Compartió la cima de la cadena alimentaria con los vertebrados marinos del Cretácico. El hallazgo aporta nuevas pistas sobre el origen temprano de su inteligencia.

Durante buena parte de la historia, se pensó que los mares eran dominados por los grandes vertebrados: gigantescos reptiles marinos eran, esencialmente, quienes estaban en la cima de la cadena alimentaria en el período Cretácico tardío, hace cien millones de años. Sin embargo, de acuerdo con nuevos hallazgos, no estuvieron solos, pues, según descubrieron científicos japoneses, los pulpos gigantes también fueron superdepredadores. Los especialistas analizaron un conjunto de mandíbulas fosilizadas y publicaron sus conclusiones en un artículo de la revista Science al que la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes tuvo acceso.
Los mares del Cretácico no deben haber sido fáciles de habitar, sobre todo para las pequeñas criaturas. A los reptiles de gran tamaño se suman los invertebrados, no considerados previamente debido a la ausencia de registros fósiles. El equipo japonés analizó mandíbulas excepcionalmente conservadas, recuperadas en Japón y Canadá. A partir de esos restos, los especialistas identificaron dos especies extintas del género Nanaimoteuthis, parientes de los pulpos actuales. Estos invertebrados habrían tenido una longitud de casi veinte metros.
Los científicos a cargo del trabajo ubican a los pulpos cretácicos como superdepredadores debido al desgaste observado en las mandíbulas: en ellas aparecen fracturas y rayaduras profundas. Al comparar con los cefalópodos actuales, como pulpos y sepias, este tipo de marcas aparece cuando consumen organismos con esqueletos o estructuras resistentes. Es por esto que los investigadores concluyen que los pulpos gigantes tenían la capacidad de cazar y romper esqueletos o caparazones.
Otro hallazgo relevante fue la presencia de desgaste desigual entre los lados derecho e izquierdo de algunas mandíbulas. Ese patrón podría indicar una preferencia por usar más un lado del cuerpo que el otro. Lo llamativo es que este rasgo está asociado a sistemas nerviosos complejos, por lo que los investigadores japoneses sostienen que, además de ser cazadores, eran inteligentes. En la actualidad, los pulpos son reconocidos por su capacidad de aprendizaje y memoria; y este nuevo estudio sugiere que estas habilidades cognitivas podrían tener orígenes más antiguos de lo que se pensaba.
Más allá del hallazgo puntual, el trabajo aporta una mirada novedosa sobre los mares del pasado. La idea de que solo los vertebrados fueron los grandes depredadores durante cientos de millones de años choca con una excepción notable: enormes cefalópodos blandos, ágiles y probablemente inteligentes. Si futuras investigaciones refuerzan esta hipótesis, los océanos del Cretácico deberán incluir nuevos protagonistas. Los pulpos de veinte metros también fueron capaces de competir en la cima del ecosistema.

