La peste causó epidemias masivas miles de años antes de lo que se creía

Hallazgos recientes en un lago de Siberia revelan que las epidemias de peste bubónica ya existían hace 5 mil años y eran igual o más letales que las ocurridas siglos después.

La bacteria Yersinia Pestis se llevó miles de millones de vidas a lo largo de la historia (imagen: National Geographic)
La bacteria Yersinia pestis se llevó miles de millones de vidas a lo largo de la historia (imagen: National Geographic)
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La peste fue una de las enfermedades más mortíferas de la historia de la humanidad. Causada por la bacteria Yersinia pestis, se transmitía de animales a humanos: circulaba entre poblaciones de roedores y se propagaba a través de pulgas infectadas.Durante mucho tiempo se creyó que los primeros grandes brotes conocidos databan del año 541 d.C. Sin embargo, investigadores de Dinamarca y Rusia encontraron evidencias de epidemias mucho más antiguas al analizar muestras de ADN de más de 5.500 años de antigüedad. Los hallazgos forman parte de un artículo publicado en la revista Nature al que la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes tuvo acceso.

Durante años, los científicos consideraron que las primeras variantes de Yersinia pestis eran menos peligrosas que las responsables de las grandes pandemias históricas. Según esa hipótesis, la bacteria habría adquirido con el tiempo nuevas características biológicas que aumentaron su capacidad de transmisión y su letalidad, favorecidas por el crecimiento demográfico y la vida en asentamientos hacinados y densamente poblados.

Sin embargo, el trabajo publicado en Nature cuestiona esta idea. Los investigadores identificaron rastros de la bacteria en restos humanos de unos 5.500 años de antigüedad, correspondientes al Neolítico tardío, lo que indica que brotes capaces de provocar una elevada mortalidad ocurrieron miles de años antes de lo que se pensaba.

La investigación analizó ADN antiguo extraído de restos humanos hallados en cuatro cementerios prehistóricos ubicados en los alrededores del lago Baikal, en el sudeste de Siberia. Los científicos detectaron la presencia de la bacteria en 18 de los 46 individuos estudiados. El porcentaje de infectados es muy elevado para considerar a los infectados como casos aislados.

Además, los investigadores identificaron dos episodios de contagio separados por varios siglos y encontraron indicios de que la enfermedad se propagó dentro de grupos familiares. En algunos entierros compartidos aparecieron niños emparentados entre sí que habían muerto en la misma época. Los entierros múltiples concentrados en períodos breves sugieren episodios de mortalidad masiva compatibles con formas graves de la enfermedad, y el impacto en la población infantil resulta especialmente llamativo.

La historia de la peste

Todo comenzaba con fiebre alta. Luego aparecían los escalofríos, la debilidad extrema y los dolores musculares; en algunos casos, también los delirios. Cuando se desarrollaban los bubones, ganglios inflamados y dolorosos en las ingles, las axilas o el cuello, la situación se volvía especialmente grave. Así se manifestaba la peste bubónica. Si la bacteria alcanzaba el torrente sanguíneo, podía desencadenar una forma aún más peligrosa: la peste septicémica, caracterizada por hemorragias y falla orgánica. Cuando llegaba a los pulmones, producía la peste neumónica, con tos, dificultad respiratoria y una transmisión más eficiente entre personas.

Los primeros registros históricos de una gran epidemia de peste corresponden al año 541 d.C. La pandemia, conocida como Plaga de Justiniano, se prolongó durante más de dos siglos con sucesivas oleadas de contagio. Afectó al Imperio Bizantino, incluida su capital Constantinopla, y se extendió por regiones de África, Asia y Europa. Los historiadores estiman que causó entre 25 y 50 millones de muertes, una cifra extraordinaria para la época.

Siglos más tarde llegó la Peste Negra, considerada una de las pandemias más devastadoras de la historia. Su momento más crítico se extendió entre 1347 y 1353. Se calcula que causó entre 80 y 200 millones de muertes en Europa, Asia y el norte de África, y que eliminó entre un tercio y más de la mitad de la población en algunas regiones europeas. Los historiadores sostienen que el brote se originó en Asia y llegó a Europa a través de las rutas comerciales.

La tercera gran pandemia se conoce como la peste china y comenzó en 1855 en la provincia de Yunnan. A diferencia de los brotes anteriores, se expandió por todos los continentes gracias al comercio marítimo global. Solo en India provocó alrededor de diez millones de muertes. La Organización Mundial de la Salud la declaró finalizada a mediados del siglo XX, cuando el número anual de fallecimientos había disminuido drásticamente.

En la actualidad, la peste es una enfermedad tratable y curable. Con un diagnóstico oportuno, los pacientes pueden recibir antibióticos eficaces que reducen de manera considerable el riesgo de muerte. Aunque Yersinia pestis ya no representa una amenaza sanitaria comparable a la de las grandes pandemias históricas, el estudio publicado en Nature aborda un problema aún vigente: la mayoría de las enfermedades infecciosas emergentes tiene origen animal. Comprender cómo ocurrieron esos saltos entre especies en el pasado puede ayudar a anticipar los mecanismos que favorecen la aparición de nuevas epidemias. Al fin y al cabo, no se puede prevenir aquello que todavía no se comprende.


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