
Por ejemplo, la Universidad cuenta con un Centro de Oncología Molecular y Traslacional (COMTra), dedicado a promover investigaciones para prevenir, detectar y combatir la enfermedad. Antes de la conformación del Centro, la Casa de Altos Estudios tuvo su Laboratorio de Oncología Molecular. Desde allí, un equipo dirigido por Daniel Gómez y Daniel Alonso desarrolló dos medicamentos que hoy en día se utilizan en el tratamiento contra el cáncer, en complementación con la quimioterapia y la radioterapia: racotumomab y desmopresina.
El racotumomab fue aprobado para pacientes de cáncer pulmonar de células no pequeñas y también se evalúa para suministrarse en neuroblastoma, un tipo de tumor pediátrico. Por su lado, la desmopresina se utiliza para tratar el cáncer de mama y el colorrectal, siendo estos dos los más predominantes en Argentina. Aunque la desmopresina ya existía, los investigadores lo utilizaron con otros fines. Esta estrategia, denominada reposicionamiento de drogas, es más económica y permite agilizar los tiempos para trasladar los resultados de la investigación a los pacientes.
Desde el COMTra, distintos especialistas estudiaron y desarrollaron una alternativa para tratar osteosarcoma, el cáncer de huesos más prevalente que afecta a niños, niñas y adolescentes. Para eso, la droga elegida fue propranolol, fármaco que originalmente se usa para tratar enfermedades cardiovasculares como arritmia e hipertensión. Al mismo tiempo, desde el Centro avanzan en un tratamiento contra casos complejos de cáncer de pulmón, que consiste en la combinación de dos fármacos: pembrolizumab y racotumomab. Aunque estas drogas ya se utilizan de manera separada en los hospitales, los ensayos preclínicos detectaron que el suministro en conjunto activa al sistema inmune, reconoce al tumor y lo ataca con mayor precisión.
Otros trabajos pioneros
A su vez, investigadores de la UNQ desarrollaron un inhibidor que ataca la “telomerasa”, una proteína que se encuentra presente en la mayoría de las células tumorales y que les confiere “inmortalidad”. El hallazgo fue aplicado sobre un tipo de cáncer de mama conocido como “triple negativo” y podría usarse a futuro en combinación con la terapia convencional. Para tomar dimensión del trabajo, el cáncer de mama se convirtió en 2020 en el tipo de cáncer más diagnosticado en el mundo: hubo más de 2,26 millones de nuevos casos y casi 685 mil muertes en el planeta.
Desde el Laboratorio de Bionanotecnología, David Ybarra y Fernando Alvira estudiaron cómo el cambio de administración (de vía oral a vía tópica) de vismodegib, una droga que se utiliza para tratar el cáncer de piel, podría disminuir los efectos secundarios y los costos de la terapia. Antes, los investigadores demostraron que el vismodegib podía ser administrado por la vía tópica para el tratamiento de carcinoma basocelular, un tipo de cáncer de piel agresivo y metastásico.
Como si fuera poco, en 2014, la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA) creó un proyecto para diseñar sistemas de administración nanométricos para radiofármacos, sustancias con componentes radiactivos que pueden ser utilizados tanto en el diagnóstico como en el tratamiento de enfermedades. De este plan participó Argentina, que desempeñó un rol clave gracias al aporte de Mariano Grasselli, director del Laboratorio de Materiales Biotecnológicos de la Universidad Nacional de Quilmes. En este sentido, el Laboratorio de la UNQ fue clave para probar la eficacia de nanopartículas y mejorar tratamientos contra el cáncer.
El esfuerzo tiene su premio
El trabajo llevado a cabo desde el Centro de Oncología Molecular y Traslacional le valió el reconocimiento a algunos de sus integrantes. Entre otras premiaciones, su director Daniel Gómez fue distinguido en 2024 como ciudadano ilustre por parte del Honorable Concejo Deliberante de Quilmes, y seleccionado en 2022 como “Defensor de pacientes oncológicos” a nivel internacional por la ONG Inspire2Live.

