Cuando la cabeza no para, la música puede dar una mano

Un nuevo estudio científico encuentra que 24 minutos de sonidos relajantes pueden reducir la ansiedad en personas medicadas.

Científicos compararon 12, 24 y 36 minutos de escucha; el efecto más fuerte apareció a los 24, con menos tensión y menor malestar emocional. Crédito: Pexels.

La ansiedad no siempre se ve. A veces no hay gritos ni llanto. A veces es simplemente sentir que la cabeza no se apaga, que el cuerpo está en alerta y que hasta respirar cuesta un poco más. En ese lugar, donde muchas personas ya toman medicación pero igual siguen sintiéndose mal, un grupo de investigadores decidió probar algo que parece cotidiano, pero que no había sido medido con tanta claridad: cuánto tiempo de música hace falta para ayudar a bajar la ansiedad.

La Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes, tuvo acceso al estudio publicado en PLOS Mental Health, realizado por científicos de Goldsmiths, Universidad de Londres, y la Universidad Metropolitana de Toronto. Lo que hicieron fue lo siguiente: reunieron a 144 personas adultas que tenían niveles moderados de ansiedad y que además ya estaban tomando medicación ansiolítica. Después las dividieron en grupos: algunas escucharon una música instrumental con sonidos de la naturaleza y una técnica especial de audio pensada para relajar; otras escucharon ruido rosa, un sonido parejo que se usa como comparación, parecido a un fondo constante. La idea era ver qué ayudaba más.

Los investigadores no solo quisieron saber si la música ayudaba. También buscaron medir cuánto tiempo convenía escucharla. Por eso probaron sesiones de 12, 24 y 36 minutos. Antes y después de escuchar, les pidieron a los participantes que respondieran preguntas sobre cómo se sentían: si tenían pensamientos acelerados, tensión en el cuerpo, malestar emocional o sensación de calma. O sea, no se trató de una impresión vaga del tipo “me parece que me relajé”, sino de una comparación bastante ordenada.

El cerebro aflojó después de darle play

El dato interesante es que los tres grupos que escucharon música mejoraron más que el grupo que escuchó ruido rosa. En otras palabras, la música sí pareció ayudar a bajar la ansiedad. Pero hubo un detalle todavía más llamativo: el mejor resultado general apareció en el grupo que escuchó música durante 24 minutos. No fue el más corto ni el más largo. Fue justo el del medio.

El estudio también encontró que escuchar música durante 36 minutos ayudó especialmente a bajar el afecto negativo, es decir, emociones como angustia, irritación, incomodidad o ese peso mental que muchas veces acompaña a la ansiedad. Eso sí: la música no convirtió automáticamente a las personas en más felices ni les dio una especie de subidón emocional. Lo que hizo fue algo más realista y quizá más útil: bajó el malestar. No les cambió la vida en media hora, pero sí les aflojó un poco la presión. Y eso importa. Porque cuando alguien está ansioso, no siempre necesita pasar de 0 a 100 en alegría. A veces alcanza con que el cuerpo se tranquilice un poco y la cabeza deje de correr.

La investigación, igual, tiene límites. Fue online, así que no había forma de controlar si todos estaban realmente concentrados o usando auriculares como correspondía. Además, todos los participantes tomaban medicación, pero no se estudió en detalle cómo influía eso en cada caso. Por eso los científicos no dicen que la música cure la ansiedad ni que reemplace un tratamiento. Lo que sí dicen, con bastante cuidado, es que podría ser una herramienta extra, simple y accesible. Algo que acompañe. Algo que ayude.

Con todo, en tiempos donde el estrés se mete hasta en el celular y donde el silencio a veces da más miedo que paz, el ensayo deja una idea sencilla: tal vez la música no solucione todo, pero puede darle al cerebro una pausa. Y para alguien que vive con ansiedad, una pausa no es poca cosa.


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