Se trata de Germán Torres, docente y científico del Conicet, que formó parte de un encuentro convocado por Naciones Unidas.

En un contexto atravesado por el cuestionamiento a políticas públicas basadas en evidencia, la Educación Sexual Integral (ESI) se transformó en un pilar clave de la disputa. En ese marco, la participación de las universidades públicas resulta central para producir conocimiento crítico y diseñar estrategias de intervención. Un investigador de la Universidad Nacional de Quilmes formó parte del encuentro “Narrar en tiempos de desinformación. Diálogo y estrategias para una educación basada en evidencia”, convocado por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) en Argentina. Germán Torres, profesor de la Licenciatura en Educación e investigador del Conicet, dialogó con la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes para relatar los principales puntos del encuentro.
“Se trató de una jornada de trabajo multisectorial e interdisciplinario, entre especialistas, instituciones y referentes que trabajamos en torno a la Educación Sexual Integral como derecho”, explica Torres. El objetivo fue generar herramientas concretas para fortalecer la implementación de la ESI, una política vigente desde 2006. Según el especialista, esto adquiere especial relevancia frente a la proliferación de discursos alarmistas, infundados o discriminatorios que tergiversan su sentido. El encuentro se realizó en noviembre de 2025 y sus resultados se volcaron en un documento publicado a fines de marzo de 2026.
El encuentro se caracterizó por su diversidad institucional: participaron investigadores de universidades nacionales y organismos como el Conicet, representantes de áreas de gobierno, entre ellos, del Consejo Provincial de Mujeres, Igualdad y Diversidades de Jujuy y de programas del Ministerio de Mujeres y Diversidad bonaerense. También se sumaron organizaciones de la sociedad civil, como Fundación Huésped, Amnistía Internacional, el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género, Casa FUSA y la Asociación Civil Mocha Celis.
La participación de la UNQ, de la mano de Torres, se inscribe en una trayectoria de investigación consolidada. La invitación llegó a partir de las líneas de trabajo que se desarrollan en la unidad de investigación y extensión “Discurso, género y sociedad”, donde se estudia, entre otros temas, la narrativa contemporánea que cuestiona los derechos sexuales y reproductivos. El investigador destaca que el equipo se enfoca en analizar el avance de discursos de derecha que impugnan la vigencia de estos derechos. “La convocatoria al encuentro constituye un reconocimiento al trabajo crítico que realizamos desde nuestra universidad pública”, dice Torres.
Durante la jornada, uno de los ejes fue identificar las principales barreras para comunicar la ESI, entre ellas las noticias falsas, las tergiversaciones y los discursos de “pánico moral”. Frente a esto, los participantes propusieron estrategias basadas en datos empíricos. “Priorizamos la defensa de la ESI desde la evidencia de sus buenos resultados como política educativa”, indica el investigador, y menciona que la detección de casos de abuso sexual infantil ha sido posible gracias al trabajo escolar que habilita esta política.
El documento resultante del encuentro plantea la necesidad de fortalecer la dimensión comunicacional de la ESI, con especial atención hacia los públicos jóvenes. “Se busca que adolescentes y jóvenes se sientan convocados a apropiarse de la ESI y entenderla como un derecho”, señala Torres. Desde esa perspectiva, la ESI es entendida como una herramienta integral: “Nos permite reconocernos como sujetos sexuados y generizados, atravesados por condicionamientos culturales, económicos e históricos”, define. Esto habilita su articulación con temas como salud mental, masculinidades, diversidad y afectividad.
La ESI atraviesa un momento crítico. “El programa nacional se encuentra en una parálisis de facto, con presupuesto reducido y críticas a sus fundamentos científicos y de derechos humanos”, señala Torres, quien remarca la importancia del rol de las universidades públicas en este escenario. “Desde nuestro lugar podemos aportar a la construcción colectiva de conocimiento y a la defensa de derechos”, propone.
En tiempos de desinformación, la producción científica y su traducción en narrativas accesibles se vuelven herramientas fundamentales para sostener políticas educativas inclusivas y basadas en evidencias.

