En primera línea: la voz de una vecina que ayuda a combatir los incendios de Chubut

Junto con otros vecinos, Cynthia Leonelli colabora con los brigadistas para apagar el fuego. El rol de la comunidad y la falta de respuestas del gobierno.

El incendio comenzó en Puerto Patriada, El Hoyo, y ya quemó cerca de 12 mil hectáreas. Créditos: InfoSantiago.
El incendio comenzó en Puerto Patriada, El Hoyo, y ya quemó cerca de 12 mil hectáreas. Créditos: InfoSantiago.

“Los incendios se repiten cada verano: se queman nuestras casas, animales y bosques. Quienes vivimos alrededor hicimos una especie de curso acelerado durante estos años para aprender a apagar el fuego, nos enseñamos entre nosotros. Llevamos nuestros autos, nuestras bombas y nos metemos al bosque para ayudar a los brigadistas a controlarlo”, comienza a relatar Cynthia Laura Leonelli, vecina autoconvocada, a la Agencia de Noticias Científicas de la UNQ. Y continúa: “La lluvia nos permitió dormir un poco más de tres horas, pero el fuego no está controlado todavía. Es aterrorizador y angustiante. Además, los recursos no bajan y tanto el gobierno provincial como el nacional están recortando las políticas públicas para sus fines extractivistas”. Aunque de manera reciente cayeron lluvias que aplacaron un poco el fuego, este ya quemó cerca de 12 mil hectáreas y quedan focos activos, siendo la localidad de Epuyén una de las zonas más afectadas.

El pasado 5 de enero se detectó un foco de incendio en Puerto Patriada, El Hoyo. Puntualmente, fue registrado en una de las laderas del Cerro Pirque y desde ahí ingresó a la localidad de Epuyén, un valle que está rodeado por el cerro nombrado y los Cerros Coihue y Epuyén. “El jueves 8 fue uno de los peores días, el fuego se propagó con una velocidad y una fuerza que horrorizaba. Entró por las laderas este y oeste del Pirque hacia el sur. Es decir, se comió absolutamente todo el cerro y llegó a la localidad de Epuyén por ambos lados. A su vez, cruzó la ruta 40 y se propagó hacia el Coihue, yendo así para la localidad de El Maitén, donde está la planta que provee de luz a toda la comunidad”, rememora la vecina. Cuando el fuego la alcanzó, la luz se cortó por cuatro días.

Como cada verano hay incendios en la Patagonia, los vecinos y vecinas de las distintas provincias se han organizado en cuadrillas para poder hacerle frente al fuego y, así, ayudar a los brigadistas, bomberos y los integrantes de Parques Nacionales. “Ponemos nuestros autos, nuestras motobombas y mangueras, y cada día vamos hacia un lugar distinto a combatir los focos“, relata Leonelli. De esta manera, están quienes ayudan a apagar el fuego, quienes se encargan de los animales lastimados, quienes atienden la salud mental y física de las personas que van al territorio quemado, quienes realizan las viandas para que los y las brigadistas se lleven, quienes se encargan de atender a las infancias. “Esta organización nos llena de vitalidad y fuerzas. Son infinitos el amor, la paciencia, la calma y la formación que hemos adquirido todos estos años”, expresa.

Y añade: “Son días agotadores y estresantes. Iniciamos a trabajar a las ocho de la mañana y terminamos a las cinco de la madrugada. Cuando apareció la lluvia, lloramos de felicidad, saltamos y bailamos. Nos permitió descansar un poco más de tres horas, aunque ya están de vuelta las altas temperaturas. De todas formas, decir que pudimos dormir es relativo porque uno se acuesta con el fuego en su espalda y ante el mínimo ruido se despierta en estado de alerta“.

De manera reciente, el gobierno nacional afirmó que 22 de los 32 focos están extinguidos. En este sentido, Leonelli plantea: “Según el Servicio de Prevención y Lucha contra los Incendios Forestales, un incendio no está extinguido hasta que inicie la temporada de lluvias. El problema es que el fuego comienza a infiltrarse de manera subterránea por las raíces de los árboles y se mueve por el suelo hasta que encuentra una bocanada de oxígeno y sale nuevamente a la luz”. Entonces, puede aparecer un foco a dos kilómetros de donde se está trabajando justamente porque se mueve por debajo. “Es completamente errado decir que están extinguidos porque las condiciones climáticas no lo permiten. El viento y las altas temperaturas promueven que el fuego siga creciendo”, afirma.

Una comunidad organizada frente al abandono estatal

Mientras la Patagonia se quema y se busca a la persona que inició el fuego, la mirada está puesta en los gobiernos provincial y nacional. “Nos enteramos que Ignacio Torres, el gobernador, recibió 600 mil dólares de organismos internacionales para programas de prevención de incendios forestales pero esa plata no bajó“, afirma Leonelli. En paralelo, Milei redujo los presupuestos de la Ley de Bosques y del Fondo Nacional de Manejo del Fuego, lo que disminuye la capacidad de las provincias para el control de los incendios, e intentó fallidamente derogar la Ley de Tierras.

“No podemos perder de vista que el presidente es un negacionista del cambio climático y que quiere liberar el territorio patagónico para su comercialización“, manifiesta. Tampoco se puede perder de vista las condiciones laborales en las que los brigadistas están trabajando. De manera reciente, integrantes de Parques Nacionales lanzaron un video en donde reclaman mejores salarios (ganan entre 600 y 800 mil pesos por mes), el pase a planta y una jubilación justa.


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