Cuando todos los días se parecen: una investigación analiza cómo la rutina puede impactar en la vejez

Un nuevo trabajo relaciona las jornadas más rutinarias con mayor soledad y peor funcionamiento cognitivo en personas mayores.

La rutina de los adultos mayores, bajo una nueva lupa. Crédito: cootrasena.
La rutina de los adultos mayores, bajo una nueva lupa. Crédito: cootrasena.
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¿En qué se parece un día a otro? La pregunta puede responderse mirando más que los horarios. También importa qué actividades se suceden, cuánto cambia de una jornada a otra y con quiénes se comparte cada momento. Un estudio sobre envejecimiento, analizado por la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes, desarrolló una herramienta para medir esas dimensiones de la vida cotidiana y encontró que una mayor repetición se asociaba con varios indicadores de bienestar menos favorables.

El análisis incluyó a 253 personas mayores del proyecto SECHURA, dedicado al entorno social y la salud cognitiva en áreas urbanas y rurales de Estados Unidos. A partir de 4.025 registros de evaluaciones realizadas durante la vida cotidiana, los investigadores construyeron un índice de rutina semanal, que compara las secuencias de actividades y la presencia de otras personas en distintos momentos.

El índice permite observar dos aspectos por separado: la repetición de las actividades y la estabilidad de la compañía. No mide únicamente si alguien se levanta o come a la misma hora. Analiza cuánto se parecen las secuencias cotidianas de una persona y si, además, suele compartir esos momentos con las mismas personas.

El equipo reunió registros repetidos de las actividades cotidianas de los participantes y de las personas con quienes compartían tiempo, un método que recoge datos sobre experiencias y actividades en la vida diaria. Con esos registros pudieron comparar las secuencias de cada participante, en vez de depender solo de una descripción general de sus hábitos.

Ese es uno de los aportes centrales del trabajo: proponer una forma más precisa de estudiar qué significa tener una rutina en la vejez. La regularidad puede brindar estructura, pero también puede estar relacionada con las oportunidades disponibles para realizar actividades distintas o encontrarse con otras personas. El índice permite observar esa estabilidad; por sí solo, no determina qué la produce ni si resulta beneficiosa o perjudicial.

Los hallazgos

El análisis mostró que la similitud entre los días aumentaba levemente con la edad y era mayor entre los hombres y las personas que no estaban casadas. También encontró que una mayor estabilidad tanto en las actividades como en la compañía cotidiana se asociaba con más soledad, más limitaciones funcionales, menor funcionamiento cognitivo y redes sociales más pequeñas y menos diversas.

Los resultados no significan que las rutinas repetitivas provoquen esos problemas. El estudio identificó asociaciones, pero no permite establecer qué aparece primero. Es posible que una vida cotidiana con menos variaciones coincida con menos oportunidades de encuentro; también puede ocurrir que las limitaciones funcionales o la soledad reduzcan las posibilidades de hacer actividades diferentes. Además, pueden intervenir otros factores.

Los autores plantean que las agendas muy estables podrían coexistir con una menor exposición a experiencias sociales y cognitivas. Esa posibilidad ayuda a explicar por qué estudiar la organización del día puede aportar información sobre el bienestar, pero requiere nuevas investigaciones. Tener horarios regulares no es, en sí mismo, una señal de aislamiento ni una condición perjudicial.

Con todo, el trabajo deja una herramienta para explorar esas diferencias con más detalle. En lugar de preguntar solamente si una persona tiene hábitos fijos, permite observar qué hace, con quién comparte el día y cuánto varía esa combinación.


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