Nicolás Malinovsky: “No podemos permitir que la energía quede en manos de empresas privadas”

En Al borde del precipicio, el autor del libro “Crítica de la energía política” analizó el panorama que atraviesa el sector.

Nicolás Malinovsky junto a Nicolás Retamar en Al borde del precipicio. Créditos: UNQ TV.
Nicolás Malinovsky junto a Nicolás Retamar en Al borde del precipicio. Créditos: UNQ TV.
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Hablar de energía en Argentina es recorrer distintos frentes que van desde las reservas de gas y petróleo, hasta la factura de luz y el combustible que pagan los usuarios. En este aspecto, todas las políticas llevadas adelante por el gobierno nacional están condicionadas por Estados Unidos y por el Fondo Monetario Internacional, y coinciden en dos ejes: desregulación y privatización. Para comprender las implicancias de este modelo, Al borde del precipicio, el programa de la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes, conversó con Nicolás Malinovsky, autor del libro “Crítica de la energía política”, quien realizó un repaso sobre el Plan Nuclear Argentino, la importancia de Vaca Muerta, la venta de Transener (la empresa que distribuye la energía en el país) y la tarea que debería comandar un próximo gobierno nacional y popular. 

¿Por qué hay que agregarle política a la palabra “energía”?

-Estamos atravesando una crisis sin precedentes por el conflicto de Medio Oriente. Para entender qué rol le quieren asignar a América Latina hay que estudiar al sector energético y al sector de las nuevas tecnologías. Detrás de todo esto hay disputas económicas vinculadas a distintos intereses. Muchas veces se discute la cuestión energética como algo más técnico, pero a eso hay que agregarle una dimensión política. Hace diez años que en Argentina se está debatiendo la realización de dos centrales nucleares más, pero eso no avanza y el principal motivo es Estados Unidos, que no quiere que tengamos esa tecnología en la región.

Muchos analistas coinciden en que Estados Unidos ataca a Irán porque está desarrollando su sector nuclear.

-Irán estaba desarrollando una industria tecnológica alrededor del sector nuclear, por eso fue bombardeado por Estados Unidos. Entonces, si no entendemos estas cuestiones, pensamos que son fracasos y no tomamos en cuenta las trabas que nos ponen los países hegemónicos y ciertos sectores vinculados al petróleo, que también tienen poder de lobby y presionan para frenar el desarrollo nuclear. 

¿Cómo definiría el modelo energético de Milei?

Es un modelo de concentración y extranjerización de los recursos naturales. No solo es el petróleo y el gas de Vaca Muerta, sino todo el complejo minero en la Argentina como el litio, el cobre y el oro, que son recursos necesarios y en disputa en el marco de la transición energética y hegemónica que estamos viviendo en el mundo.

Al servicio de Estados Unidos

Si el sector nuclear fuera un paciente internado, ¿cuál sería su estado?

Muy crítico. Argentina había logrado desplegar nuevamente su plan nuclear a partir del 2006, después del intento de desmantelamiento durante la década del 90. En esa época, por ejemplo, se paralizó el proyecto Atucha 2 por más de diez años. Esa obra fue reactivada por Néstor Kirchner junto a Julio de Vido. Sin embargo, 20 años después tenemos la recorrida del Departamento de Estado de EE.UU. por las instalaciones nucleares nacionales.

El gobierno anunció a través de cadena nacional a fin de 2024 un plan nuclear argentino. ¿Qué hay de eso?

-En realidad eso fue un eslogan. La primera medida que tomó el Ejecutivo fue cancelar el proyecto insignia que tenía la Argentina, que era el CAREM, un reactor pequeño de 100 megas que podría ubicarse en diferentes zonas del país para proveer energía limpia las 24 horas. Javier Milei canceló el proyecto por pedido de Estados Unidos y contó con el aval del argentino Rafael Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica. Luego, el gobierno se asoció al programa First impulsado por Donald Trump, que consiste en vendernos su tecnología. 

¿Y qué significa esta asociación?

-Que perdemos nuestra capacidad de desarrollo y pasamos a ser importadores de una tecnología de otro país. Además, perdemos una buena cantidad de empleos y pasamos a importar trabajo. Lo más grave no solo es que se canceló el proyecto, sino que hay un deterioro de las instituciones nucleares mediante el congelamiento salarial y la falta de presupuesto. Además, se cancelaron la cuarta y la quinta central nuclear, una de ellas con diseño chino. Esto se debe a que Estados Unidos pegó el grito en el cielo diciendo que América Latina no iba a tener tecnología china en el sector nuclear.

Vaca Muerta e YPF

¿Por qué sale tanto el gas y el combustible en Argentina, si Vaca Muerta es la segunda reserva de gas no convencional y la cuarta reserva no convencional de petróleo en el mundo?

Los costos para los ciudadanos argentinos aumentan tanto porque las decisiones políticas equipararon los precios internos de la energía con los precios internacionales. Por ende, comprar un litro de nafta o un barril de petróleo en la Argentina equivale lo mismo a comprarlo en China, en Europa, en Medio Oriente o en Estados Unidos.

Pero se produce en Argentina esa energía…

-Justamente, tiene que ver con que la energía es política y hay una disputa de intereses muy fuerte. Aunque la explotación es comandada por YPF, también hay un conjunto de empresas que está ingresando a esa explotación y tienen un lobby muy fuerte con el gobierno. Incluso, algunas compañías ya tienen funcionarios en el Poder Ejecutivo. Básicamente, lo que exigen es una alta rentabilidad. Por lo tanto, la sociedad argentina tiene que discutir qué hacer con Vaca Muerta.

¿Qué impacto tuvo Vaca Muerta en la matriz del sector energético?

-Veníamos de un déficit de más de diez años por la falta de gas en invierno, donde teníamos que importar cinco mil millones de dólares anuales. Sin embargo, hoy Vaca Muerta permite que Argentina se convierta en un polo petrolero en América Latina. En términos de producción venimos cuartos después de Brasil, México y Venezuela. Ahora bien, la pregunta que debemos hacer es quién se apropia de esa gran rentabilidad.

Usted mencionaba a YPF, y se nota una campaña publicitaria muy fuerte de esa empresa. ¿Qué análisis hace del rumbo que tomó a partir de diciembre de 2023?

YPF está al servicio de sus accionistas y atraviesa una suerte de privatización encubierta porque está vendiendo todos los campos maduros de petróleo que tiene a empresarios amigos del poder. Por ejemplo, el exministro de Energía de Mauricio Macri, Javier Iguacel, armó una petrolera en tiempo récord y se quedó con siete campos maduros en la cuenca neuquina. Si no te acordás, Iguacel es el que armó la Causa Vialidad en la que metieron presa a Cristina Fernández.

Acceder a la energía casi que es un privilegio en Argentina. Cada vez es más difícil pagar los servicios públicos y llenar el tanque de nafta.

-No puede ser que un tanque de combustible ronde los 100 mil pesos. La energía se transformó en un bien de lujo porque cada vez es más difícil pagar las tarifas. Esto también viene atado a las exigencias del Fondo Monetario Internacional, que tiene dos capítulos sobre la quita de subsidios completa y la privatización de las empresas públicas. Por ende, de acá a que se vaya el gobierno tendremos más privatizaciones.

Una empresa clave pero desconocida

Hace poco empezó a circular el nombre de Transener, ¿qué es y por qué importa su privatización?

-Lamentablemente, no todos conocen Transener como conocemos YPF. Tal vez, ese error es nuestro, tenemos que mejorar la difusión para que la gente entienda de qué se trata. Transener administra y opera el transporte de la energía eléctrica que corre a través de esas torres gigantes que parecen robots al costado de las rutas. Como no hay libre competencia ni múltiples jugadores en este caso, estamos privatizando un punto estratégico del sector energético

Entonces, ¿cómo quedó reconfigurada la empresa?

-El 50 por ciento del control lo tiene Pampa Energía, y el otro 50 por ciento que estaba en manos de Energía Argentina Sociedad Anónima, pasó a Genneia y Edison Energía, que representa básicamente a los hermanos Neuss, amigos de Santiago Caputo. Hasta la licitación fue media turbia y ese 50 por ciento se vendió a un precio vil. Claramente, la privatización de Transener no es un negocio para la sociedad argentina.

Para cerrar, ¿cuál debe ser la tarea del próximo gobierno nacional?

-Tenemos que desarmar todo esto, hacer las revisiones de las transferencias de las empresas públicas al sector privado, litigar y volver a estatizar. No podemos permitir que el sector energético quede en manos del sector privado.


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