Mientras Argentina se vincula con Palantir, cada vez más países rechazan sus softwares

Alemania, Dinamarca, Francia y Suiza son algunos de los que prohibieron o rompieron contratos con la empresa. Soberanía digital, seguridad nacional e ideología.

El ministro de economía argentino, Luis Caputo, junto a Peter Thiel, fundador de Palantir. Créditos: Ministerio de Economía.
El ministro de economía argentino, Luis Caputo, junto a Peter Thiel, fundador de Palantir. Créditos: Ministerio de Economía.
5 minutos

Mientras Peter Thiel se instala en Argentina, se reúne con funcionarios y su empresa suena para gestionar los datos de la población, cada vez más países discuten su influencia e intentan despegarse de Palantir. En este sentido, Alemania, España, Francia, Italia, Suiza, Países Bajos y el Reino Unido analizan romper los contratos vigentes o prohibir la adquisición de nuevos softwares que ofrece la compañía tecnológica estadounidense. Aunque los motivos difieren en cada caso, los argumentos se concentran en tres ejes: la soberanía digital, la seguridad nacional y la ética detrás de estas aplicaciones que se utilizan para espionaje, vigilancia masiva, conflictos bélicos, secuestros y asesinatos de “enemigos”. Una vez más, mientras las naciones toman conciencia de la importancia de los datos y los protegen con iniciativas propias, el gobierno argentino apuesta a la desregulación y la entrega a capitales privados y extranjeros.

Si bien los grandes monopolios tecnológicos como Palantir tienen más poder que los propios Estados, la diferencia entre los países centrales y los países de la periferia es enorme. Mientras que las naciones europeas intentan ponerle límites por diversas razones, el gobierno de Javier Milei le abre las puertas de manera irrestricta a un monopolio que tiene una capacidad mucho mayor para poder extraer los datos de la población e incidir en muchos procesos políticos y sociales”, reflexiona Marcelo Ruíz, doctor en matemática y exrector de la Universidad Nacional de Río Cuarto, en diálogo con la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes.

Entre los casos más resonantes se encuentra el de Francia. Allí, los servicios de inteligencia dejarán de trabajar con Palantir y el gobierno invertirá 760 millones de dólares para desarrollar aplicaciones propias en su reemplazo. Más allá de los cuestionamientos éticos de diferentes ONGs, el detonante de la situación se produjo cuando Trump cortó el acceso a un nuevo modelo de IA desarrollado por Anthropic para ciudadanos no estadounidenses. “No podemos depender de la buena voluntad de ciertos socios que son capaces de cerrar el grifo de la inteligencia artificial”, dijo el primer ministro Sébastien Lecornu cuando lo anunció ante los medios.

En la misma línea, el gobierno de Dinamarca abandonará las aplicaciones de Palantir para vigilancia y análisis de datos. Aunque no las reemplazará de forma inmediata debido a la capacidad de procesamiento y eficacia que tienen los desarrollos de Thiel y compañía, ya trabaja en conjunto con empresas locales para crear sus propios programas. “Estos sistemas son cruciales para la capacidad de combate y es fundamental que tengamos el control de los datos”, dijeron las autoridades de Defensa en declaraciones a la prensa. De la misma forma, Suiza y la sección de ciberseguridad de Alemania se negaron a contratar Palantir dado que perdían el manejo de sus datos, que quedaban alojados y al servicio de esta empresa extranjera.

En simultáneo, España, Italia, Gran Bretaña y Países Bajos atraviesan tensiones en torno a la empresa. Si bien todos utilizan programas desarrollados por Palantir para cuestiones vinculadas a Defensa, cada vez hay más presión social y política para frenar la expansión y la influencia de la compañía estadounidense. En el caso de Gran Bretaña, la empresa de Peter Thiel maneja todos los datos del sistema de salud público. Un informe del Parlamento afirmó que los programas de la empresa suponen para su gobierno un “punto de vulnerabilidad inaceptable”. De hecho, ya se desataron protestas para romper el contrato lo antes posible. 

Al respecto, Ruiz reflexiona: “Cuidar la privacidad de los datos no es un problema individual, sino que es colectivo y político. En general, estos monopolios tecnológicos producen tecnologías donde el interés no está en los artefactos, sino en los datos que se incorporan en el proceso de valorización del capital. De esta manera, la posesión de esos datos no solo se traducen en ganancias financieras, sino en instrumentos de influencia, poder y presión”.  

Más allá del dinero

Palantir y sus principales figuras, Peter Thiel y Alex Karp, forman parte de una élite tecnológica desarrollada en Estados Unidos e integrada por nombres como Mark Zuckerberg y Elon Musk, entre otros. Para ellos, el foco no solo está puesto en lo monetario, sino en la política y la batalla cultural. Tal es así que ni Thiel ni Karp tienen formación en negocios y economía, sino en filosofía.

A mediados de abril, la empresa publicó un manifiesto titulado “La República Tecnológica” donde afirma que Estados Unidos requiere “poder duro” y que “la elite ingenieril de Silicon Valley” tiene la obligación de participar en la defensa del país. “La pregunta no es si se construirán armas de inteligencia artificial, sino quién las construirá y con qué propósito. Nuestros adversarios no pausarán para entregarse a debates teatrales sobre los méritos de desarrollar tecnologías con aplicaciones críticas militares y de seguridad nacional. Procederán”, alertó Palantir en la red social X.

Frente a esta ambición de poder y control, el arribo de Peter Thiel a Argentina provocó una ola de cuestionamientos e incertidumbre por parte de diferentes sectores. Incluso, el anuncio del Gemelo Social Digital, que utiliza inteligencia artificial para procesar datos de la población, reconocer patrones sociales y simular posibles escenarios futuros, sembró un manto de dudas. Tal es así que el propio gobierno tuvo que desmentir la vinculación del Gemelo Social Digital con Palantir. 

Además de la cuestión ética e ideológica, en Europa se despegan de Palantir porque pone en riesgo la soberanía digital y la seguridad nacional de los países. En contraposición, el Poder Ejecutivo se muestra orgulloso de recibirlo en el país y le arma políticas a su medida, como es el caso del Súper RIGI, para facilitarle negocios vinculados a la energía y la inteligencia artificial.


¿Te gustó esta noticia? ¡Compartila!
Scroll al inicio