
Los temblores en las manos no son solo un simple malestar, son una señal del cuerpo que, si no se interpreta correctamente, puede convertirse en una bola de nieve. Aunque la mayoría de las veces son inofensivos, interrumpiendo actividades cotidianas como escribir, comer o sostener una taza, en algunos casos pueden ser la punta de un iceberg mucho más complejo. El neurólogo Alejandro Andersson, Director del Instituto de Neurología Buenos Aires, sabe cómo leer esos pequeños movimientos: “Los temblores vinculados al estrés, ansiedad, cansancio o falta de sueño suelen aparecer en situaciones puntuales, especialmente cuando la persona está tensa, apurada, realizando una tarea fina o después de haber dormido mal”, dice en diálogo con la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes.
Pero hay que saber diferenciar entre lo momentáneo y lo que no lo es. Cuando el temblor se vuelve persistente, progresivo, asimétrico, o aparece en reposo, entonces las cosas cambian. “Lo más probable es que el temblor sea parte de un trastorno del movimiento y no simplemente nervios”, dice Andersson. En otras palabras, ese temblor que no deja escribir un mensaje sin que la pantalla se sacuda, o que hace sentir que se escapa la taza entre los dedos, tiene una causa más profunda.
Las razones detrás de los temblores son más variadas de lo que parecen. El estrés, por supuesto, lidera la lista. Andersson lo explica claro: “El temblor por estrés es fundamentalmente un temblor de acción o postural: aparece cuando se mantienen las manos en el aire o se realiza una tarea. Es sensible al estado emocional y suele variar mucho a lo largo del día”. Pero hay más culpables. El exceso de cafeína también entra en la ecuación. “El exceso de cafeína, que estimula el sistema nervioso, puede provocar temblores rápidos y finos. Las personas que toman café o bebidas energéticas en grandes cantidades pueden notar estos temblores al intentar sostener una taza o realizar tareas delicadas”, observa.
El cansancio también hace su parte. La fatiga afecta la función nerviosa y aumenta la intensidad de esos temblores. Y la abstinencia de alcohol puede ser una verdadera bomba de tiempo para el sistema nervioso, generando temblores que alcanzan su pico entre 24 y 48 horas después de la última copa. Pero no todo es culpa de la vida social: el desequilibrio metabólico, como la hipoglucemia o la deficiencia de vitaminas, también puede ser un motor de temblores.
Temblor esencial vs Parkinson
El temblor esencial se presenta mayormente cuando se realizan movimientos o se mantienen posturas, como al extender los brazos o escribir. En palabras de Andersson, “el temblor esencial se presenta principalmente durante el movimiento o al mantener una postura, como al extender los brazos o al intentar realizar tareas precisas”. Y, por lo general, es bilateral, lo que significa que afecta a ambas manos. Por otro lado, el temblor del Parkinson es más insidioso: aparece cuando la mano está en reposo, “como un ‘contar monedas’ o ‘rodar una pastilla’”, explica el neurólogo. En este caso, no solo el temblor es unilateral al principio, sino que se acompaña de lentitud de movimientos y rigidez.
Ambos tipos de temblores pueden verse exacerbados por el estrés, creando un ciclo donde el temblor aumenta el estrés y el estrés aumenta el temblor, lo que hace todo aún más confuso. “Es sensible al estado emocional y suele variar mucho a lo largo del día”, dice Andersson. El diagnóstico correcto se vuelve una necesidad urgente para evitar la confusión.
Entonces, ¿cuándo un temblor debería poner en alerta? La mayoría de los casos no son graves y se pueden controlar con cambios en el estilo de vida: reducción del estrés, descanso adecuado, y hasta cortar el café. Pero cuando el temblor persiste, se agrava con el tiempo, o empieza a interferir con las tareas diarias, es hora de ir al neurólogo. “Sugiero consulta neurológica cuando el temblor dura más de unas semanas sin un desencadenante claro; afecta la calidad de vida o las actividades finas; es asimétrico o progresivo; aparece en reposo y se acompaña de otros síntomas motores (rigidez, lentitud, arrastre de un pie), sensoriales o cognitivos. También cuando hay antecedente familiar de temblor esencial o trastornos del movimiento”. Es claro: si el temblor no desaparece solo, hay que ir un paso más allá y consultar a un profesional.
El tratamiento para los temblores depende de la causa subyacente. Si el temblor es esencial, hay medicamentos que pueden ayudar. Para otros trastornos más graves, la estimulación cerebral profunda puede ser una opción. En todos los casos, lo primero es poner en práctica un enfoque integral: reducir el estrés, mejorar la calidad del sueño, y considerar un cambio en la dieta. Además, los dispositivos adaptados, como utensilios con peso, pueden facilitar la vida diaria de quienes padecen temblores graves.
Con todo, los temblores en las manos son más comunes de lo que se piensa, pero saber reconocer cuándo se deben a algo benigno o cuándo son una señal de un trastorno neurológico serio puede cambiarlo todo. Como apunta Andersson, “cuando el temblor es persistente, progresivo, asimétrico o aparece en reposo, es momento de consultar a un neurólogo”. Los temblores no deben ser ignorados. Y con el diagnóstico adecuado, la calidad de vida de quienes los padecen puede mejorar significativamente.

