Reír por placer y por compromiso: dos caminos en un mismo cerebro

Científicos identificaron dos circuitos que gobiernan la risa espontánea y la que aparece gracias a una interacción social. Las implicancias en las enfermedades neurodegenerativas.

La risa espontánea y la voluntaria se generan en dos circuitos cerebrales diferentes 
Créditos: Centre Sukha.
La risa espontánea y la voluntaria se generan en dos circuitos cerebrales diferentes
Créditos: Centre Sukha.
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La risa es un fenómeno que no es ajeno a los intereses científicos. Especialistas alrededor del mundo la estudiaron desde diferentes ángulos. En términos de las neurociencias, los intereses se enfocan en identificar el “centro de la risa”, la parte del cerebro que se activa al momento de la carcajada. La respuesta a este interrogante es compleja ya que no es una sola la región que se enciende, sino un intrincado circuito. En una revisión reciente, científicos identificaron dos tipos de risas bien diferentes y le atribuyeron a cada una de ellas una red cerebral independiente. Los resultados fueron publicados en un artículo de la revista Trends in Neurosciences al que la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes tuvo acceso.

Alguien ve por primera vez a Daniel Rabinovich, del grupo Les Luthiers, trabarse con las palabras. La risa es automática. Nadie ve venir los remates del comediante y es por eso que es tan efectivo. Esa risa espontánea aparece cuando algo da gracia de verdad. En el otro extremo está la risa voluntaria, esa que aparece cuando alguien quiere mostrar simpatía en una conversación, aliviar tensiones o mejorar una interacción social. Según los datos publicados en el artículo de Trends in Neurosciences, ambas risas se generan en dos circuitos cerebrales diferentes.

La risa espontánea se controla en una red formada por regiones como la corteza cingulada anterior pregenual (pACC) y el polo temporal. Estas regiones, ubicadas detrás de la frente, están vinculadas con las emociones y la recompensa. Esta última se compone de una serie de circuitos que registran aquello que resulta gratificante e impulsan a buscarlo nuevamente. Aquí, no solo se da la expresión facial de la risa con sus sonidos, sino que también la acompaña una sensación subjetiva de alegría y bienestar.

Por otra parte, la risa voluntaria se vincula con un control motor. Intervienen regiones implicadas en la producción del habla, como el opérculo rolándico y el área motora suplementaria o pre-SMA. Estas partes del cerebro hacen que reír y sincronizar esta acción con una conversación sea una decisión, no una aparición espontánea e inevitable.

El desafío de este trabajo es la provocación de risas genuinas en un entorno poco apropiado como es un laboratorio de neurociencias. Los especialistas recurrieron a personas con dolencias como la epilepsia y que tenían implantados electrodos en sus cerebros. Mediante una estimulación eléctrica de zonas concretas, los investigadores lograron producir risas acompañadas de alegría sin recurrir a la presencia de un estímulo gracioso. Por otra parte, al estimular otras áreas, generaban los movimientos característicos de una risa, pero sin la emoción asociada.

Así, evidenciaron que si se estimulaba la corteza cingulada aparecían carcajadas y felicidad sin necesidad de recurrir a Daniel Rabinovich o a cualquier disparador gracioso. Cuando la estimulación se producía en áreas motoras, emergía una risa mecánica sin sentimientos de diversión.

Comprender cómo funciona la risa sirve para explicar trastornos neurológicos en los que este fenómeno aparece de forma distorsionada, como ciertos cuadros neurodegenerativos o el síndrome de risa y llanto patológico. También podría aportar pistas sobre condiciones como el autismo, en las que las formas espontáneas y sociales de la risa se ven afectadas.

La risa es un fenómeno tan usual como complejo. Se controla en varios circuitos cerebrales bien diferenciados, y eso hace que se pueda sentir alegría sin reír y reír sin sentir alegría.


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