
Los investigadores analizaron las heces de los gusanos marinos Arenicola marina, conocidos como gusanos de arena, que viven enterrados en playas, procesan sedimentos para alimentarse y expulsan el material hacia la superficie. Lo curioso es que ese material no sale de cualquier manera: forma espirales ordenadas, casi como si alguien hubiese usado una manga pastelera invisible debajo de la arena.
La Universidad de Ámsterdam difundió el hallazgo con una comparación irresistible: el emoji de la caca, los montículos de lombrices y la pasta blanda obedecen a la misma teoría de enrollamiento elástico. Dicho en simple: cuando algo flexible sale empujado, no siempre cae derecho; muchas veces se dobla, se apila y empieza a girar sobre sí mismo. Así, una pregunta que Charles Darwin había dejado abierta en 1881 encontró respuesta 144 años después, entre gusanos, arena y física de materiales blandos.
Los protagonistas de esta historia viven bajo la arena, en galerías con forma de U. Mientras la marea baja, estos gusanos procesan sedimentos en busca de materia orgánica y luego expulsan los restos hacia la superficie. Hasta ahí, nada que parezca merecer un paper. Pero la clave está en la dirección: estos animales empujan el material desde abajo hacia arriba, es decir, contra la gravedad.
Ese detalle cambia todo. Cuando la mayoría de los animales defeca, el material cae hacia abajo. La gravedad ayuda. Entonces se forma una pila más ancha en la base y cada vuelta superior queda un poco más chica. Resultado: una montañita cónica, muy parecida al emoji clásico de la caca.
Los gusanos de arena hacen algo distinto. Como el material emerge desde abajo, las vueltas no se achican de la misma manera. Por eso sus estructuras son más parejas, más uniformes, menos “helado soft” y más “torre enrollada”. La diferencia central, explican los científicos, depende de la rigidez del material y de cómo actúa la gravedad respecto de la dirección en la que ese material sale.

La teoría que usaron los investigadores se llama elastic rope-coiling theory, o teoría del enrollamiento de cuerda elástica. El nombre suena a clase difícil de física, pero se entiende con una escena cotidiana: una cuerda blanda cae sobre una mesa. En vez de quedar derecha, empieza a formar vueltas. Lo mismo puede pasar con un cable, una manguera, una masa espesa o un fideo cocido.
El trabajo publicado propone que las heces de los gusanos funcionan de manera parecida. Son un material blando que sale por una abertura, se dobla y se deposita formando espirales. La forma final depende de variables como el grosor del filamento, su elasticidad, su densidad, su peso y la dirección en la que se mueve.
Para comprobarlo, los científicos no se quedaron mirando montículos en la playa con cara de “acá hay algo raro”. Hicieron observaciones de campo, midieron propiedades mecánicas del material expulsado por los gusanos y realizaron experimentos de laboratorio. El objetivo era comprobar si esas espirales podían explicarse mediante una ley física general y no solo como una rareza de una especie particular.
Después llegó la parte más inesperada: usaron materiales artificiales, espaguetis reblandecidos y fideos de arroz. Aunque todos esos materiales son distintos, siguieron patrones compatibles con la misma teoría. En otras palabras, la regla no pertenecía solo al gusano. Era más grande que el gusano. Una frase que Darwin probablemente habría disfrutado.
El emoji no estaba tan errado
La parte más simpática de la historia es que el emoji de la caca, ese dibujito marrón con cara feliz que habita chats familiares, grupos escolares y conversaciones que deberían haber terminado antes, tiene bastante física detrás. No porque alguien lo haya diseñado leyendo papers, sino porque su forma se asemeja a la que aparece cuando un material blando cae hacia abajo y se acumula en espiral.
Desde la Universidad de Ámsterdam lo explican de manera directa: cuando el material cae, la pila crece y la distancia entre el punto de salida y la parte superior del montón se reduce. Por eso las vueltas se hacen cada vez más pequeñas. Así surge la silueta cónica, ancha abajo y angosta arriba. Ese es el mundo del emoji tradicional.
Pero los gusanos de arena muestran otra posibilidad: una especie de “caca antigravedad”, porque el material no baja, sube. En ese caso, la espiral no se afina tanto hacia arriba. Es otra arquitectura, nacida de la misma física, pero con la gravedad jugando en otra posición. La conclusión es brillante: el emoji de la caca no es solo un chiste. Sin querer queriendo, también funciona como una miniatura pop de la mecánica de materiales blandos.
Pero el valor del estudio no está en haber vuelto “científico” un emoji. Está en mostrar que formas muy parecidas pueden aparecer en sistemas muy distintos cuando actúan las mismas reglas físicas. Un gusano, una lombriz, una masa artificial y un fideo pueden compartir una geometría porque todos obedecen restricciones similares.
Esa es la belleza del hallazgo. La naturaleza no necesita repetir el mismo organismo para repetir una forma. Le alcanza con repetir condiciones: un material blando, una salida estrecha, una superficie, gravedad y movimiento. Con eso puede fabricar espirales en una playa, en una mesa de laboratorio o en un plato de pasta demasiado cocida.
Charles Darwin ya había observado estructuras similares en las lombrices en 1881, en uno de sus últimos grandes trabajos, dedicado a estudiar cómo estos animales modifican el suelo. Darwin no resolvió este problema, pero lo miró. Y eso ya es mucho.
Vio que las lombrices no eran bichos menores, sino ingenieras silenciosas del suelo. Observó los montículos, registró las formas y sospechó que ahí había una pregunta importante. Le faltaban herramientas físicas y matemáticas que llegarían mucho después, pero la intuición estaba bien encaminada. 144 años más tarde, un grupo de científicos mostró que aquellas espirales no eran un capricho biológico ni una decoración absurda de la naturaleza. Eran la huella visible de una ley física.

