
En diálogo con la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes, Sgarbossa cuenta: “Diferentes investigaciones señalan que los polifenoles pueden ser útiles para el tratamiento de enfermedades en etapas tempranas de desarrollo, ya que retardan el envejecimiento celular, previenen enfermedades cardiovasculares e intestinales, y contribuyen al metabolismo con el consumo diario porque son los encargados de conservar proteínas y nutrientes esenciales para la salud”.
En esta línea, un artículo publicado en la Revista Internacional de Ciencias Moleculares destaca que “el consumo de polifenoles es fundamental para la salud humana debido a sus efectos anticancerígenos, antitumorales, antiinflamatorios, de gestión del riesgo cardiometabólico, antimicrobianos, inmunomoduladores y antioxidantes. Si bien los alimentos ricos en polifenoles se consumen a diario para la nutrición, también se utilizan como ingredientes nutricionales en la industria alimentaria para producir alimentos funcionales”.
A la hora de pensar en el impacto de este nuevo método, la investigadora bahiense destaca que puede ser útil para la industria alimenticia y “para todos los que están desarrollando suplementos basados en compuestos naturales que se utilizan para fortalecer la salud de las personas”.
Casi de casualidad
Todo comenzó cuando Sgarbossa empezó a transitar el trayecto final para convertirse en Licenciada en Química. Para lograrlo, la Universidad Nacional del Sur (UNS) exige la presentación de una tesis de grado. Fue así como se unió al Grupo Interdisciplinario de Análisis en Química Analítica de la UNS y comenzó a estudiar las características del polen de abejas, un alimento con alto contenido de minerales, proteínas y nutrientes.
“Mi trabajo inicial era profundizar el estudio de los polifenoles en el polen de abejas, pero cuando decidimos hacer el análisis nos encontramos con que el método implementado hasta ese momento para determinar los compuestos activos tardaba un día entero, utilizaba sustancias químicas que generaban residuos tóxicos y era un poco engorroso. Entonces, decidimos optimizar el método”, detalla la flamante graduada.
De esta manera, lo que empezó en el segundo semestre de 2024 como una caracterización de los beneficios del polen de abejas, terminó casi dos años después en un nuevo método para extraer polifenoles.
Tarda en llegar, y al final llega
Al igual que muchos otros casos, Melisa Sgarbossa es la primera generación de graduados en su familia. “Vengo de una familia recontra laburante, siempre estuvieron en comercio. Me metí en Química porque iba a ir con mis amigas de la escuela, y la verdad que me encontré con un camino muy lindo”, explica.
En su caso, aunque comenzó la carrera cuando salió de la escuela secundaria, recién pudo terminarla a los 36 años. Frente al discurso de eficiencia y las estadísticas de permanencia y egreso que utiliza el gobierno nacional para atacar a las universidades, la trayectoria de Sgarbossa es el reflejo de miles de personas que pueden graduarse gracias a que existen universidades públicas y gratuitas.

