Roberto Abdala: “Sin presupuesto es muy difícil pensar y soñar una escuela distinta”

El director de la Licenciatura en Educación de la UNQ realiza un diagnóstico sobre el estado actual y plantea una hoja de ruta para superar la crisis educativa.

Roberto Abdala en Al borde del precicipcio. Créditos: Captura UNQ TV.
Roberto Abdala en Al borde del precipicio. Créditos: Captura UNQ TV.
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Casi todo el mundo coincide en que la educación es uno de los pilares fundamentales en la construcción de un país y de una sociedad determinada. Sin embargo, cuando se observan las estadísticas, en Argentina pareciera lo contrario. Según un informe de Argentinos por la Educación, solo el 63 por ciento de los estudiantes llega al último año de secundario a la edad que le corresponde, es decir, sin repetir o abandonar. Incluso, la cifra sobre aprendizajes suficientes arroja un dato peor: tan solo uno de cada 10 estudiantes aprende o incorpora los contenidos esperados en esta etapa. A pesar de los anuncios del gobierno, cada vez se invierte menos en el rubro. Los docentes acumulan más y más horas de clases, pero casi no llegan a fin de mes. En este marco, para comprender las múltiples aristas que hacen a la crisis educativa que atraviesa el país, Al borde del precipicio conversó con Roberto Abdala, director de la Licenciatura en Educación de la Universidad Nacional de Quilmes y magister en Políticas Educativas.

-¿Cuál es su diagnóstico respecto a la educación y a la situación del sistema educativo en Argentina? 

-Es bastante complejo. Las estadísticas demuestran que hay mucho para trabajar, pero la política, desgraciadamente, no quiere enfrentar este problema, porque enfrentarlo implica asumirlo, y a veces significa asumir fracasos que no son nuevos, sino que tienen años de gestación. Para colmo, la polarización nos pone en un lugar difícil.  

-¿En qué sentido?

-En 2025 participamos en una actividad que hizo Ceibal, el programa de tecnología para la educación en Uruguay. Para varios de los que estábamos ahí, lo más envidiable es que se trata de una política de Estado que se sostiene con gobiernos de distintos matices e ideologías. Eso es lo que falta en Argentina. 

El gobierno presentó en julio de 2024 un Plan Nacional de Alfabetización frente a la casa de Domingo Faustino Sarmiento en San Juan. ¿Qué hay de concreto a casi dos años de aquel anuncio?

-Nadie sabe bien qué se hace. Algunas provincias realizaron algunas acciones y otras no. La verdad, si tenemos que hablar de la alfabetización inicial, todavía no hay una mejora. La cuestión central tiene que ver con el federalismo. Un país desigual y federal es doblemente desigual, porque las realidades que te encontrás en las provincias son muy distintas. No se puede gestionar casi ninguna mejora de política educativa si no hay recursos materiales. Aunque suena crudo, es así. Por más creatividad que haya, todo tiene un límite si no se destina el dinero necesario. 

-Algunas personas ya ven el cierre de escuelas como una posibilidad no tan lejana. Incluso, el hecho de que cada vez nazcan menos chicos alimenta ese discurso. Por ejemplo, en algunos jardines ya juntan las salas de tres y de cuatro años. 

-Por primera vez en la historia, la provincia de Buenos Aires tiene más estudiantes en nivel secundario que en nivel primario. Es un tema que la política educativa ignoró porque está mirando a cuestiones que están lejos de donde tendrían que apuntar. Ahora parece que fuera una bomba demográfica, pero hay gente que hace años que estudia y escribe sobre este fenómeno. Hoy ya vemos algunas escuelas privadas que cierran en la Provincia y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Entonces, la política educativa se tiene que organizar con una mirada de futuro, porque hay gente que se puede quedar sin trabajo. El paraíso de un curso con 14 estudiantes y dos docentes suena muy lindo, pero hay restricciones presupuestarias graves que parece que no se corregirán en el corto plazo.

En el fondo de la tabla

-En los hechos concretos, las estadísticas de las pruebas PISA y las Aprender demuestran un panorama cada vez peor en el aprendizaje de los estudiantes. 

-Lo que se ve es un retroceso, ni siquiera un amesetamiento. Si vemos las tablas PISA, que es una evaluación internacional, Argentina no sale de la zona baja. Axel Rivas, un especialista en educación, decía que los chicos de las escuelas de elite argentina rendían al nivel de los estudiantes de los sectores más desfavorecidos de Canadá.

-Las cifras de las pruebas Aprender 2024 dan cuenta de que las escuelas de gestión privada tuvieron mejores resultados, y que los estudiantes de niveles socioeconómicos más altos rindieron mejor que los niveles socioeconómicos más bajos.

El problema es cómo se educa en una sociedad tan desigual, donde se reducen los impuestos para ciertos bienes de lujo y al mismo tiempo mucha gente no puede pagar el colectivo o el tren para ir a trabajar. De esta manera, reaparecen debates que ya hubo en otras épocas sobre qué se le debe enseñar a cada chico. ¿Tengo que enseñarle inglés a un chico de un barrio tan carenciado, o por ahí le sirve más que le enseñe a hacer una huerta comunitaria? 

-De acuerdo a lo que cuenta, el panorama es cada vez peor. 

-Como dice Mariano Narodowski, estamos viendo una escuela empobrecida para los sectores más vulnerables, y una escuela más enriquecida o desarrollada para los que la puedan pagar. De hecho, la gestión privada creció mucho en Argentina en las últimas décadas. No obstante, “caer en la escuela pública” es un discurso peligroso y señala a una institución a la cual hay que desdeñar o temer.

Del dicho al hecho

-Muchos políticos hablan de la escuela pública, pero mandan a sus hijos a escuelas privadas. En el mejor de los casos, los mandan a la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini o al Colegio Nacional Buenos Aires, pero no van a la escuela del barrio.  

A la clase política, e incluso a los defensores de la escuela pública, les falta sinceramiento, porque muchos no la eligen para sus hijos. Se necesita coherencia para estos casos. ¿Van a una escuela de gestión privada porque les queda cerca o por otro motivo? Hay algo que es muy cierto acá y en cualquier país, y es que las escuelas se segregan automáticamente, ni siquiera por una ley. 

-¿A qué se debe?

-Se debe a que buscamos una escuela de gente parecida a nivel de ingresos y de cultura. Entonces, terminamos agrupándonos con los que se nos parecen, y así el sistema termina segregado. Y en esa segregación no se escapa nadie, ni el profesor universitario ni el político que defiende a la educación pública.

Los nuevos docentes

-Además de ser el director de la Licenciatura de Educación, es profesor de la práctica docente, que debería ser la última materia que cursan los estudiantes antes de recibirse en el profesorado universitario. ¿Qué problemas nota en la formación de los futuros profesionales?

-Primero, hay que comprender que los que hoy quieren ser docentes no son los mismos que hace treinta o cuarenta años.

-¿En qué sentido? 

-En el sentido del origen y el nivel de cultura que generalmente tienen. Por ejemplo, hay docentes de matemática que tienen estudiantes que no saben o no recuerdan la regla de tres simple. Entonces, en vez de enseñarles la didáctica de la matemática, pierden tiempo enseñando matemática. Esto cada vez será más complejo. 

-¿Por qué motivo?

-Porque es una profesión que no tiene reconocimiento salarial en ningún nivel educativo. Hay profesores que cobran incluso por debajo de la línea de pobreza. De hecho, conozco estudiantes que quieren seguir la carrera docente, pero sus familias los desalientan. Hay una anécdota que ilustra la situación: en la universidad, un maestro preguntó por qué habían elegido la profesión, y una de las respuesta fue “para tener obra social”. Él pensó que era broma, pero no. Entonces, esto determina mucho el para qué. ¿Soy docente porque me gusta enseñar y me gusta mi disciplina, o soy docente por otro motivo?

Guía para recuperar al paciente

-Recorrimos diferentes aristas de un problema muy complejo y el diagnóstico es grave. De acuerdo a su criterio, ¿por dónde se debería arrancar para recomponer la situación?

-Primero hay que buscar acuerdos básicos e implementar una política pública de planificación, implementación y evaluación. También hay que planificar para la demografía decreciente qué escuela vamos a hacer en el futuro. Después, hay que revalorizar la carrera docente y reconocerle el lugar que societariamente tiene, a pesar de que hay cuestiones culturales y filosóficas que han cambiado.

-El desprestigio no solo es salarial, sino también a nivel profesional. Hay muchas familias que cuestionan el trabajo de los docentes… 

-Aunque la familia rompió su alianza con la escuela y a veces es hasta un antagonista, la sociedad tampoco encontró otra cosa para educar y para acompañar a las generaciones más jóvenes. Por lo tanto, hay que recomponer la formación y el sueldo. No alcanza con docentes bien capacitados y profesionales, pero con salarios bajos. Sin presupuesto es muy difícil pensar y soñar una escuela distinta.

-¿Bastaría con eso?

Si no nos hacemos cargo de las desigualdades sociales y de un montón de otras cuestiones que van al margen de la educación, entramos en el error de pensar que con la educación se soluciona todo. Cada uno se tiene que hacer cargo de lo que le corresponde.


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