
Sofía Citelli, estudiante de la carrera de Ciencia Política en la Universidad Nacional de Entre Ríos, relata: “Estudiar se volvió muchísimo más difícil porque cada vez más personas tienen que salir a buscar trabajo en un contexto donde conseguir empleo se volvió una ‘misión imposible’. Muchos terminamos haciendo changas o emprendemos rebusques para subsistir y, como consecuencia, algunos cursan menos materias y otros directamente abandonaron porque ya no pueden pagar un alquiler, viajar todos los días o sostener los gastos básicos”. La estudiante entrerriana además es mamá y afirma: “Perdí mi trabajo y mi compañero también. A pesar de eso, tenemos un techo, contamos con ayuda familiar y somos de los que ‘se la rebuscan’. Vivimos en primera persona esta crisis, que no solo nos afecta como estudiantes, sino en todos los aspectos de nuestra vida”.
Los y las entrevistadas coinciden también en el tono de las charlas que se dan al interior de las aulas con los docentes. Por ejemplo, Cristian Silva, estudiante de la Licenciatura en Antropología Social de la Universidad Nacional de Misiones, detalla a la Agencia: “Muchos docentes han expresado su intención de abandonar las cátedras. El 75 por ciento del plantel docente tiene dedicación simple con ingresos de 364 mil pesos como máximo. Y los estudiantes realizan ventas de chipa, focaccia, perfumes, entre otras cosas, para tratar de obtener algún ingreso”. A su vez, Karen Acosta, estudiante de la Licenciatura en Artes Digitales de la UNQ, añade: “Hay muchos profesores que tienen doctorados y posgrados, y es muy injusto que estén viviendo esta situación donde las políticas no los están amparando”.
Según un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), el presupuesto destinado a las casas de estudio cayó un 45,6 por ciento desde 2023 hasta la actualidad, lo que afecta principalmente a salarios de docentes y nodocentes. Por ejemplo, para enero de este año, la Canasta Básica Total alcanzó $1.360.299 y únicamente los docentes titulares con dedicación exclusiva y los nodocentes con categoría 1 y 2 (los sueldos más altos) superan ese umbral, mientras que el resto de los trabajadores docentes y nodocentes perciben salarios menores que los ubican por debajo de la línea de pobreza e, incluso, de indigencia.
Frustración, agotamiento y esperanza
Entre las preocupaciones que abundan, la principal es el futuro de las carreras universitarias. Citelli define: “Muchos sentimos angustia porque no sabemos si vamos a poder seguir cursando, terminar la carrera o conseguir trabajo una vez egresados. Hay mucho miedo, frustración y agotamiento frente a un contexto donde todo parece derrumbarse en cascada”.
Perez Bentancur agrega: “Nos preocupa que el cuatrimestre no termine y que efectivamente la universidad cierre. Sabemos que lo único que podemos hacer por ahora es seguir adhiriéndonos a las marchas, a los paros y a todas las medidas de fuerza que se puedan tomar. Es un tema que ya está visible, lo que queda es insistir y presionar al poder”. El cuatrimestre ya tuvo varias semanas de paro y se esperan otras en los meses que quedan.

