
Una persona mira una escena y después recibe una versión que cambia alguno de sus detalles. Cuando intenta recordar lo que vio al comienzo, ¿puede incorporar esa información falsa? Dos investigaciones, analizadas por la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes, estudiaron esa posibilidad por caminos diferentes.
Un equipo de las universidades de Georgetown y Washington trabajó con resúmenes escritos de un video. Otro, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), utilizó fotografías y videos manipulados con inteligencia artificial. Ambos encontraron que la información engañosa presentada después podía influir en las respuestas sobre lo observado originalmente.
¿Cómo influye un resumen equivocado? Esta investigación reunió a 331 adultos. Primero, los participantes observaron un video animado de 25 segundos, creado con el videojuego Grand Theft Auto V. Mostraba un automóvil rojo que doblaba en una esquina y atropellaba a un peatón.
El accidente era una simulación. Los científicos prepararon dos versiones de la escena: en una aparecía una señal de PARE y en la otra, una de CEDA EL PASO. Cada participante vio una sola, elegida al azar. Entre 24 y 48 horas después, recibió un resumen de la grabación elaborado con ChatGPT. Los investigadores seleccionaron y ajustaron los textos para controlar la información sobre la señal.
Algunas personas leyeron una descripción correcta. Otras recibieron un resumen que mencionaba la señal contraria: si habían visto PARE, el texto decía CEDA EL PASO, o viceversa. La información falsa fue introducida deliberadamente por los científicos para medir su efecto sobre el recuerdo. No se trató de un error espontáneo de ChatGPT.
Después, los participantes respondieron preguntas sobre el video original. El 83,6 por ciento de quienes leyeron el resumen correcto identificó bien la señal. Entre quienes recibieron el dato falso, esa proporción cayó al 44,8 por ciento. Los investigadores también evaluaron si conocer el supuesto autor del texto cambiaba el resultado. A algunos les dijeron que provenía de una IA y a otros, de un transcriptor profesional, aunque todos habían sido elaborados con ChatGPT. La información falsa influyó en ambos grupos.
Así, este experimento mostró que una descripción equivocada podía interferir en las respuestas sobre una escena observada previamente, incluso cuando los participantes sabían que el texto provenía de una inteligencia artificial. Dentro del mismo trabajo hubo una evaluación adicional, esta vez sobre los errores de los sistemas. Los científicos pidieron a ChatGPT y Gemini que resumieran los videos y analizaron 20 respuestas. En diecinueve se omitió el atropello. Esta prueba, limitada a dos videos, fue independiente de la que midió el recuerdo de los participantes.
¿Qué ocurre al volver a ver una fotografía manipulada?
El equipo del MIT abordó otra vía de influencia: las imágenes. Su investigación, realizada junto con la psicóloga Elizabeth Loftus, especialista en recuerdos falsos, reunió a 200 voluntarios. Todos observaron primero 24 fotografías originales de situaciones cotidianas, acontecimientos informativos y escenas documentales. Después de una actividad intermedia, fueron divididos en cuatro grupos de 50 personas.
El primero volvió a ver las fotografías originales. El segundo observó versiones alteradas con IA, con cambios en personas, objetos o detalles del entorno. El tercero recibió videos generados a partir de las fotografías auténticas. El cuarto vio videos creados con las imágenes previamente manipuladas. Luego, los investigadores les hicieron preguntas sobre las fotografías que habían visto al comienzo. Buscaban comprobar si los cambios introducidos después se incorporaban a sus respuestas sobre las escenas originales.
El efecto fue mayor en el cuarto grupo: quienes observaron videos basados en fotografías manipuladas registraron 2,05 veces la cantidad de recuerdos falsos del grupo que volvió a ver las imágenes auténticas. Además, su confianza en esas respuestas fue aproximadamente un 19 por ciento mayor. En este experimento, por lo tanto, la incorporación de detalles falsos estuvo acompañada de una mayor seguridad al responder.
¿Dos caminos hacia un mismo problema? El estudio de Georgetown y Washington examinó la influencia de una descripción escrita. El del MIT analizó el efecto de volver a observar una escena modificada. Ambos se relacionan con una característica conocida de la memoria: recordar implica reconstruir una experiencia, y en ese proceso puede incorporarse información recibida después.
Los resultados plantean interrogantes para actividades donde reconstruir los hechos es fundamental, como resumir declaraciones, describir grabaciones o elaborar informes. Sin embargo, los experimentos se realizaron en condiciones controladas. No permiten establecer con qué frecuencia ocurre esto en la vida cotidiana ni demostrar que los cambios sean permanentes.
La coincidencia está en el papel de la información posterior: tanto un texto como una imagen modificada pueden introducir detalles ajenos a lo observado. Con todo, contrastar esos materiales con los registros originales resulta especialmente relevante cuando se utilizan para reconstruir hechos o evaluar testimonios.

