
“Toda mi familia fue exiliada de la Guerra Civil. Mi abuelo cruzó en 1939 y el resto lo hizo de forma clandestina en 1947. Aunque en España hay una Ley de Memoria Democrática, hubo una dictadura de años que dejó marcas en las generaciones posteriores y aún queda mucho trabajo por hacer en favor de quienes lucharon contra el franquismo y el fascismo. Queremos que el reconocimiento no solo sea la adquisición de la ciudadanía española, sino dar cuenta que estos exiliados fueron revolucionarios y que sus ideas todavía perduran en sus descendientes”, señala Garófalo, en diálogo con la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes.
Y continúa: “En un momento tan álgido del mundo donde los fascismos están resurgiendo y las memorias están ocultas, es importante volver a poner este tema en agenda. Yo ya estuve en España cuando le hicieron un reconocimiento a mi mamá, que fue una de ‘las niñas de la guerra’. Cuando hablábamos de la Guerra Civil y del exilio, se notaba muy claro que la dictadura había durado casi 40 años, porque el silencio y el desconocimiento que había, incluso en integrantes de partidos de izquierda, era increíble”.
Tradición de lucha
Garófalo pudo reconstruir la historia de su familia, y la de su abuelo en particular, gracias a documentos que él mismo guardó durante muchos años y que casi se pierden en una mudanza. “Ese archivo personal estaba en una bolsa para descartar el día que se vendió la casa de mis abuelos. Yo era muy joven y cuando lo encontré, lo guardé como algo familiar. Sin embargo, pasaron los años y todavía sigo leyendo la letra de mi abuelo y conversando con esos documentos todos los días”, cuenta la historiadora.
Entre otros acontecimientos, Luis Robles Francisco, el abuelo de Sonia Garófalo, participó en la Batalla del Ebro (duró de julio a noviembre de 1938, fue una de las más sangrientas de la Guerra Civil y definió el destino de España). Luego, fue parte de un grupo de guerrilleros antifranquistas y antifascistas, y también integró una de las columnas encargadas de la liberación de París en 1944, que estaba en manos de los nazis.
Además de ser graduada en Historia de la Universidad Nacional de Quilmes, Garófalo es directora del Museo Municipal Malvinas de Avellaneda. En este sentido, continúa con una tradición que no solo heredó de su abuelo en Europa, sino que continuó en Argentina. Tal es así que durante la última dictadura cívico militar tuvo un tío desaparecido, Manuel Coley Robles, que trabajaba en la fábrica Rigolleau de Berazategui. “Por suerte, tengo la misma impronta de mi familia. Es algo que llevo conmigo y lo tengo que mantener vivo, así que el Museo tiene también un poquito de esa impronta”, resalta la historiadora.

