Científicos descubren que los genes pueden ser determinantes en el éxito de tratamientos contra la obesidad

Un estudio internacional revela la presencia de factores que influyen en la eficacia y los efectos secundarios de semaglutida y tirzepatida. El hallazgo abre la puerta a tratamientos personalizados.

Tirzepatida y Semaglutida emergen como tratamientos prometedores para producir una pérdida de peso sostenida en el tiempo (imagen: ivleaguehydrate.com)
Tirzepatida y Semaglutida emergen como tratamientos prometedores para producir una pérdida de peso sostenida en el tiempo (imagen: ivleaguehydrate.com)

Los nuevos fármacos para tratar la obesidad transforman el presente de esta enfermedad crónica. Medicamentos como la semaglutida y la tirzepatida lograron algo que durante décadas pareció difícil: el descenso de peso sostenido. Sin embargo, no todas las personas responden igual. Hay quienes no modifican su peso corporal y experimentan desagradables efectos secundarios. Un grupo de científicos chinos identificó la causa: la predisposición genética. Los resultados forman parte de un artículo de la revista Nature, al que la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes tuvo acceso.

Los nuevos fármacos para la reducción del peso corporal aparecen como un tratamiento prometedor e incrementaron su popularidad en los últimos años. En Argentina están disponibles las versiones importadas, como Wegovy (semaglutida) y Mounjaro (tirzepatida), así como el Dutide, fabricado en laboratorios nacionales. Estos medicamentos actúan sobre dos hormonas, GLP-1 y GIP, que se liberan en el intestino luego de la ingesta de alimentos. Su función es incrementar la secreción de insulina, retrasar el vaciamiento gástrico y reducir las señales de apetito a nivel cerebral. La semaglutida actúa sobre GLP-1, mientras que la tirzepatida tiene un mecanismo dual al activar tanto GLP-1 como GIP.

A pesar de su eficacia, los resultados varían entre pacientes. En estudios clínicos con semaglutida, la pérdida de peso promedio fue cercana al 10 por ciento. Sin embargo, un 5 por ciento de los pacientes redujo 25 por ciento de su peso, mientras que más del 30 por ciento casi no respondió al tratamiento. A la variabilidad en la respuesta se suman los efectos secundarios: hay quienes experimentan náuseas y vómitos durante el tratamiento, mientras que otros lo atraviesan sin este tipo de síntomas.

Para responder el interrogante respecto de las diferencias entre pacientes, los autores del trabajo publicado en Nature analizaron a más de 27 mil personas tratadas con semaglutida y tirzepatida. Utilizaron una técnica conocida como estudio de asociación del genoma completo (GWAS, por sus siglas en inglés), que permite identificar variaciones genéticas vinculadas a características clínicas. Los investigadores se enfocaron en la pérdida de peso y la presencia de efectos adversos.

Gracias a estos estudios lograron identificar el gen GLP1R, que produce el receptor sobre el cual actúan semaglutida y tirzepatida. La mayor eficacia del tratamiento se asoció a una mutación de ese gen denominada rs10305420. Según los especialistas, esta variante presenta modificaciones en una región del receptor que podrían facilitar la entrada del fármaco a las células. En términos simples, se incrementa la sensibilidad del organismo al medicamento, lo que aumenta su eficacia.

Respecto de los efectos secundarios, los investigadores encontraron asociaciones con varios genes. Identificaron mutaciones en GLP1R y GIPR vinculadas con mayor riesgo de náuseas y vómitos. Todos los mecanismos que reducen la tolerancia de los pacientes impactan de forma directa en la permanencia en los tratamientos.

A partir de los resultados obtenidos, los investigadores desarrollaron modelos capaces de predecir qué pacientes responderían mejor y cuáles experimentarían mayores efectos secundarios. El objetivo es ambicioso: avanzar hacia tratamientos personalizados. Sin embargo, señalan que aún quedan desafíos. Para una medicina contra la obesidad hecha a medida será necesario contar con estudios sobre la evolución del peso a lo largo del tiempo, así como analizar el funcionamiento de distintos esquemas de dosis. Además, apuntan a ampliar el conocimiento sobre la interacción entre la dieta y la actividad física.

En Argentina, la obesidad afecta a casi el 30 por ciento de la población. Se trata de un conjunto de alteraciones que aumentan el riesgo de diabetes tipo 2 y se caracteriza por obesidad abdominal, glucosa elevada en sangre y presión arterial alta. En relación con esto, 1 de cada 10 adultos vive con diabetes. Los tratamientos con tirzepatida y semaglutida son los indicados para este tipo de pacientes.

Más allá de todo, el estudio llega a una conclusión contundente: la respuesta a los tratamientos para la obesidad no depende solo del comportamiento o el estilo de vida; los genes también influyen. La pregunta ya no es únicamente cuánto peso necesita perder una persona, sino también qué tratamiento tiene más probabilidades de funcionar en cada caso.


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