
La geografía y la demografía egipcia tienen muchas particularidades. En primer lugar, se trata de una de las pocas naciones transcontinentales, ya que su territorio forma parte de África y de Asia. El país limita al norte con el mar Mediterráneo, al este con el mar Rojo, Israel y la Franja de Gaza, al sur con Sudán y al oeste con Libia. No solo se trata del territorio árabe más poblado, sino que su población de 120 millones de personas se concentra en sólo el 4 por ciento de la superficie total, ya que el resto es desierto. En este aspecto, la columna vertebral es el Nilo, el segundo río más largo del mundo con 6500 kilómetros de largo, alrededor del cual se estructuran las ciudades. De hecho, su capital El Cairo, donde viven 10 millones de personas, es atravesada por el río.
La inversión en ciencia y tecnología para 2026 del gobierno egipcio es del 1,02 por ciento del PBI. Al igual que en Argentina, la mayor parte del financiamiento proviene del Estado (alrededor del 80 por ciento). En este marco, su política se nuclea alrededor de la Visión Egipto 2030, una estrategia de desarrollo sostenible lanzada en 2016 y actualizada en los últimos años. Según esa hoja de ruta, “Egipto toma el conocimiento, la innovación y la investigación científica como pilares básicos del desarrollo”.
Uno de los ejes está puesto en la economía del conocimiento. Para eso, el país quiere alcanzar los 8500 millones de dólares en exportaciones de servicios tecnológicos y desarrollo de software para empresas internacionales. Con el objetivo de acercar el acceso a herramientas digitales a jóvenes y emprendedores, el gobierno impulsa la creación de Centros de Innovación Creativa en todas las provincias. Como si fuera poco, Egipto está construyendo una ciudad denominada Nueva Capital Administrativa para descomprimir a El Cairo. Allí, tendrá su propia “ciudad del conocimiento” con universidades especializadas en computación, centros de investigación en inteligencia artificial y laboratorios de diseño electrónico.
IA con lenguaje propio
Mientras que Argentina aún carece de un plan nacional de inteligencia artificial, Egipto ya va por su segunda estrategia (2025-2030) y el gobierno quiere que la IA aporte más del 7 por ciento del PBI para el final de esta década. Para eso, desarrollaron su propio modelo de lenguaje llamado Karmak, en homenaje a un antiguo templo, que está diseñado en árabe y toma como punto de partida las características, la cultura y los datos locales.
A su vez, Egipto cuenta con más de 90 facultades específicas relacionadas con la inteligencia artificial que albergan a casi 100 mil estudiantes. Para 2030, el plan es tener 30 mil expertos avanzados en IA y fomentar la creación de al menos 250 nuevas empresas de base tecnológica de alto nivel. Para lograr este propósito, inauguró el Primer Centro Regional de IA en El Cairo.
Al ser un país desértico y con escasa disponibilidad de agua, el gobierno financia aplicaciones vinculadas a irrigación inteligente para la agricultura, herramientas de automatización para salud pública, y diplomacia tecnológica. Al mismo tiempo, la cuestión ética en torno a la inteligencia artificial tiene un papel preponderante. Por eso, la nación cuenta con una Carta Egipcia para la IA Responsable y guías nacionales de IA generativa para prevenir hechos vinculados a desinformación y ciberseguridad.
La potencia espacial de África
La Agencia Espacial Egipcia tiene un protagonismo clave en la ciencia y la tecnología. En este sentido, el país no solo importa tecnología, sino que también diseña, ensambla y opera en suelo egipcio sus propios desarrollos. A lo largo de los últimos 30 años, Egipto puso en órbita 14 satélites vinculados a telecomunicaciones y radiodifusión televisiva, observación de la Tierra, y nanosatélites para la experimentación científica. Por ejemplo, en 2025 lanzó el SPNeX, un nanosatélite local para estudiar el clima espacial y el impacto de las tormentas solares.
A su vez, junto al gobierno chino, Egipto construyó un centro de ensamblaje, integración y prueba de satélites (considerado el más grande de África y Medio Oriente) en su Nueva Capital Administrativa para que sus científicos realicen simulaciones térmicas, de vacío y de vibración a satélites pesados antes de mandarlos a bases de lanzamiento extranjeras. A largo plazo, la meta es tener el primer puerto de lanzamiento de cohetes en territorio nacional.
El vínculo con Argentina
Al igual que con Argelia, el vínculo entre Argentina y Egipto está atravesado por la energía nuclear. A mediados de la década del 90, la empresa tecnológica estatal INVAP, que está en el ojo de la tormenta bajo la administración libertaria, ganó una licitación internacional para diseñar y construir el Reactor de Investigación Multipropósito ETRR-2. Operado por la Autoridad de Energía Atómica de Egipto (AEA), el reactor continúa activo hasta el día de hoy y ocupa un lugar central en la producción de radioisótopos utilizados en medicina nuclear y aplicaciones industriales.
Gracias al legado histórico que se mantiene en el país y atrae a millones de turistas todos los años, Egipto tiene su propio ministerio de Antigüedades. Sin embargo, como necesitan científicos de primer nivel para seguir explorando y conservando el patrimonio, el gobierno recurre a investigadores argentinos. Por ejemplo, un grupo dirigido por la egiptóloga de la UNLP y el Conicet, Andrea Zingarelli, descubrió la entrada original de la Tumba de Amenmose y recuperó más de 500 objetos históricos como cerámicas, papiros y restos momificados.
La única victoria
Más allá de la inversión en ciencia y tecnología durante 2026, donde Egipto le gana a Argentina por 7 a 0, el país presidido por Javier Milei puede decir que en algo supera a su rival. En este sentido, la albiceleste ocupa el primer lugar en la lista de deudores del FMI y sale campeona arrasando. Mientras que la población argentina está en la cima del podio y debe más de 42 mil millones de dólares, la población egipcia ocupa el quinto lugar, por debajo de Ucrania, Pakistán y Ecuador, y debe 7,24 mil millones.

