¿Marketing divino? El secreto astronómico de los jesuitas para hacer visible a Dios a través de la luz

Según un trabajo del Conicet, la arquitectura sagrada de estas misiones en Bolivia usó la iluminación para la conversión religiosa a través de la fascinación visual. 

Los lucernarios de San Rafael permiten iluminar el altar con luz natural
Los lucernarios de San Rafael permiten iluminar el altar con luz natural (fotografía de 1951 de Hans Erlt; Querejazu 1995, 111).
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Por Diego Alberto Casao*

La luz no era solo un elemento físico para los jesuitas, sino una herramienta de persuasión masiva que aprovechó los conocimientos sobre astronomía para tender puentes entre los sacerdotes y la espiritualidad de los pueblos originarios. Esta conexión quedó demostrada en un estudio del investigador del Conicet en el Instituto de Astronomía y Física del Espacio, publicado de forma reciente en el repositorio abierto arXiv, apoyado por las fundaciones Simmons y Schmidt Science de Estados Unidos.

En diálogo exclusivo con la Agencia de Noticias Científicas de la UNQ, Gangui explica que, al contrario de lo que ocurre con la orientación de las iglesias cristianas, “las iglesias jesuíticas de la Chiquitanía no se habían estudiado desde el punto de vista de la arqueoastronomía”. Con este trabajo, comenta el investigador, “queríamos ver si lo hallado en el viejo continente se replicaba en Sudamérica, en particular, en esta zona poco explorada.”

El trabajo de Gangui comprueba que los arquitectos jesuitas utilizaron mediciones astronómicas para alinear la mitad de sus iglesias con el movimiento del Sol, con el objetivo de lograr efectos teatrales de luz natural que conmovían a los fieles indígenas y simulaban la presencia de Dios en el altar. 

La investigación del científico de la UBA y el CONICET también reveló que la Compañía de Jesús desafió los dogmas arquitectónicos tradicionales de Europa, al diseñar sus templos en el oriente boliviano de forma más flexible respecto a lo estipulado por los primeros textos cristianos y las Constituciones Apostólicas previas al Concilio de Nicea. Estas últimas exigían de forma estricta orientar las iglesias hacia el este para rezar de cara al Sol naciente.

El trabajo de campo realizado por Gangui incluyó la medición in situ de ocho templos en pie y uno en ruinas, junto con el análisis satelital de otra construcción, todas ellas ubicadas en los pueblos jesuíticos de la Chiquitanía, departamento de Santa Cruz, Bolivia. Esto evidenció que los constructores se adaptaron a las condiciones locales de la selva tropical.

El secreto en la precisión matemática

Sobre el trabajo de campo, Gangui explica que “es importante registrar el paisaje circundante desde el punto de vista de un observador en tierra; eso muchas veces ayuda a entender el porqué de la distribución de las construcciones o el emplazamiento de algunas iglesias.” En esta etapa del trabajo, “fue fundamental la interacción con arquitectos e historiadores expertos en las construcciones, en la historia y la cultura local. Sin esa ayuda no habría logrado realizar las mediciones”, explica el investigador de la UBA. Y agrega que la misión implicó “largos kilómetros de caminos en mal estado entre una localidad y otra y, en caso de lluvias, el riesgo de que se interrumpiera la misión”.

La mitad de los santuarios estudiados se ubica dentro del rango solar, alineándose entre los acimuts extremos —los ángulos horizontales medidos desde el norte en sentido horario— que alcanza el Sol en el horizonte durante sus solsticios anuales. La cúspide de esta precisión matemática se observa en tres edificaciones: las iglesias de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción, San José de Chiquitos y San Francisco Javier se encuentran situadas en la región histórica de Chiquitos. Estas tres estructuras registran una orientación equinoccial casi perfecta, con un margen de error inferior a los dos grados. 

Iglesia Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción.
Iglesia Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción. Créditos: arxiv.org/

Mientras que los altares de Concepción y San José apuntan con exactitud hacia el este geográfico, la cabecera de San Francisco Javier rompe el esquema y se dirige hacia el oeste. Esta última disposición permitía que la luz del amanecer ingrese por el frontis durante el oficio matinal, bañando el espacio con un fulgor místico. 

La investigación expone una notable divergencia cultural e institucional al comparar estos resultados con las misiones de la provincia histórica de Paraquaria. En los antiguos territorios guaraníes, distribuidos entre Argentina, Brasil y Paraguay, la gran mayoría de las treinta iglesias documentadas dirigen sus ejes de forma homogénea hacia el cuadrante meridional o norte-sur. Por el contrario, en la Chiquitanía la distribución de los acimuts es mucho menos concentrada, y exhibe que los jesuitas priorizaron la topografía de las lomas y el control del paisaje local por encima de un patrón urbanístico único. 

Milagro arquitectónico

La ventaja de este diseño se manifestaba en el interior de los templos que, por sus ventanas bajas y galerías techadas, eran espacios originalmente oscuros. Para contrarrestar esta penumbra, los jesuitas integraron óculos con la forma del Sol y vistosos lucernarios en los tejados. El arquitecto ebanista suizo Martin Schmid, artífice de varias de estas iglesias, calculó los vanos para que, durante los equinoccios o los meses de verano, los rayos solares cruzaran lentamente el presbiterio e iluminaran de forma directa las policromías doradas del retablo mayor. Este clímax lumínico infundía en los nativos chiquitos una reverencia por los astros, logrando una perfecta fusión sincrética entre las deidades celestes locales y el Dios cristiano. 

Si bien no existen crónicas escritas por los misioneros fundadores que expliciten estas intenciones astronómicas, las evidencias materiales demuestran que la luz natural fue instrumentalizada como un recurso escenográfico clave del barroco. El uso de la luz trascendió lo estético para convertirse en una estrategia de control masivo. En este esquema, los conocimientos astronómicos de los sacerdotes funcionaron como el nexo perfecto para conectar con el mundo espiritual de las comunidades indígenas.

“Los efectos de ese estilo y las diversas hierofanías eran elementos muy empleados para impactar y sensibilizar a las poblaciones locales, llevarlos a comulgar con las ideas y creencias en la nueva religión que se les imponía y que debían adoptar”, explica el autor del trabajo. Si bien se utilizaban las enseñanzas orales, “la imagen siempre fue el recurso más empleado en la evangelización en toda la colonia”, remata Gangui.

*Es estudiante de la Licenciatura en Comunicación Social de la UNQ.


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