
La rivalidad entre Argentina e Inglaterra no se explica únicamente por el fútbol, sino que se fue construyendo sobre dos historias que se entrelazan: una deportiva y otra política. Cada vez que ambas selecciones se enfrentan, esos dos relatos vuelven a aparecer en el imaginario colectivo. Ariel Scher, periodista que se especializa en deporte y política, relata a la Agencia de la UNQ: “Maradona y sus compañeros también ingresaron al encuentro con Inglaterra en el Mundial del ‘86 diciendo que era solo un partido de fútbol, pero durante el transcurso del mismo, se dio lugar a otras cosas. Aparecieron las relaciones imperiales que históricamente hubo entre estos dos países, en específico de Inglaterra sobre Argentina. En ese partido, se jugaron cosas específicas del juego y algunas cuestiones simbólicas”.
Aquel partido, quizás el más recordado de todos los cruces que tuvieron ambas naciones en el fútbol, sucedió solo cuatro años después de la Guerra de Malvinas. El gol conocido como “la mano de Dios” y el siguiente denominado “el gol de siglo” fueron interpretados por muchos hinchas como una reparación simbólica tras la derrota argentina en la Guerra.
En esta línea, Pablo Alabarces, sociólogo especialista en cultura pop y culturas futbolísticas, sostiene que la rivalidad con Inglaterra forma parte de una construcción histórica que excede al fútbol. “Desde muy chicos aprendemos que hay una relación conflictiva con Inglaterra. En la escuela vemos las invasiones inglesas, la Batalla de la Vuelta de Obligado, el Pacto Roca-Runciman y, por supuesto, la Guerra de Malvinas. Esa historia está escolarizada”, detalla a la Agencia.
Además, Alabarces señala que esa rivalidad se vio también alimentada desde el plano del fútbol. “Hay un mito que dice que el fútbol nació en Gran Bretaña y Argentina lo reinventó. Además, el Día del Futbolista Argentino originalmente se celebraba el 14 de mayo en homenaje al gol que Ernesto Grillo le convirtió a Inglaterra en 1953. Décadas después, pasó al 22 de junio para recordar los dos goles de Maradona en el Mundial de 1986. Con semejante paquete de referencias, ¿alguien puede ser indiferente a este partido?”, plantea.
Entre la memoria y el fútbol
A más de cuatro décadas de la Guerra de Malvinas que marcó un antes y un después en la relación entre los países, los especialistas coinciden en que la carga simbólica del partido ya no es la misma que en 1986. Sin embargo, la memoria se hace presente en el imaginario del fútbol. Canciones como “Muchachos”, durante Qatar 2022, o “La cuarta estrella”, en este Mundial, recuperan referencias a las Islas Malvinas y a los soldados caídos. En las redes sociales también circulan memes y discursos que hablan sobre “ganarle al ladrón” o a los “piratas”.
Scher plantea: “Somos historia y, aunque haya construcciones político-ideológicas que se empecinen en borrarla, la memoria resurge siempre porque es un lugar de poder y disputa. El espacio del fútbol es uno de esos lugares donde estas cosas aparecen. Hay una franja de la sociedad, no toda, que le carga una connotación particular a este partido, algo que no sucedió con Austria, Suiza o Cabo Verde”.
Por su parte, Alabarces define: “En 2022 se cumplían 40 años de la Guerra, tenía sentido la canción porque estaba en la agenda. Sin embargo, esto no es una revancha ni una continuación de la Guerra. Entiendo el fenómeno y la carga simbólica que trae, pero en realidad es un partido de fútbol y estaría bueno ganar solo porque nos gusta ver que Argentina puede jugar y ganarle a las grandes selecciones”.

