
El Virus del Papiloma Humano (HPV o VPH) se contagia por el contacto sexual y afecta a mujeres y hombres. Si bien hay 100 tipos de este virus, algunos pueden generar cáncer y el más conocido es el cáncer de cuello uterino. No obstante, también pueden desencadenar otros tipos de tumores como el cáncer de cuello y cabeza, aquel que afecta a zonas como la cavidad nasal o la laringe. En este último grupo se concentraron la becaria posdoctoral de Conicet Mercedes Pastorini y su directora Georgina Cardama que lo investigan desde la Universidad Nacional de Quilmes. Precisamente, orientan sus esfuerzos en analizar cuáles son los cambios que genera el HPV en las células afectadas para comprender mejor la enfermedad y, en última instancia, dirigir las terapias de una manera más específica y eficiente para cada paciente.
Según los últimos datos disponibles, el cáncer de cuello y cabeza es el séptimo más frecuente a nivel mundial y cada vez afecta a personas más jóvenes. En diálogo con la Agencia de Noticias Científicas de la UNQ, Mercedes Pastorini cuenta: “El HPV es un virus de transmisión sexual muy conocido por generar cáncer de cuello uterino. Lo que no se conoce tanto es que puede ser un desencadenante de otros tipos de tumores como los que se originan en cuello y cabeza”. Y continúa: “Es una problemática que no está tan estudiada en Argentina, faltan herramientas para comprender cómo funciona. Por ejemplo, no se generaron líneas celulares en nuestro país para ver cómo este virus las afecta, ni tampoco hay estrategias de screening, que son pruebas rápidas para identificar si una enfermedad está presente en los individuos”.
El cáncer de cuello y cabeza es una categoría que abarca distintos tumores, que se originan en las células que forman la capa externa de la piel y que recubren el interior de la nariz, la boca y la garganta. Pueden formarse en la cavidad oral, la faringe, la laringe, los senos paranasales y la cavidad nasal, y las glándulas salivales. Por lo general, estos cánceres suelen afectar a las personas mayores con antecedentes de consumo intenso de tabaco y alcohol.
En este marco, el objetivo de las científicas es entender cómo se comportan las células con el ingreso del HPV para, eventualmente, poder realizar una intervención terapéutica que mejore la eficacia de los tratamientos que se le dan a los pacientes. Georgina Cardama, quien también es secretaria de Innovación y Transferencia Tecnológica de la UNQ, detalla a la Agencia: “En la actualidad, se dan tratamientos estándares a los pacientes, como cirugía, radioterapia y, si la enfermedad está muy avanzada, quimioterapia. Lo que sucede es que el tumor se expresa de diferente forma en cada paciente y también según donde se genere por lo que los tratamientos también responden de manera distinta”.
Lo que plantea Cardama ocurre también en otros tipos de cánceres. La diferencia radica en que muchos otros, como el cáncer de mama o el colorrectal, están investigados, se conoce cómo funcionan y se pueden replicar en modelos animales para comprenderlos y generar nuevas opciones terapéuticas que complementen las tradicionales. Pastorini añade: “Las líneas celulares que existen en el mundo sobre cáncer de cuello y cabeza fueron generadas en el norte global. No tenemos datos de lo que sucede en Argentina ni en Sudamérica y por eso nos propusimos esta investigación”.
Un virus entre los jóvenes
El cáncer de cuello y cabeza con sus diferentes tumores estuvo asociado históricamente al consumo de tabaco y alcohol. “Generalmente, las personas afectadas eran mayores porque son problemas que se generan poco a poco durante años hasta que aparecen como enfermedades graves. Lo que se empezó a ver es que este cáncer comenzó a aparecer cada vez a más temprana edad y se asocia esto con una mayor incidencia del HPV en la sociedad”, explica Cardama.
Existen alrededor de 100 tipos de HPV, de los cuales 40 afectan la zona genital y anal. A su vez, se clasifican en HPV “de bajo riesgo oncogénico”, que se asocian con lesiones benignas como verrugas y lesiones de bajo grado, y “de alto riesgo oncogénico”. La infección persistente de estos últimos puede evolucionar a cáncer; son 15 tipos y los más comunes son el 16 y el 18.
“El uso del preservativo cayó y están creciendo las infecciones y enfermedades de transmisión sexual, como el HPV y la sífilis. En el caso del Virus del Papiloma Humano, una persona puede contagiarse hoy pero los síntomas aparecen varias décadas después. Por eso, es importante hacerse chequeos de manera frecuente para, si está presente, tener un diagnóstico temprano y que un equipo médico actúe en consecuencia”, plantea Pastorini. Estos controles médicos implican desde los ginecológicos hasta los dentales para evaluar si aparece, por ejemplo, alguna úlcera o síntoma que sea sospechoso de cáncer de cuello y cabeza.
Cardama agrega: “Es fácil pensarlo en el conurbano donde abundan los centros de salud, pero hay lugares que están más alejados de las zonas urbanas y quizás tienen el médico que hace el papanicolaou y la colposcopía o toma una biopsia dental, pero no está el patólogo que tiene que analizar las muestras”. Así, plantean las científicas, es necesario que haya equipos de salud, herramientas de diagnóstico e información sobre cómo y por qué es importante cuidarse con preservativo a la hora de tener relaciones sexuales.
Cayó la vacunación
En Argentina, además, se aplica la vacuna que previene el HPV y que se recomienda dar a los 11 años. Esta activa el sistema inmune para proteger a la persona del virus. De todas maneras, y en línea con la caída del uso del preservativo, también cayó la inmunización. Según un informe del Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires, esta vacunación bajó aproximadamente 55 por ciento en mujeres y 51 por ciento en varones.

