
Para llevar a cabo el estudio, Reinoso desarrolló junto a un equipo de especialistas tres escalas de medición. La primera analizó la eficiencia y la adaptabilidad, es decir, cómo y para qué emplean los alumnos a la IA. La segunda indagó en las implicancias éticas del uso de la inteligencia artificial, y la tercera examinó la brecha entre los estudiantes y los docentes. “Es un buen test para medir cómo los estudiantes están usando inteligencia artificial. Mientras responden esa pregunta, también piensan un poco en qué deberían preocuparse y en qué no”, resalta el investigador.
Y continúa: “Aunque lo usan más que nada para estudiar más rápido y procesar mucho material en poco tiempo, el estudiante se tiene que plantear si está haciendo trampa o no. A veces tenemos exámenes que son online y puede tener alguna inteligencia artificial en el teléfono. Entonces, debe haber alguna preocupación ética sobre la integridad académica”.
¿Aliada o enemiga?
Pese a ser una de las preguntas más sencillas, su respuesta en la educación superior todavía divide aguas: hay quienes se niegan a emplearla, y quienes ven inevitable su utilización y hacen foco en cómo y para qué. Por su parte, Gustavo Reinoso se encuentra en el segundo grupo. En este aspecto, advierte que los estudiantes la usan “muchísimo más” de lo que piensan los profesores.
“La inteligencia artificial forma parte del pensamiento y la cognición de los humanos en este momento. Por lo tanto, la pregunta es si los estudiantes pierden o no capacidades cognitivas cuando le delegan a la IA la síntesis de diferentes materiales educativos. Al mismo tiempo, la otra cuestión está vinculada a los sesgos alrededor de la información que se sintetiza”, señala.

Sin olvidar las raíces
Antes de convertirse en uno de los referentes de la terapia ocupacional a nivel mundial, Reinoso realizó sus estudios de grado en la Universidad Nacional del Litoral. En la previa de la crisis de 2001 en Argentina, cuando la ciencia y la tecnología también sufrían el ajuste y los científicos eran mandados a lavar los platos, el docente e investigador emigró a Estados Unidos para continuar sus estudios y dictar clases. Luego se fue a Irlanda por varios años y retornó a EE.UU.
Entre otros logros, Reinoso creó junto a la especialista Florencia Ricciardi un método para evaluar e intervenir a niños con problemas de escritura. Con más de 25 años de trayectoria, el investigador se transformó en experto en procesamiento e integración sensorial. En este aspecto, brinda servicios y educación a profesionales y familias de todo el mundo. Además, sus intereses de investigación incluyen autismo, jóvenes con discapacidad, dificultades para el aprendizaje y el desarrollo de herramientas de evaluación.
A pesar de haberse ido hace más de dos décadas, Reinoso no olvida sus raíces. Por eso, cuando Mariel Pellegrini, directora de la Maestría en Terapia Ocupacional de la UNQ, lo convocó para dar clases, el investigador no lo dudó. “La UNQ está entre las primeras diez universidades más transparentes. Uno se puede meter en el portal y ver en qué se gasta y a dónde va cada centavo. Para alguien que se fue de Argentina en los 90, eso es todo lo que está bien. Esto no lo hago por el salario, sino porque hay buena gente y buena predisposición en esta iniciativa, que es la primera maestría en TO a nivel nacional”, subraya.
Al ser consultado sobre los ataques y el desfinanciamiento que sufren la ciencia y la tecnología en el país, Reinoso es contundente: “Me parece un momento catastrófico. Trabajé toda mi vida con niños y familias que tienen discapacidad, problemas de aprendizaje y comportamiento. Si uno mira cómo está discapacidad en este momento en la República Argentina, es una vergüenza. La ciencia y la tecnología tienen que estar al servicio de la sociedad, es tiempo de que los argentinos pensemos un poco más en qué tipo de país queremos”.

