
Phyllotis vaccarum, conocido como ratón orejudo andino, habita en las cumbres de volcanes en la Puna de Atacama, a más de 6700 metros sobre el nivel del mar. A estas altitudes no hay vecinos: la poca cantidad de oxígeno disponible y las temperaturas gélidas hacen imposible la vida para otros mamíferos. Además de ostentar el récord del mamífero que habita a mayor altitud, el ratón orejudo también puede desarrollarse al nivel del mar, ya que habita a lo largo de la costa desértica del norte de Chile hasta la cresta de la Cordillera de los Andes.
La variación de las geografías habitadas por el ratón orejudo ofrece la oportunidad de investigar los mecanismos fisiológicos de adaptación local: esto implica saber cómo es que puede sobrevivir tanto a la falta de oxígeno de las alturas como a la falta de agua de los desiertos. En el trabajo publicado en Science, los especialistas integraron experimentos fisiológicos con información genética de Phyllotis vaccarum.
Luego del trabajo descubrieron que los ratones que vivían en las mayores altitudes tenían una mayor capacidad termogénica en hipoxia y una mayor capacidad mitocondrial. Esto significa que eran capaces de producir mayor calor corporal y que sus células obtenían energía de una forma más eficiente gracias al funcionamiento diferencial de sus mitocondrias. Estas últimas son estructuras presentes en casi todas las células animales y vegetales que se encargan de producir la mayor parte de la energía que el organismo necesita para funcionar.
Al estudiar los genes de estos ratones, los investigadores se llevaron una sorpresa. Los científicos esperaban que las diferencias en la supervivencia se explicaran a través de mutaciones en el ADN. Sin embargo, pese a habitar ecosistemas tan diferentes, los genes de los ratones orejudos son muy parecidos entre sí. La razón radicaría en que hay un importante intercambio de individuos entre las diferentes altitudes, y esto es lo que explica las características genéticas homogéneas. En otras palabras: los ratones no están aislados, se desplazan y se reproducen. El intercambio genético constante reduce las diferencias genéticas entre las poblaciones.
Las diferencias en las poblaciones que habitan las alturas y los desiertos se encuentran en el funcionamiento corporal de los animales. Los ratones de las zonas más elevadas demostraron una mayor capacidad para producir calor corporal y mantener su metabolismo activo a pesar de la escasez de oxígeno y las bajas temperaturas. Además, sus músculos presentaban mitocondrias más eficientes para generar energía que las de los ejemplares de menor altitud.
Otro hallazgo inesperado tiene que ver con la alimentación de los ratones orejudos. El análisis genético reveló que muchos de los genes que tienen están involucrados en la neutralización de sustancias tóxicas presentes en las plantas. Esto sugiere que la adaptación a la altura no depende únicamente del frío y la falta de oxígeno, sino también de la necesidad de procesar distintos tipos de alimentos disponibles en cada nivel de la montaña. En otras palabras, la evolución de estos ratones parece haber estado moldeada tanto por las condiciones ambientales extremas como por los cambios en su dieta en todo el rango de geografías que habitan.

