El Mundial de las apuestas y la ludopatía, la otra cara de la Copa del Mundo

Las estimaciones indican que se apostarán 60 mil millones de dólares, casi el doble de lo que fue Qatar 2022. Un combo que mezcla publicidad, crisis económica y falta de regulación.

Jóvenes que apuestan online desde sus celulares, a dos clics de distancia. Créditos: Punto a Punto.
Jóvenes que apuestan online desde sus celulares, a dos clics de distancia. Créditos: Punto a Punto.
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Entre otros aspectos, la Copa del Mundo 2026, que se celebra en Canadá, Estados Unidos y México, también será recordada como la copa de las apuestas. Según las estimaciones internacionales, los usuarios apostarán un total de 60 mil millones de dólares solo en casas oficiales, el doble de lo que significó en Qatar 2022. A fuerza de publicidad y poca regulación estatal, las apuestas en línea ganaron cada vez más terreno. Antes, apostar era algo ilegal y mal visto, sin embargo, ahora forma parte de la cotidianidad de millones de personas en todo el mundo. Aunque un estudio publicado en 2024 demostró que se trata de un fenómeno global que no distingue regiones o culturas, su penetración todavía es mayor en países que atraviesan crisis económicas. En este sentido, imaginar el resultado de España contra Cabo Verde puede ser la llave para comprar un plato de comida o quedarte sin él. 

En diálogo con la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes, Federico Pavlovsky, psiquiatra especialista en consumos problemáticos, analiza: “Estamos presenciando una de las campañas de publicidad e instalación de productos en la población más agresiva de la historia. La publicidad de las apuestas en línea tiene un impacto social en términos de calidad de vida y salud mental porque normaliza el mundo de las apuestas y lo fusiona con la pasión que sentimos y vivimos con el fútbol”.

Y agrega: “Se trata de un procedimiento social para monetizar a las infancias, de vender y normalizar productos de los adultos para los más chicos. No tengo duda de que la estrategia ha sido conquistar al público futbolero más joven. En este contexto de crisis social e individualismo, las apuestas llegaron en el momento perfecto y lograron su cometido. Según las encuestas, aproximadamente el 20 por ciento de los chicos en las escuelas están apostando”. 

Tal fue el avance de las apuestas en línea que incluso el propio fútbol es mirado de reojo. En un mercado donde se apuestan hasta las tarjetas amarillas, cualquier falta que comete un jugador es sinónimo de sospecha. Incluso, en 2023 la autoridad de la liga estadounidense de fútbol le pidió a los reguladores estatales del juego que las eliminen de las plataformas

Las apuestas sobre tarjetas amarillas y rojas son más susceptibles a la manipulación porque un solo jugador puede controlar más fácilmente el resultado de la apuesta”, dijo Don Garber, la máxima autoridad del fútbol en Estados Unidos, a través de una carta abierta. Sin embargo, su petitorio tuvo poco éxito y en EE.UU. se pueden apostar la cantidad de tarjetas durante el Mundial. 

Tal es así que hasta un delantero que disputa el Mundial con Costa de Marfil, Elye Wahi, tiene una causa abierta en Francia por provocar una tarjeta amarilla de forma intencional durante el encuentro entre Niza y Metz. Aunque fue arrestado a fines de mayo, el atacante africano fue liberado.

Los más vulnerables

Más allá de la cuestión ética y moral, lo cierto es que hay personas que apuestan para entretenerse. Sin embargo, en un contexto de falta de trabajo y crisis económica, pegarle a un resultado puede definir un plato de comida o el abono de un servicio

“En nuestro país comienza a aparecer un tipo de apuestas que poco tiene que ver con la diversión o el sentido de pertenencia, sino con la búsqueda mágica y con la ilusión de ser el elegido para salvarte. Apostar un tiro libre, una falta o un resultado parcial es la apuesta del desesperado”, destaca Pavlovksy. 

Más allá del sentido común, un estudio de la ONG ‘Apostar no es un juego’ demostró que en los sectores más pobres se apuesta mayor cantidad de dinero que en sectores más acomodados. En este aspecto, subraya el psiquiatra, “las apuestas son un indicador de sufrimiento social porque representan un atajo ilusorio, estimulado y promovido todo el tiempo por los medios de comunicación”. 

Entre el 8 y el 10 por ciento de los apostadores desarrollará adicción al juego, tendrá deudas económicas y crisis personales. Hace dos años no había adolescentes con síntomas de ludopatía, esto lo crearon artificialmente el mercado, las leyes obsoletas y muchos actores civiles”, resalta Pavlovsky.


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