políticos a los que se expone un individuo a lo largo de la vida, explica hasta 15.5 veces más el envejecimiento cerebral que cualquier factor individual considerado de manera aislada. Así lo detalla Jarne a la Agencia: “Si estudiáramos por separado la contaminación del aire, la desigualdad económica o la falta de espacios verdes, explicaríamos muy poca variación en el envejecimiento cerebral. Pero, cuando consideramos todos estos factores juntos, su capacidad para explicar por qué un cerebro envejece más rápido se multiplica por 15. En términos prácticos: el ‘cóctel’ de exposiciones adversas es mucho más dañino que la suma de sus partes”.

El estudio, además, diferencia los efectos según su exposición. Por un lado, el exposoma físico (como la contaminación, las temperaturas extremas, la mala calidad del agua o la falta de espacios verdes) se asocia principalmente con un envejecimiento estructural del cerebro. Esto afecta a regiones como el sistema límbico –clave en emociones y memoria–, las áreas subcorticales y el cerebelo. En cambio, el exposoma social (como la desigualdad económica, la baja representación política o la falta de acceso a justicia) impacta predominantemente en el envejecimiento funcional del cerebro, alterando las redes de conectividad frontotemporal y límbica.

Jarne manifiesta: “Esto sugiere que el estrés crónico generado por la adversidad social y la falta de derechos modifica la forma en que las distintas regiones cerebrales se comunican entre sí. Por último, factores como la corrupción o el bajo capital humano aparecen como predictores específicos en personas con trastornos neurodegenerativos, mostrando que el contexto político también importa en la progresión de la enfermedad”.

El equipo de investigación observó que quienes viven en contextos con menor igualdad económica, menor acceso a bienestar básico o mayor brecha de género presentan una diferencia mayor entre la edad biológica de su cerebro y su edad cronológica. Sus cerebros se ven más viejos de lo que deberían para su edad. Particularmente en América Latina, donde las desigualdades estructurales son muy marcadas, este hallazgo es importante: la desigualdad no solo afecta el acceso a la salud o la educación, sino que acelera el envejecimiento del cerebro.

Las participantes femeninas mostraron una correlación significativamente mayor entre indicadores de desigualdad de género, como falta de derechos o equidad, y un envejecimiento cerebral acelerado. Esto sugiere que las brechas estructurales afectan de manera diferencial y más severa a las mujeres, sumando una capa de vulnerabilidad a la ya existente vulnerabilidad social”, cuenta la investigadora. Y sostiene: “En definitiva, la desigualdad no es solo un problema ético o económico: es un factor que acelera el deterioro neurológico“.

De esta manera, el estudio plantea dejar de pensar a las enfermedades neurodegenerativas solo como una cuestión de azar y de la vida misma, para pensarlas como una consecuencia de la calidad de vida de las personas. En ese sentido, la investigadora afirma que se deben llevar adelante políticas públicas orientadas a garantizar espacios verdes y la calidad del aire, reducir la desigualdad económica y fortalecer las instituciones democráticas.

Los factores del exposoma aumentaban entre 3 y 9 veces el riesgo de tener un cerebro envejecido, mientras que tener Alzheimer o demencia solo lo aumentaba entre 2 y 3 veces. Entonces, la pregunta ya no es solo ‘cómo tratar el Alzheimer'”‘, sino ‘cómo construimos ciudades, economías y democracias que no nos envejezcan el cerebro prematuramente”.


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