Según un estudio, una persona pierde siete noches de sueño al año debido a las altas temperaturas nocturnas

El análisis abarcó 1.338 ciudades del mundo, incluidas seis argentinas, y midió cómo las noches más cálidas afectan el descanso.

Créditos: El confidencial.
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Las olas de calor son cada vez más frecuentes y dormir durante esos días puede convertirse en una odisea: las personas se despiertan varias veces en la madrugada, buscan un poco de aire junto a la ventana –si lo hay– y las sábanas se les pegan al cuerpo. Ahora, un informe de Climate Central pone números a esa experiencia cotidiana. Según el estudio, entre 2020 y 2025, una persona perdió en promedio casi 56 horas de sueño al año debido a las altas temperaturas nocturnas, el equivalente a casi siete noches de sueño. De ese total, unas seis horas –casi una noche– se deben al calentamiento global generado por el ser humano, mientras que el resto corresponde a noches calurosas asociadas a la variabilidad natural del clima. Aunque Argentina no figura entre los países más afectados, el informe estimó el impacto en seis ciudades: Salta, San Miguel de Tucumán, Córdoba, Rosario, Ciudad Autónoma de Buenos Aires y Mar del Plata. 

Cuando duerme, el cuerpo experimenta un descenso de la temperatura corporal. Ahora bien, cuando la temperatura en el ambiente es alta, este proceso se limita y las personas no lograr conciliar un sueño reparador. Así, se concibe un sueño “en cuotas” que genera cansancio, abatimiento y somnolencia. Además, se interfiere en procesos propios del organismo como la producción de hormonas de crecimiento y la melatonina, que suceden mientras el cuerpo descansa.

Con este panorama, el equipo de Climate Central detalló cómo se relacionan el calor del ambiente con la calidad de sueño de las personas. Utilizó un modelo que relaciona la temperatura durante la noche con la cantidad de horas de descanso. Así, compararon las temperaturas nocturnas registradas con las que, según las simulaciones, se habrían registrado en un mundo sin cambio climático. El análisis abarcó a 1.338 ciudades del mundo y analizó dos períodos: 2020-2025 y comienzos de la década de 1970. Esto permitió calcular cuántas horas de sueño se perdieron durante las noches calurosas, qué parte de esa pérdida se relaciona con la crisis climática y cómo cambió esto desde la década del ‘70 en adelante.

Observaron que, a nivel mundial, las personas perdieron, en promedio, casi 56 horas de sueño al año debido a las altas temperaturas nocturnas entre 2020 y 2025 y que la pérdida de sueño atribuible al cambio climático se duplicó desde comienzos de la década de 1970. La región más afectada es Medio Oriente, donde habitantes de ciudades de Arabia Saudita, Omán y los Emiratos Árabes Unidos perdieron entre 55 y 87 horas de sueño. De esa cifra, entre 12 y 16 horas de sueño fueron a causa del cambio climático. En otras palabras, aunque estos países tienen climas naturalmente cálidos, el calentamiento global intensificó las temperaturas nocturnas y aumentó la cantidad de horas de sueño perdidas.

También, los habitantes del sur de la India y de varios países del Sudeste Asiático perdieron entre 78 y 91 horas de sueño al año debido a las altas temperaturas nocturnas. Del mismo modo, algunas ciudades de África Occidental perdieron 65 horas o más de sueño al año.

El calor en Latinoamérica

En América, el fenómeno también se hizo sentir en algunas ciudades de México, Guatemala, Colombia y Venezuela. Cancún registró 91 horas de sueño perdidas al año —cinco atribuibles al cambio climático—, Caracas 67 horas (siete asociadas a la crisis climática) y Bogotá 21 horas.

En las seis ciudades argentinas analizadas, la pérdida anual de sueño osciló entre 27 y 44 horas. La Ciudad Autónoma de Buenos Aires registró el mayor impacto, con 44 horas de descanso perdidas al año, cuatro de ellas atribuibles al cambio climático. Le siguieron San Miguel de Tucumán (39 horas), Rosario (38), Córdoba y Mar del Plata (34 cada una) y Salta (27). En todos los casos, entre tres y cuatro horas de esa pérdida anual se relacionan con el calentamiento global.

Los autores del informe concluyen que las noches cada vez más cálidas representan un riesgo creciente para la salud ya que el sueño es un proceso fundamental para el bienestar físico y mental. En ese escenario, reducir las emisiones que impulsan el calentamiento global no solo ayudaría a limitar el aumento de las temperaturas, sino también a preservar la calidad del descanso.


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