
La ciencia detrás del cansancio
La Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes accedió a un trabajo, publicado en PubMed, donde se describen dos caminos principales por los que la altura afecta el rendimiento futbolístico. Por un lado, la menor disponibilidad de oxígeno reduce la capacidad aeróbica, aumenta la intensidad relativa de cada esfuerzo y retrasa la recuperación entre acciones de alta intensidad. Por otro, el aire menos denso modifica la resistencia y el arrastre de la pelota, lo que también puede alterar la percepción y la coordinación de los jugadores.
La altura no necesariamente se ve en una jugada aislada. Su efecto aparece en la suma de pequeños detalles: una presión que llega medio segundo tarde, una cobertura que pierde metros, una decisión técnica tomada con fatiga. En el fútbol de elite, donde los márgenes son cada vez más estrechos, esos detalles pueden pesar. Una recuperación incompleta antes de defender una transición, un cierre tardío o un pique menos explosivo pueden modificar el desarrollo de un partido.

La evidencia también muestra que la adaptación importa. Los efectos más fuertes aparecen al inicio de la exposición y pueden atenuarse con aclimatación, aunque la recuperación completa del rendimiento de “nivel del mar” depende de la altura de competencia y del tiempo disponible para prepararse. En un Mundial, donde los calendarios son ajustados y las sedes cambian, esa planificación puede convertirse en una ventaja deportiva. No es lo mismo llegar con días de preparación que aterrizar, entrenar poco y competir.
No se trata solo de laboratorio. Un análisis estadístico de partidos internacionales jugados en Sudamérica encontró que los equipos acostumbrados a la altura obtuvieron ventaja frente a rivales de tierras bajas. Según ese trabajo, con cada mil metros adicionales de diferencia de altitud, la diferencia de goles aumentó cerca de medio gol a favor del equipo local de altura.
Otras revisiones más recientes, centradas en partidos reales de fútbol de elite, van en la misma dirección, pero con matices. A medida que aumenta la altitud, aparecen con mayor consistencia efectos negativos sobre variables físicas como distancia total recorrida y carrera a alta velocidad. Sin embargo, los especialistas advierten que todavía faltan estudios más amplios y estandarizados.
Altura, calor y calendario
El calor agrega otra capa. En el Mundial de Estados Unidos, algunos equipos podrán pasar de la altura mexicana a la humedad de otras sedes. El organismo no responde igual a correr en aire seco y menos denso que a competir con altas temperaturas, donde el desafío principal es disipar calor y sostener la hidratación.
En ambos casos, el cuerpo administra recursos: baja intensidad, elige cuándo acelerar y regula esfuerzos para no agotarse antes de tiempo. La estrategia, entonces, no empieza solo en la pizarra: también empieza en la fisiología.
La altura no gana partidos por sí sola, pero puede inclinar detalles. Además del esfuerzo físico, el aire menos denso puede modificar el comportamiento de la pelota: viaja de otra manera, cambia su velocidad y puede exigir ajustes en remates, centros y despejes.
Para algunos seleccionados, la preparación será tan importante como el planteo táctico. México volverá a ofrecer fiesta, historia y tribunas encendidas. También una condición ambiental que la ciencia estudia desde hace décadas. Con todo, la pelota no solo rodará entre camisetas y estrategias: también lo hará entre presiones, pulmones y metros sobre el nivel del mar.

