
Cabo Verde se encuentra sobre el Océano Atlántico y está situado a 500 kilómetros de Senegal, en la costa oeste africana. Su extensión aproximada es de 4 mil km2 y está compuesto por 10 islas, de las cuales una permanece deshabitada por considerarse área protegida. En la actualidad, se estima que en este archipiélago viven alrededor de 500 mil personas. El idioma oficial es el portugués y la capital es Praia, donde vive la mitad de su población.
Cabo Verde no cuenta con una medición sistemática de su gasto en investigación y desarrollo. Sin embargo, su política vinculada a ciencia y tecnología tiene algunos hitos que vale la pena contar. El programa más potente se llama Cabo Verde Digital, una plataforma gubernamental orientada a la capacitación y el emprendimiento tecnológico para impulsar la economía digital y fortalecer su aporte a la economía nacional. Mientras que en 2025 aportó alrededor del 7 por ciento del PBI, el objetivo es que para el año 2030 genere al menos el 25 por ciento.
La plataforma se nutre de cuatro ejes. Por un lado, financia la creación de empresas de base tecnológica y las ubica en los principales eventos internacionales para conseguir inversión extranjera. Al mismo tiempo, les ofrece un marco jurídico con exenciones impositivas y facilidades burocráticas. A su vez, incentiva a la diáspora caboverdiana para que financie empresas tecnológicas nacionales.
Denominado como el “hub tecnológico” de África Occidental, Cabo Verde cuenta con más de 50 empresas de base tecnológica que ya funcionan en el país. Para llevarlo a cabo, el plan también incluye la formación gratuita de más de mil jóvenes en habilidades tecnológicas avanzadas y lenguas extranjeras. En esta línea, el objetivo es entrenarlos para empleos que puedan desarrollarse de forma remota para cualquier lugar del mundo y no se vayan del archipiélago.
Distribuidor de datos
A priori, vivir en el medio del mar puede ser visto como una desventaja. No obstante, el gobierno caboverdiano lo usó a su favor y lo tomó como una posición estratégica. Aunque no es un punto intermedio, el país funciona como el parador o el peaje de los principales cables submarinos que conectan África, Europa y América del Sur.
En 2022 entró en funcionamiento la extensión de EllaLink, un cable submarino que conecta directamente Portugal con Brasil, sin pasar por América del Norte. De esta manera, Cabo Verde obtuvo una ramificación que entra por la capital del país y le permite el acceso a una autopista digital con capacidad de hasta 30 terabytes por segundo.
Como buen vecino, Cabo Verde no solo quiere captar los datos que circulan a través de esa red, sino que también quiere compartirlos con las naciones cercanas. Por eso, el gobierno impulsa el desarrollo del cable submarino “Amílcar Cabral”, líder revolucionario que luchó por la independencia caboverdiana y fue asesinado dos años antes de su concreción.
El proyecto consiste en conectar el archipiélago directamente con Guinea, Guinea-Bissau, Liberia, Sierra Leona y Gambia. Gracias al cable Amílcar Cabral, los países africanos podrían reducir los costos de internet para la región y los riesgos de sufrir apagones digitales.

El viento que todo lo empuja
Además de la economía digital y los cables submarinos, la política caboverdiana en ciencia y tecnología está anclada en la energía renovable. Para tomar dimensión de su importancia, casi el 20 por ciento de la electricidad que se consume en las islas es generada con energía eólica.
Su proyecto emblema es Cabeólica, una asociación público-privada establecida entre fondos de países europeos y el gobierno de Cabo Verde. Desde 2008, la energía eólica permitió el ahorro de 15 millones de litros de combustibles anuales y evitó la emisión de más de 500 mil toneladas de dióxido de carbono, gas responsable del cambio climático.
Jóvenes y dinámicas
Aunque el país se independizó a mediados de la década del 70, sus jóvenes tuvieron que esperar hasta el 2001 para poder cursar en una universidad caboverdiana. Hasta ese momento, quienes querían estudiar una carrera universitaria debían migrar sí o sí a países como Portugal y Brasil.
La primera que se fundó fue la universidad privada Jean Piaget de Cabo Verde. Cinco años más tarde, se creó la Universidad de Cabo Verde, la primera pública del archipiélago, gracias a la fusión de tres institutos vinculados a educación, ingeniería, ciencias marinas, administración y gestión. En 2021, al cumplir los 15 años, la Universidad de Cabo Verde inauguró su nuevo campus principal en Praia, construido gracias a un acuerdo con el gobierno de China.
En la actualidad, el país cuenta con 10 instituciones ubicadas principalmente en Praia y Mindelo, sus dos ciudades más pobladas. La oferta educativa no solo está orientada hacia las ciencias agrarias y ambientales, sino que también está ligada a las ciencias biológicas, las ciencias náuticas, la ingeniería civil y la gestión del turismo. Aunque cada vez más ciudadanos eligen estudiar en el país, muchos continúan migrando a Portugal y Brasil.

