La reprogramación celular parcial emerge como una estrategia para combatir enfermedades como el Alzheimer. Inversores de Silicon Valley invierten cada vez más dinero en este campo biomédico.

La población mundial envejece, eso no es un secreto. Con los avances en materia de salud, la expectativa de vida se extiende a edades cada vez mayores y con ello surgen nuevos desafíos. Revertir el envejecimiento a nivel cognitivo es una meta a la que varios especialistas aspiran, con el objetivo de que enfermedades como el Alzheimer encuentren un tratamiento efectivo. Es en este marco que cobra importancia el concepto de reprogramación celular parcial. Desde la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes se explora en qué consiste este enfoque.
La reprogramación celular parcial es una técnica innovadora del campo de la biología molecular. Consiste en rejuvenecer células adultas manteniendo su identidad. Mediante sustancias específicas, el reloj biológico retrocede. Aunque suene prometedor, aún forma parte de la investigación básica. En este contexto, un estudio reciente publicado en la revista Cell demuestra que la reprogramación parcial puede revertir signos de envejecimiento en neuronas asociadas a la memoria. Mediante terapia génica, un grupo de científicos de Suiza logró restaurar funciones cognitivas en ratones con enfermedad de Alzheimer.
Según los especialistas que llevaron adelante el trabajo, los animales recuperaron capacidades de aprendizaje y memoria comparables a las de ratones jóvenes. Por ello, sugieren que el envejecimiento podría no ser un proceso lineal e irreversible, sino susceptible de ser modulado a nivel celular. En particular, la posibilidad de actuar sobre tejidos específicos abre nuevas puertas para tratar enfermedades neurodegenerativas. Sin embargo, los expertos actúan con cautela y advierten que la mayoría de los estudios se realiza en modelos animales. La extrapolación a seres humanos implica desafíos técnicos, éticos y regulatorios. Además, persisten interrogantes sobre los efectos a largo plazo y la seguridad de estas intervenciones.
Más allá de las incertidumbres, los resultados del trabajo suizo, y otros que lo precedieron, fueron lo suficientemente prometedores como para atraer inversiones millonarias de actores reconocidos del mercado internacional.
Inversiones millonarias
Yuri Milner es un empresario y físico teórico nacido en Moscú en 1961. Fundó DST Global, desde donde apostó temprano por empresas como Facebook, Twitter y Spotify. Su historial de inversiones lo posiciona como uno de los actores más influyentes en la financiación de tecnologías disruptivas. En 2020 participó en una reunión clave en California, donde un grupo selecto de investigadores debatió el futuro de la reprogramación celular parcial. De ese encuentro surgió, en 2022, la empresa Altos Labs, con una inversión inicial de 3.000 millones de dólares que marcó un récord mundial en financiación biotecnológica.
La magnitud de la inversión atrajo a otros actores de Silicon Valley, el principal polo de innovación tecnológica mundial, situado al norte de California. Así se generó una carrera por participar en lo que muchos consideran la próxima gran revolución biomédica. Según analistas del sector, el masivo interés del capital privado marcó un cambio en la percepción del envejecimiento: pasó de ser un proceso inevitable a un problema tratable.
Entre los nuevos inversores se encuentra Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, quien financió la creación de Retro Biosciences, una empresa centrada en prolongar diez años la vida humana saludable. Por su parte, Brian Armstrong, CEO de la plataforma de criptomonedas Coinbase, fundó NewLimit, dedicada a explorar la reprogramación celular.
En paralelo, otras compañías avanzan hacia aplicaciones clínicas. Life Biosciences, con sede en Boston, se perfila como una de las primeras en probar la tecnología de reprogramación celular en seres humanos. La empresa propone una versión parcial de esta técnica para evitar riesgos como la formación de tumores. En las primeras etapas se tratará a un pequeño grupo de pacientes, que serán monitoreados durante al menos cinco años.
Por el momento, los avances se dan paso a paso. Los posibles tratamientos emergen gracias a la curiosidad de los científicos, pero también impulsados por miles de millones de dólares. El objetivo de revertir el envejecimiento y extender la vida humana saludable es ambicioso, pero ya no parece inalcanzable.

