
Al amanecer, ante lo inexplicable que resultaba tanta muerte sin ningún indicio, algunos hablaban de una maldición. Otros sospecharon de una guerra química. El responsable fue, sin embargo, fue el lago Nyos, ubicado justo dentro de un antiguo cráter volcánico. Aunque a simple vista era un espejo de agua como cualquier otro, bajo su superficie se encontraba una enorme cantidad de dióxido de carbono acumulado.

Este gas convive a diario con los seres vivos: es un componente natural de la atmósfera y es indispensable para las plantas en los procesos de fotosíntesis. Sin embargo, cuando se acumula, se transforma en una amenaza letal ya que desplaza al oxígeno del aire y provoca una silenciosa asfixia. No presenta un olor particular y es por esto que los pobladores de la zona nunca advirtieron el peligro.
El noroeste de Camerún forma parte de una extensa zona volcánica que, si bien no estaba en erupción, liberaba gases. Las fracturas y grietas de las rocas permitieron que el dióxido de carbono se disolviera en las profundidades del lago Nyos. Por años quedó atrapado allí, pero, gracias a un cambio brusco de presión, se liberó a la atmósfera. En la actualidad existe un debate sobre qué fue lo que originó ese cambio letal. Hay quienes piensan que un pequeño deslizamiento de tierra alteró la estabilidad del lago y otros culpan a corrientes de agua fría que provocaron que el dióxido de carbono ascendiera desde las profundidades. De cualquier manera, el lago Nyos perdió su equilibrio el 21 de agosto de 1986.
El fenómeno hoy tiene nombre científico y se lo conoce como erupción límnica: evento caracterizado por la liberación repentina de gases atrapados en aguas profundas. El dióxido de carbono se expandió con rapidez desde la superficie del lago y, al ser más pesado que el aire, descendió por las laderas de las montañas sin ser percibido. Quienes se cruzaron en su camino no tuvieron tiempo de reaccionar ni de darse cuenta de que respiraban aire casi sin oxígeno. Perdieron el conocimiento o se quedaron dormidos lentamente junto a los animales, que corrieron la misma suerte, sin signos de violencia ni pérdidas materiales apreciables.
¿Qué pasa en la actualidad?
Las erupciones límnicas son fenómenos extremadamente raros: solo un puñado de lagos en el mundo son capaces de producir estos eventos. Sin embargo, hay algunos en África central que almacenan enormes cantidades de dióxido de carbono. Nyos demostró, con su tragedia, qué podía ocurrir si el gas se liberaba de manera repentina. Es por esto que fue necesario buscar opciones para prevenir catástrofes en el futuro.
Recién en el 2001 se instaló la primera tubería permanente de desgasificación en el lago Nyos, a la que luego se sumaron otras. Operan con el objetivo de extraer el agua profunda cargada de dióxido de carbono. Los especialistas afirman que, cuando el agua asciende por las cañerías, los cambios paulatinos en la presión hacen que el gas se libere de manera controlada y que los seres vivos puedan incorporarlo sin riesgo de intoxicación. Es una especie de válvula de seguridad instalada en el lago.


