Ébola, el virus que enciende una vez más las alarmas de África y el mundo

La OMS declaró la emergencia sanitaria internacional tras un nuevo brote en la región. Tipos, características e historia del virus. La opinión de dos especialistas.

Créditos: Altavoz.pe.
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Tras el actual brote de ébola en África Central, con epicentro en la República Democrática del Congo, la OMS declaró la emergencia sanitaria internacional. Hasta la fecha, hay 350 sospechosos y 91 muertes que se presumen que fueron por esta causa. También, se confirmaron contagios en la capital, Kinshasa, y en Uganda. Esta nueva oleada está siendo impulsada por la cepa Bundibugyo, para la cual todavía no existe una vacuna. Si bien el escenario sanitario aún no cumple con los criterios para ser considerada una “emergencia pandémica”, la OMS advierte que el número real de casos podría ser mayor y que existe riesgo de propagación hacia países vecinos debido a la alta movilidad de la población, las condiciones de vulnerabilidad y los vínculos comerciales de la región.

La enfermedad por el virus del ébola, o simplemente ébola, es una afección grave que afecta a los seres humanos y puede ser mortal. La tasa media de letalidad ronda el 50 por ciento, y en brotes anteriores, esta tasa ha oscilado entre el 25 y el 90 por ciento. Los patógenos causantes son seis virus del género Orthoebolavirus, y tres de ellos son conocidos por producir grandes brotes: Zaire, Sudán y Bundibugyo –responsable del brote actual–. Para el primero, hay dos tipos de vacunas aprobadas, mientras que para los otros dos no. 

El virus puede contraerse por contacto con la sangre o los fluidos corporales de animales infectados, generalmente murciélagos de la fruta. Una vez que un humano es infectado, se puede transmitir de persona a persona a través de fluidos corporales, como vómito, sangre y semen, así como por contacto con superficies y materiales contaminados, como ropa de cama y de vestir. Las personas pueden contagiar solo cuando presentan síntomas, como fiebre, vómitos, diarrea, dolor muscular, hasta hemorragias internas y externas.

El primer caso identificado del brote actual en África fue el de un enfermero que acudió el 24 de abril a un centro de salud de Bunia, la capital de la provincia de Ituri. No obstante, el foco se encuentra a unos 90 km de allí, en la zona de Mongbwalu, por lo que se investiga si la epidemia se habría iniciado en esa localidad y luego los casos migraron. La OMS advirtió que el brote probablemente es mayor de lo que se ha detectado hasta ahora, “señalando conglomerados de muertes inexplicables, una alta tasa de positividad entre las muestras analizadas y un conocimiento limitado sobre los patrones de transmisión”.

Una amenaza que no desaparece

Este es el tercer brote detectado que involucra la cepa Bundibugyo, después de otros anteriores en Uganda entre 2007 y 2008 y en la República Democrática del Congo en 2012. Además, es el decimoséptimo brote de ébola que se genera en la República Democrática del Congo desde que se descubrió el primer caso en 1976. En aquel momento, Mabalo Lokela, un profesor de escuela de 44 años, volvió de un viaje por el norte del Zaire (actualmente, República Democrática del Congo) con síntomas febriles. Fue diagnosticado con malaria, pero su cuadro empeoró al desarrollar vómitos, diarrea sangrienta, dolor de cabeza, mareos y dificultades respiratorias. Finalmente, el 8 de septiembre de 1976, apenas 14 días después de manifestarse los primeros síntomas, el profesor falleció.

A su vez, en 2014, surgió el mayor brote de la historia del ébola hasta entonces, afectando inicialmente a Guinea-Conakry y expandiéndose posteriormente a Sierra Leona, Liberia y Nigeria. Es decir, cada cierto tiempo, el virus vuelve a aparecer. En diálogo con la Agencia de Noticias Científicas, Alejandro Castello, profesor de Virología Aplicada de la UNQ, cuenta: “Los brotes de ébola se inician en el Oeste y Centro de África porque allí se hallan los ecosistemas donde habitan las especies de murciélagos frugívoros, uno de los reservorios de estos virus. La infección de humanos ocurre en forma accidental y se considera una vía de ‘callejón sin salida’ para el virus ya que no puede mantenerse”.

Según detalla el investigador, todos los virus tienen una relación estable con una especie hospedadora y pasan de individuo a individuo. “El hospedador lo tolera y el virus se mantiene vivo por las transmisiones. En el caso del ébola, la relación estable es con los murciélagos frugívoros. Cuando pasa a los humanos, esos progenies virales se extinguen ya que matan o inhabilitan al hospedador primate y no pueden sobrevivir”, explica.

Por su parte, Sandra Goñi, directora del Laboratorio de Virus Emergentes, aporta a la Agencia: “Hay brotes esporádicos porque el virus nunca desaparece. Si bien hay evidencia de que es el murciélago frugívoro el portador principal, seguramente haya otros reservorios secundarios“. De hecho, se cree que los primates, como gorilas y chimpancés, también podrían transmitir el ébola.

Goñi, que se desempeña como secretaria de Investigaciones en la UNQ, plantea que hay ciertos factores que favorecen el avance de las enfermedades zoonóticas (infección transmitida de animales a humanos). “Cuando hay un cambio en la cantidad de población del hospedador que tiene el virus, hay más posibilidades de que se genere la oportunidad del salto de especie. Entonces, una de las razones del brote puede ser que haya más murciélagos porque estamos en una época donde hay más disponibilidad de alimentos para ellos. Por ende, puede haber un acercamiento de la comunidad a excrementos de los animales, una de las vías de contacto”. A su vez, agrega, la deforestación por actividades agrícolas hace que las especies se desplacen de sus hábitats naturales, lo que podría habilitar que vayan a bosques o lugares cercanos a las comunidades y allí se de el contagio.

Si bien la OMS no recomendó aún restricciones a los viajes internacionales ni al comercio, sí instó a los países a reforzar la vigilancia, la preparación y la participación comunitaria, además de garantizar información pública precisa. En ese sentido, Goñi agrega: “Como sociedad, estamos mejor preparados ante los brotes de ébola que hace diez o veinte años atrás. Hay que tener en cuenta que en este tipo de enfermedades, los cuadros sintomáticos son muy parecidos al principio. Por eso, hay que dejar que se desarrolle para así identificar de qué afección se trata. En este caso, ya sabemos qué cepa es. Hay un trabajo muy coordinado entre servicios de salud pública, centros de atención primaria y servicios de diagnóstico. Si se toman medidas de control eficientes, como el aislamiento de los contagiados, no debería ser algo que se propague demasiado“.


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