
“El tecnofascismo es una herramienta más del capitalismo, que sirve para cuidarlo y para extender su período de vida. Este fenómeno se caracteriza por un fuerte régimen de desigualdad donde el Estado, lo público, lo social y lo común es apropiado por minorías desde un sentido privativo y la estatalidad es reconvertida en un negocio”, subraya Rocco Carbone, filósofo y docente de la Universidad Nacional de Quilmes, en diálogo con la Agencia de Noticias Científicas de la UNQ.
Y agrega: “Ahí entran estos personajes como Thiel, que se alían con el tecnofascismo y le ofrecen cierto tipo de servicios vinculados con el arte de la guerra, la inteligencia artificial, el manejo de grandes volúmenes de datos y la apropiación de información de los ciudadanos para el control social”.
Además de la reunión con el presidente argentino, Palantir fue noticia mundial por un post publicado en X el 18 de abril que ya tiene más de 34 millones de vistas. Allí, la empresa publicó los principales puntos del libro La República Tecnológica, escrito por su director ejecutivo Alex Karp, una de las personas más ricas e influyentes del mundo según la revista Time. Más que un anticipo, el texto expresa la visión política, ideológica y cultural de la compañía.
Entre otros puntos, el manifiesto destaca que “La élite ingenieril de Silicon Valley tiene una obligación afirmativa de participar en la defensa de la nación”. Además, critica al poder blando y la inclusión en Estados Unidos como un “pluralismo vacío y hueco”. En la visión de Palantir, EE.UU. requiere poder duro, y para eso es fundamental desarrollar aplicaciones específicas.
“La pregunta no es si se construirán armas de inteligencia artificial, sino quién las construirá y con qué propósito. Nuestros adversarios no pausarán para entregarse a debates teatrales sobre los méritos de desarrollar tecnologías con aplicaciones críticas militares y de seguridad nacional. Procederán”, alertó la empresa en la red social X.
¿Dos caras de la misma moneda?
En los últimos días, las amenazas de tiroteos y bombas en escuelas y universidades públicas de todo el país transformaron la vida de las instituciones, sus estudiantes y sus docentes. Mientras el gobierno nacional no emitió declaraciones al respecto, las provincias tomaron diferentes medidas para responder ante el fenómeno. Sin embargo, lo que sí hizo el máximo mandatario fue reunirse con Peter Thiel. Para el filósofo de la UNQ, ambos hechos están responden a un mismo objetivo.
“Mal haríamos en considerar esas amenazas, que se extendieron a lo largo y ancho del país, como pequeñas formas de la rebeldía estudiantil. Me parece que hay que vincularlas con la visita de Thiel en Argentina, ya que son eventos que crean preocupación y alteración social. Tenemos que estar atentos para ver qué tipo de narrativa y qué tipo de sujeto problemático se construye alrededor de estas acciones, y cómo pueden intervenir aparatos como Palantir”, destaca Carbone.

