Mundial 2026: la clave científica detrás de cada pase, remate y control

Un estudio con 23 futbolistas profesionales midió ocho destrezas y encontró que mejorar una habilidad no garantiza dominar las demás.

Lionel Messi remata al arco durante un partido, en una imagen que refleja precisión técnica, concentración y potencia en la definición. Crédito: Tycsports.
Lionel Messi remata al arco durante un partido, en una imagen que refleja precisión técnica, concentración y potencia en la definición. Crédito: Tycsports.
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En el fútbol, todo puede cambiar en un gesto mínimo: un pase que rompe líneas, un cabezazo que despeja el peligro, un remate que se mete junto al palo o una pelota parada que cae en el lugar exacto. Desde afuera, esas acciones suelen resumirse en una palabra cómoda: técnica. Pero, ¿qué dice la ciencia? Que no alcanza con “tener técnica” como si fuera un don general. Cada movimiento es un problema distinto para el cuerpo, el cerebro y la pelota.

La Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes analizó un estudio, publicado en la revista científica Football Studies, que pone en cuestión esa mirada. El trabajo, realizado por investigadores de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología (NTNU) y de la Universidad Tecnológica de Queensland evaluó a 23 futbolistas varones de un club de Islandia, con una edad promedio de 21 años. Todos realizaron ocho pruebas técnicas: jueguitos, pase a 25 metros, cabezazo, remate, dribbling, precisión en córners, precisión en tiros al arco y volea contra una pared. Luego, analizaron si el rendimiento en una tarea se relacionaba con el desempeño en las demás.

El resultado fue que, de 28 asociaciones posibles entre las distintas habilidades, 24 fueron bajas, tres moderadas y solo una fue alta y estadísticamente significativa. La única relación fuerte apareció entre los jueguitos y la volea contra una pared, dos tareas que comparten coordinación ojo-pie, control de pelota y timing. En cambio, entre jueguitos y pase casi no hubo relación. Traducido al idioma de la cancha: un jugador puede dominar la pelota en el aire y, aun así, no ser especialmente preciso para dar un pase largo.

La conclusión central del estudio es que las habilidades motoras en el fútbol son específicas. Mejorar en una no implica mejorar automáticamente en otra. Patear más fuerte no significa definir mejor; cabecear lejos no garantiza cabecear con precisión; gambetear rápido no asegura ejecutar bien una pelota parada.

Entrenar lo más parecido a la realidad

La investigación aparece en un momento clave para mirar cómo se prepara el alto rendimiento. El Mundial masculino 2026 será el primero con 48 selecciones, tendrá 104 partidos y se disputará en Canadá, México y Estados Unidos.

En ese escenario, donde una mala decisión puede dejar a una selección afuera y un detalle puede abrir la puerta a la historia, el estudio aporta una advertencia para entrenadores, preparadores físicos y cuerpos técnicos: no alcanza con entrenar “la técnica” en general. Si un equipo necesita mejorar la precisión de los centros, debe entrenar centros; si quiere mejores definiciones bajo presión, debe entrenar definiciones bajo presión; si busca pases filtrados ante defensas cerradas, debe construir ejercicios que reproduzcan ese problema.

Diego Maradona controla la pelota durante un partido, en una imagen que sintetiza talento, técnica y dominio del juego. Crédito: Level.
Diego Maradona controla la pelota durante un partido, en una imagen que sintetiza talento, técnica y dominio del juego. Crédito: Level.

Los autores sostienen que la práctica debe ser deliberada, orientada y lo más parecida posible a las situaciones reales de competencia. Por eso, el trabajo dialoga con enfoques actuales de entrenamiento que proponen diseñar tareas donde los futbolistas no solo repitan movimientos, sino que también lean señales, tomen decisiones y ejecuten bajo condiciones similares a las del partido.

El estudio también reconoce sus límites. La muestra fue pequeña, todos los jugadores pertenecían a un mismo club islandés. Por eso, los resultados no pueden trasladarse de manera automática a todos los niveles, edades o estilos de juego. Los propios autores plantean que hacen falta nuevas investigaciones con más futbolistas, de distintos clubes y categorías.

Con todo, la ciencia parece recordarle al deporte algo que muchas veces se aprende a los golpes: para patear mejor, hay que patear; para pasar mejor, hay que pasar; para definir mejor, hay que definir. El talento importa, claro. Pero el detalle se entrena.


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