Qué es el “plastic eating”, el fenómeno viral que incita a los trastornos de conducta alimenticia

El contenido propone masticar un alimento envuelto en plástico y escupirlo. Se vende como un truco para adelgazar rápido, pero esconde peligros para la salud.

Argentina es considerado el segundo país con más casos de trastornos de la conducta alimentaria (TCA) a nivel mundial. Créditos: Programa Desconecta.
Argentina es considerado el segundo país con más casos de trastornos de la conducta alimentaria (TCA) a nivel mundial. Créditos: Programa Desconecta.
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Todo el tiempo aparecen nuevos desafíos en las redes sociales que inician en una parte del mundo y se viralizan a la velocidad de la luz hacia el resto de los rincones del planeta. Esta vez se volvió famoso el “plastic eating”, un fenómeno que consiste en introducirse un pedazo de plástico o de film en la boca antes de meterse un alimento, masticar la comida con este plástico y luego escupirla. Este producto se popularizó originalmente en Douyin, la red social china, y se extendió luego a Instagram y TikTok, llegando así a países de Europa y América. Quienes la practican plantean que este acto permite sentir el gusto de los alimentos, calmar la ansiedad por hambre y engañar al estómago. Lo que se esconde por detrás es lo de siempre: la búsqueda incansable por la delgadez y dietas que incitan al trastorno de conducta alimenticia.

Bajo el hashtag #PlasticEating u otras variantes que buscan sortear la moderación de contenido de estas plataformas, las personas que realizan este fenómeno plantean que la práctica es segura y que ayuda a disfrutar la comida sin ingerir calorías. De esta manera, venden una especie de truco ideal para adelgazar más rápido. Además, aunque mayoritariamente quienes lo promueven son mujeres, también hay hombres implicados.

El problema es que lejos de ser un desafío sano, como aseguran, esconde por detrás varios peligros. El principal es que desarrolla prácticas y sensaciones que podrían incitar o favorecer los trastornos de conducta alimentaria al generar miedo a las calorías y a engordar, y a restringir el placer relacionado con las comidas. A su vez, conlleva otros riesgos como una posible asfixia al ingerir el plástico, problemas dentales y la exposición innecesaria a microplásticos y sustancias nocivas que pueda traer el material.

Si bien las prácticas de no comer o hacer maniobras para engañar al cuerpo no son nuevas, el impacto mayor lo produce el lugar donde se mueven actualmente: las redes sociales. Cuando se bucea estos hashtags, ya sea para seguir los trends del momento o para cuestionarlos, el algoritmo comienza a ofrecer contenido similar. Así, se genera un efecto de creer que estas prácticas son más comunes de lo que parece por lo que “quizás no sean tan graves” y, a su vez, refuerza el ideal de belleza que nadie alcanza y la obsesión por la delgadez extrema. Estándares que están continuamente siendo reforzados por, por ejemplo, influencers o artistas del momento.

De hecho, no es el primer reto que se viraliza y que favorece los trastornos alimenticios. Por ejemplo, está la dieta de “Princesas de Disney”, que disfrazadas de ternura, plantean bajar 10 kilos en dos semanas. Así, por ejemplo, durante el “día Blancanieves” sólo se puede comer manzanas rojas, en el “día de la Sirenita” se debe realizar ayuno total y consumir sólo agua, y en el de Cenicienta se puede comer sólo hasta las doce del mediodía y menos de 600 calorías.

De igual manera, las dietas détox o para desintoxicarse que circulan a diario en redes y sobre todo en épocas festivas, proponen ingerir sólo líquidos o jugos de determinadas frutas o verduras por varios días. Otras sugieren eliminar el gluten y los lácteos. El problema con estas dietas es que pueden generar efectos no deseados y perjudiciales para la salud al no contar con una supervisión médica y seguir solo lo planteado por el influencer de turno.

También están la dieta de la luna, del pomelo, de la tierra y la lista sigue. Todas promueven que la restricción de la comida es el camino válido para lograr un cuerpo perfecto. Se generan, entonces, relaciones ansiosas con los alimentos, ciclos de restricciones y atracones, insatisfacción corporal y un malestar constante. Así, lo que comienza como algo gracioso, comienza a compartirse y viralizarse y puede crear o profundizar trastornos ya existentes.


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