La altura: el rival silencioso que también juega el Mundial

La Ciudad de México y Guadalajara pondrán a prueba una vieja certeza de la fisiología deportiva: cuando baja la presión de oxígeno, correr, presionar y recuperarse cuesta más.

Argentina y el Estadio Azteca, una postal inevitable: en la altura de la Ciudad de México, la Selección escribió una de las páginas más recordadas de su historia y dejó en evidencia que, además del rival, también juegan el aire, los pulmones y la adaptación. Créditos: AFA.
Argentina y el Estadio Azteca, una postal inevitable: en la altura de la Ciudad de México, la Selección escribió una de las páginas más recordadas de su historia y dejó en evidencia que, además del rival, también juegan el aire, los pulmones y la adaptación. Créditos: AFA.
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No aparece en la formación, no usa camiseta y no figura en las estadísticas oficiales. Sin embargo, puede cambiar el ritmo de un partido. La altura será uno de los rivales invisibles del Mundial 2026, sobre todo en los encuentros que se disputen en México. El Estadio Azteca, rebautizado por FIFA como Mexico City Stadium durante el torneo, se ubica a más de 2.200 metros sobre el nivel del mar; Guadalajara, otra sede mexicana, está cerca de los 1.566 metros. Para los equipos acostumbrados a jugar a baja altitud, el desafío no será solo táctico, sino también será respiratorio, muscular y energético.

La explicación empieza antes de que ruede la pelota. En altura, el aire conserva el mismo porcentaje de oxígeno, pero la presión atmosférica es menor. Eso reduce la presión parcial de oxígeno y, en la práctica, dificulta su llegada a los músculos durante esfuerzos intensos. En un partido, donde se alternan piques, frenadas, cambios de dirección, presión alta y recuperaciones breves, esa diferencia puede sentirse rápido. A la misma carrera, el cuerpo responde como si el esfuerzo fuera mayor: el jugador respira más, el corazón trabaja más y la recuperación entre un pique y otro puede volverse más lenta.

La ciencia detrás del cansancio

La Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes accedió a un trabajo, publicado en PubMed, donde se describen dos caminos principales por los que la altura afecta el rendimiento futbolístico. Por un lado, la menor disponibilidad de oxígeno reduce la capacidad aeróbica, aumenta la intensidad relativa de cada esfuerzo y retrasa la recuperación entre acciones de alta intensidad. Por otro, el aire menos denso modifica la resistencia y el arrastre de la pelota, lo que también puede alterar la percepción y la coordinación de los jugadores.

La altura no necesariamente se ve en una jugada aislada. Su efecto aparece en la suma de pequeños detalles: una presión que llega medio segundo tarde, una cobertura que pierde metros, una decisión técnica tomada con fatiga. En el fútbol de elite, donde los márgenes son cada vez más estrechos, esos detalles pueden pesar. Una recuperación incompleta antes de defender una transición, un cierre tardío o un pique menos explosivo pueden modificar el desarrollo de un partido.

El Estadio Azteca, escenario de la final entre Argentina y Alemania en México 1986, será una de las sedes del Mundial 2026. Allí, la altura volverá a jugar su propio partido. Crédito: TyC.
El Estadio Azteca, escenario de la final entre Argentina y Alemania en México 1986, será una de las sedes del Mundial 2026. Allí, la altura volverá a jugar su propio partido. Crédito: TyC.

La evidencia también muestra que la adaptación importa. Los efectos más fuertes aparecen al inicio de la exposición y pueden atenuarse con aclimatación, aunque la recuperación completa del rendimiento de “nivel del mar” depende de la altura de competencia y del tiempo disponible para prepararse. En un Mundial, donde los calendarios son ajustados y las sedes cambian, esa planificación puede convertirse en una ventaja deportiva. No es lo mismo llegar con días de preparación que aterrizar, entrenar poco y competir.

No se trata solo de laboratorio. Un análisis estadístico de partidos internacionales jugados en Sudamérica encontró que los equipos acostumbrados a la altura obtuvieron ventaja frente a rivales de tierras bajas. Según ese trabajo, con cada mil metros adicionales de diferencia de altitud, la diferencia de goles aumentó cerca de medio gol a favor del equipo local de altura.

Otras revisiones más recientes, centradas en partidos reales de fútbol de elite, van en la misma dirección, pero con matices. A medida que aumenta la altitud, aparecen con mayor consistencia efectos negativos sobre variables físicas como distancia total recorrida y carrera a alta velocidad. Sin embargo, los especialistas advierten que todavía faltan estudios más amplios y estandarizados.

Altura, calor y calendario

El calor agrega otra capa. En el Mundial de Estados Unidos, algunos equipos podrán pasar de la altura mexicana a la humedad de otras sedes. El organismo no responde igual a correr en aire seco y menos denso que a competir con altas temperaturas, donde el desafío principal es disipar calor y sostener la hidratación.

En ambos casos, el cuerpo administra recursos: baja intensidad, elige cuándo acelerar y regula esfuerzos para no agotarse antes de tiempo. La estrategia, entonces, no empieza solo en la pizarra: también empieza en la fisiología.

La altura no gana partidos por sí sola, pero puede inclinar detalles. Además del esfuerzo físico, el aire menos denso puede modificar el comportamiento de la pelota: viaja de otra manera, cambia su velocidad y puede exigir ajustes en remates, centros y despejes.

Para algunos seleccionados, la preparación será tan importante como el planteo táctico. México volverá a ofrecer fiesta, historia y tribunas encendidas. También una condición ambiental que la ciencia estudia desde hace décadas. Con todo, la pelota no solo rodará entre camisetas y estrategias: también lo hará entre presiones, pulmones y metros sobre el nivel del mar.


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