Trasplante de órganos en Argentina: cómo funciona la nueva técnica que aprobó el INCUCAI

El país incorporó la perfusión regional normotérmica, una tecnología que preserva órganos y busca ampliar las posibilidades para quienes los necesitan.

La perfusión regional normotérmica restablece de manera controlada sangre y oxígeno en determinados órganos después de certificarse el fallecimiento del donante. Créditos: Argentina.gob.
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Un corazón, un hígado o un riñón no dejan de ser útiles en el mismo instante en que una persona muere. Sin embargo, cuando la circulación se detiene comienza una carrera contra el reloj: los tejidos dejan de recibir oxígeno, las células empiezan a dañarse y aumenta el riesgo de perder una posibilidad de trasplante de órganos.

¿Y si, después de certificar la muerte, fuera posible volver a llevar sangre y oxígeno a las zonas donde se encuentran los órganos que podrían ser donados? Eso es, en términos simples, lo que permite la perfusión regional normotérmica (PRN), un procedimiento que acaba de incorporarse formalmente al sistema argentino de procuración y trasplante. El Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (INCUCAI) aprobó mediante la Resolución 275/2026 las normas nacionales para aplicar la PRN abdominal, torácica y toracoabdominal. La medida fue publicada a comienzos de agosto y busca aumentar la disponibilidad de órganos aptos para trasplante.

¿Qué es la perfusión regional normotérmica? Para entender por qué esta tecnología puede cambiar la donación de órganos hay que empezar por lo que sucede cuando la sangre deja de circular. Las células necesitan oxígeno para producir energía. Cuando se interrumpe el flujo sanguíneo aparece la isquemia, es decir, la falta de irrigación de los tejidos. Si esa situación se prolonga, comienzan alteraciones metabólicas y daño celular que pueden comprometer el funcionamiento posterior del órgano.

Tradicionalmente, una de las principales estrategias para retrasar ese deterioro consiste en enfriar los órganos. Las bajas temperaturas reducen el metabolismo celular y permiten ganar tiempo. La perfusión normotérmica propone otra estrategia: una vez certificado el fallecimiento por criterios circulatorios, se utiliza un circuito extracorpóreo para restablecer de manera controlada sangre caliente y oxigenada en una región específica del cuerpo.

No se recupera la circulación general: la intervención se limita a las zonas donde se encuentran los órganos que serán evaluados. La palabra “normotérmica” hace referencia justamente a que se trabaja aproximadamente a la temperatura normal del cuerpo. El objetivo no es revertir la muerte, sino preservar mejor los órganos destinados a una eventual donación.

Por qué puede haber más órganos disponibles

La principal ventaja es que el procedimiento no se limita a frenar el deterioro. Al recuperar el suministro de oxígeno, los profesionales pueden observar cómo responde un órgano antes de decidir si está en condiciones de ser trasplantado. Esto ofrece información funcional difícil de obtener cuando solamente se utiliza conservación en frío. La PRN también busca reducir la llamada lesión por isquemia caliente, el daño que se produce cuando un tejido permanece a temperatura corporal sin recibir suficiente sangre y oxígeno.

La Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes accedió a una investigación publicada recientemente en Experimental and Clinical Transplantation. El trabajo analizó 372 estudios científicos sobre perfusión regional normotérmica publicados entre 2014 y 2025. Los autores encontraron que el número de publicaciones sobre esta tecnología creció a una tasa anual del 22,35 por ciento.

Además, destacan su utilización para mejorar la viabilidad y el funcionamiento de riñones, hígados, corazones y pulmones provenientes de donantes fallecidos por criterios circulatorios. El dato muestra que no se trata de una idea recién salida del laboratorio. La PRN ya se utiliza y estudia en distintos sistemas sanitarios del mundo, mientras continúa acumulándose evidencia sobre sus beneficios, límites y condiciones de seguridad.

¿Qué cambia en Argentina? La nueva regulación es especialmente importante para la denominada donación en asistolia controlada. En estos casos, la posibilidad de donar aparece después de que el fallecimiento se produce por el cese irreversible de las funciones circulatorias, luego de una adecuación del esfuerzo terapéutico en pacientes que atraviesan determinadas situaciones clínicas irreversibles.

Argentina cuenta con un protocolo nacional para este tipo de donación desde 2023. Hasta ahora, sin embargo, los procedimientos se concentraron principalmente en la obtención de riñones y fueron muy limitadas las experiencias con órganos torácicos y otros órganos abdominales.

El nuevo protocolo busca ampliar esas posibilidades. Algunos órganos que antes podían deteriorarse hasta quedar descartados podrían ahora ser preservados, evaluados y eventualmente utilizados. La norma también establece criterios para seleccionar donantes y receptores, condiciones técnicas, responsabilidades de los equipos médicos y requisitos de capacitación, seguridad, calidad y trazabilidad para las instituciones habilitadas.

La incorporación de la perfusión normotérmica llega en un momento de alta actividad del sistema argentino. Según los datos en tiempo real del Sistema Nacional de Información de Procuración y Trasplante de la República Argentina (SINTRA), al 18 de agosto de 2026 se habían realizado 1.406 trasplantes de órganos en el país. De ese total, 950 fueron renales, 311 hepáticos y 81 cardíacos. También se realizaron trasplantes renopancreáticos, pulmonares, hepatorrenales y pancreáticos.

Pero detrás de cada cifra existe una dificultad que la medicina todavía no consiguió resolver por completo: las necesidades de los pacientes superan la cantidad de órganos disponibles. Por eso, mejorar la utilización de cada potencial donación puede tener consecuencias concretas para quienes esperan.

¿Y si llega al cerebro?

La técnica también abre una de las preguntas más sensibles: si se vuelve a establecer artificialmente la circulación después de determinar la muerte por criterios circulatorios, ¿podría la sangre llegar nuevamente al cerebro? La respuesta explica por qué el procedimiento requiere medidas de seguridad específicas.

Durante la PRN se adoptan mecanismos para limitar la circulación a las zonas seleccionadas y evitar que el flujo sanguíneo alcance el cerebro. La declaración de muerte, además, debe realizarse antes de iniciar el procedimiento y corresponde al equipo médico responsable del paciente, separado del proceso de donación.

No es una cuestión menor. El eventual riesgo de reperfusión cerebral forma parte del debate médico y bioético internacional sobre esta tecnología y ha llevado a organismos sanitarios de otros países a revisar y reforzar sus protocolos de seguridad. Durante décadas, uno de los grandes desafíos de la medicina de trasplantes fue trasladar un órgano desde un cuerpo hasta otro evitando que se deteriorara en el camino.

La nueva generación de tecnologías de perfusión modifica esa lógica. Ya no se intenta solamente conservar un órgano: también se busca mantener su metabolismo, observar su respuesta y conocer mejor su estado antes de utilizarlo. La aprobación del protocolo no significa que todos los hospitales argentinos puedan aplicar inmediatamente el procedimiento ni que todos los donantes sean candidatos. Se necesitan instituciones habilitadas, equipamiento específico, profesionales capacitados y protocolos estrictos. Pero la posibilidad ya está abierta.

Con todo, cuando la circulación se detiene, cada minuto puede reducir las posibilidades de utilizar un órgano. La perfusión regional normotérmica intenta intervenir precisamente en ese período crítico. Y en un sistema donde cada órgano apto puede significar una oportunidad de vida, conseguir que una donación que antes se perdía finalmente pueda llegar a un receptor hace que la innovación deje de ser solamente tecnológica; puede convertirse en tiempo ganado para alguien que está esperando.


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