¿Cómo puede contribuir la actividad física para mejorar la salud pública?

Además de prevenir la obesidad y las enfermedades cardiovasculares, también es útil para cuidar la salud mental y reducir el riesgo de tener cáncer.

Un grupo de personas hace ejercicio al aire libre. Créditos: EL Debate.
Un grupo de personas hace ejercicio al aire libre. Créditos: EL Debate.

Un estudio publicado en la revista Nature, al que accedió la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes, destaca la importancia de la actividad física para mejorar la salud pública. De manera habitual, se relaciona al ejercicio con la prevención del sobrepeso, la obesidad y las enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, diversos trabajos dan cuenta que hacer alguna actividad física también es útil para cuidar la salud mental y prevenir la aparición del cáncer, entre otras cosas. Incluso, estimula las respuestas inmunitarias a las vacunas y reduce las cargas virales. No obstante, el panorama actual está lejos de ser el ideal. En este sentido, se estima que el 30 por ciento de los adultos y el 80 por ciento de los adolescentes no cumplen las sugerencias de la Organización Mundial de la Salud.

“A pesar de sus diversos beneficios, los campos médicos y de salud pública siguen considerando la actividad física como principalmente relevante para la obesidad y la enfermedad cardiometabólica. Por eso, queremos que se reconozca el papel más amplio de la actividad física para múltiples prioridades sociales y de salud pública”, destacaron en el documento los autores del trabajo.

Más allá de que los beneficios casi siempre quedan reducidos al sobrepeso y a las enfermedades cardiovasculares, hay consenso sobre algo: hacer actividad física hace bien. Según la OMS, las personas que no hacen suficiente ejercicio presentan un riesgo de mortalidad entre un 20 y un 30 por ciento más alto a las que sí lo hacen.

Por ejemplo, la actividad física en las personas adultas ayuda a prevenir y controlar enfermedades no transmisibles como las cardiovasculares, el cáncer y la diabetes. A su vez, no solo reduce los síntomas de depresión y ansiedad, sino que también favorece la salud cerebral y el bienestar general. En este aspecto, los científicos resaltaron que caminar, hacer yoga o entrenamiento de fuerza, por ejemplo, “tiene efectos clínicamente significativos en la reducción de los síntomas depresivos”.

En el caso del cáncer, que es la segunda causa principal de muerte en todo el mundo, hacer actividad física se asocia con un menor riesgo. Según el trabajo publicado en Nature, las personas con niveles altos de actividad física reducen entre un 10 y un 20 por ciento las chances de tener cáncer, en comparación a quienes no hacen el ejercicio suficiente.

Por su parte, en los niños y los adolescentes, hacer ejercicio promueve la salud de los huesos, estimula el crecimiento y el desarrollo saludables de los músculos. Al mismo tiempo, mejora el desarrollo motor y cognitivo.

No obstante, el contexto social, económico y cultural hace que cada vez sea más difícil hacer actividad física. En este sentido, la sobrecarga laboral en los adultos y la exposición a las pantallas de los chicos complejiza la situación. De hecho, alrededor del 30 por ciento de los adultos no cumple las recomendaciones mundiales de realizar actividad física durante al menos 150 minutos a la semana. En el caso de los adolescentes, la situación es peor: 8 de cada 10 jóvenes no alcanza la meta propuesta por la OMS.

Obligación versus placer

Otra dimensión que resalta la investigación es qué tipo de actividad física se hace. Esto se debe a que una persona que camina 30 cuadras para ir y volver a su trabajo hace el mismo ejercicio que una persona que camina 30 cuadras alrededor de una plaza. Lo mismo vale para un ciclista que recorre 40 kilómetros diarios por ocio, como para quien recorre 40 kilómetros diarios en bicicleta porque trabaja como repartidor en una aplicación de delivery.

Aunque en teoría se trata de lo mismo, una cosa es hacerlo por elección y otra cosa es hacerlo por trabajo. En este aspecto, el documento advierte las desigualdades que se generan entre los países ricos y los países pobres. Mientras que en los primeros se cumplen las recomendaciones de la OMS por cuestiones vinculadas al ocio, en los segundos se cumplen gracias a la movilidad y el trabajo activo.

Cuanto mayor es el nivel de ingresos del país, mayor es la contribución de la actividad física basada en la elección. En los países de bajos ingresos y de ingresos medios bajos, menos del 10 por ciento de la actividad física general se deriva del ocio activo, en contraste con los países de altos ingresos, donde es más del 30 por ciento”, detallaron los investigadores.


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