
El hígado graso no alcohólico, también conocido como enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica, es una de las variantes del hígado graso. En el estudio, que fue llevado adelante por investigadores de todo el mundo, entre ellos Argentina, se evaluó la carga mundial de la afección entre 1990 y 2023. De hecho, para 2023, se estimó que 1,3 mil millones de personas la sufrían, siendo África y Oriente Medio las áreas con más prevalencia de la enfermedad. Entre las causas, se destaca el tabaquismo y los altos índices de glucosa en sangre.
A su vez, el estudio proyecta que para 2050 las tasas de la enfermedad seguirán en aumento hasta alcanzar a 1.800 millones de personas en todo el mundo. Las causas están asociadas al crecimiento demográfico y el envejecimiento de la población. En diálogo con la Agencia de Noticias Científicas de la UNQ, José Luis Oggero, gastroenterólogo del Centro de Salud Bockus de Villa María, Córdoba, cuenta: “Ese aumento tiene que ver con el estilo de vida que se lleva actualmente. La vorágine del día a día nos conduce a ser más sedentarios, mal alimentarnos con ultraprocesados y estar estresados. De hecho, los tratamientos más eficaces para tratar este problema se basan en el cambio de estilo de vida. Hay que comer más sano y realizar ejercicio”.
Según detalla el especialista cordobés, el problema se agrava en los adultos mayores puesto que generalmente el cuadro viene acompañado de otros problemas, como el sobrepeso y, por ende, la incapacidad para moverse, o el síndrome metabólico que “conlleva hipotiroidismo, hipertensión y dislipemia, lo que vuelve difícil de tratar la enfermedad”, define.
Los autores del paper sostienen que aquellos países con menor acceso y calidad de atención médica podrían estar en peor posición para gestionar la creciente carga de hígado graso, “lo que subraya la necesidad de fortalecer la capacidad de los sistemas de salud en estos entornos”.

