Carrera espacial: ¿quién es el científico argentino que investiga desde la Antártida los desafíos físicos y psíquicos de viajar a Marte?

Aunque existen lugares de simulación controlados, el continente blanco se ubica como el más parecido al planeta rojo.

La Base Carlini es considerada como una usina científica de la Antártida Argentina. Créditos: Instituto Antártico Argentino.
La Base Carlini es considerada como una usina científica de la Antártida Argentina. Créditos: Instituto Antártico Argentino.
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Daniel Vigo, investigador de la Universidad Católica Argentina y del Conicet, estudia desde la Antártida cuáles son los desafíos que implicarían viajar a Marte. En este sentido, el científico analiza cómo los organismos podrían responder a las condiciones extremas que hay en el planeta vecino. A diferencia de las simulaciones controladas que se realizan en los laboratorios, realizar las pruebas desde el continente blanco permite hacer ensayos más realistas al entorno espacial. Aunque la carrera entre China y Estados Unidos aceleró los plazos para llegar hasta allá, son pocas las personas en el mundo que trabajan sobre cómo los humanos y las tecnologías se adaptarán a ese entorno. Gracias a este proyecto, Argentina podría convertirse en protagonista de la conquista humana del espacio.

“El viaje a Marte será a través de la Luna. Habrá un montón de procesos que se deberán realizar en nuestro satélite y antes que hacerlo ahí, van a tener que probarlo en algún lugar. De todos los sitios posibles, el más parecido es la Antártida”, afirma Vigo, director del Laboratorio de Cronofisiología del Instituto de Investigaciones Biomédicas (UCA-Conicet). 

Y agrega: “Si bien los otros sitios simulan muy bien las condiciones, no dejan de estar cerca. En cambio, el continente antártico está aislado y por eso representa una buena oportunidad”. 

Daniel Vigo, científico de la UCA y el Conicet que lidera el trabajo en la Antártida. Créditos: Punto Convergente.
Daniel Vigo, científico de la UCA y el Conicet que lidera el trabajo en la Antártida. Créditos: Punto Convergente.

Lo más real posible

Mandar una misión tripulada a Marte se calcula como una de las actividades más costosas, no solo en términos económicos, sino también en términos políticos y sociales. En este sentido, si algo sale mal, el país que los envió podría enfrentar consecuencias de todo tipo. Por eso, se realizan pruebas con los ambientes similares a los que podrían encontrar allá, lo que se conoce como “análogos espaciales”. 

Como el espacio es un entorno peligroso, en los análogos espaciales se examina cómo las tripulaciones se adaptan a la radiación espacial, el aislamiento y el confinamiento, la distancia a la Tierra, los campos gravitacionales y los entornos hostiles. Sin embargo, la mayoría se realiza en lugares controlados. Es decir, si falla algún componente o sucede algo con alguna persona, el ensayo puede detenerse.

En cambio, trabajar en la Antártida tiene un condimento especial, ya que la simulación es más real y más parecida a un ambiente espacial. De hecho, la NASA también lo denomina como “Marte Blanco”. Aunque ya hay bases instaladas de la Agencia Espacial Europea y de la agencia estadounidense, la pelea por conquistar el planeta rojo le abre una posibilidad histórica no solo a Vigo y su equipo, sino a la ciencia nacional. “Argentina puede adquirir protagonismo científico, tanto por su historia en la Antártida como por los avances científicos que, humildemente, aportamos desde nuestro grupo”, destacó el investigador.

Experiencia en el tema

Daniel Vigo es especialista en ciencia de datos aplicada a la salud en el campo de análogos espaciales. Después de estudiar un experimento realizado en Rusia, donde confinaron a seis personas durante 520 días y simularon una misión de ida y vuelta a Marte, el científico argentino quiso hacer algo similar en la Antártida. “Quería comprobar qué sucedía con el mismo enfoque de variabilidad de la frecuencia cardíaca cuando los voluntarios, además de estar confinados, también estaban aislados. Por eso, hace unos años pensamos en la Antártida y comenzamos a realizar las primeras pruebas observacionales”, destacó. 

Así nació “Belgrano a Marte”, un proyecto que la UCA realiza en colaboración con el Instituto Antártico Argentino, el Comando Conjunto Antártico y la Universidad Nacional de la Defensa. El título del proyecto es “Cronobiología del aislamiento antártico: el uso de la base Belgrano II como modelo de desincronización biológica y análogo espacial”. Básicamente, estudian el efecto natural del confinamiento al que están sometidos quienes se encuentran en la base que, entre otros aspectos, afrontan la noche polar y durante cuatro meses casi no ven la luz del sol.

Tras un primer artículo sobre siestas en la Antártida como análogo espacial, Vigo analizó la variabilidad de la frecuencia cardíaca, la estimación temporal y las emociones a lo largo del confinamiento. Asimismo, encabezó un proyecto de telemedicina en colaboración con la Agencia Espacial Europea para testear un equipo que sería utilizado en el espacio. “Realizamos un total de seis simulaciones, repartidas en las bases Belgrano II y Carlini. Para nosotros, esto significó una puerta de entrada fabulosa al mundillo de la fisiología espacial”, señaló.

En medio de la carrera espacial y frente a una mayor demanda de datos sobre el comportamiento de las tripulaciones en Marte, Argentina podría convertirse en protagonista de la llegada al planeta rojo gracias a Vigo y su equipo.


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