
En diálogo con la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes, Luis Blacha, director del Laboratorio de Soluciones Alimentarias (LabSA) de la UNQ, destaca: “La pérdida y el desperdicio de alimentos constituyen una de las principales contradicciones del sistema alimentario contemporáneo. Mientras amplios sectores de la población enfrentan inseguridad alimentaria, una proporción significativa de los alimentos producidos no llega a consumirse”. Y agrega: “Es necesario incorporar tecnologías para mejorar los productos, los procesos y la organización”.
Un problema económico y ambiental
Aunque el problema impacta en todo el mundo, en cada lugar tiene sus particularidades. En los países ricos, el desperdicio se produce en la cocina cuando se preparan alimentos por demás, que se transforman en sobras y se guardan en la heladera hasta estropearse. En los países más pobres, la pérdida se genera al momento de la cosecha. Esto se debe a que los establecimientos no cuentan con la tecnología suficiente para proteger los cultivos, que se ven afectados por plagas y moho.
De acuerdo al Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, los alimentos que se pierden y se desperdician equivalen a mil millones de platos de comida por día. Si se lo traslada a números, el costo anual para la economía mundial supera los mil millones de dólares. Sin embargo, el desperdicio no solo tiene que ver con el dinero o las personas que se quedan sin comer, sino que también impacta en el ambiente, ya que provoca alrededor del 10 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero (casi cinco veces más de lo que genera el sector de la aviación). En el marco de la Agenda 2030 que impulsa la ONU, una de las prioridades es reducir a la mitad el desperdicio mundial de alimentos.
El panorama en Argentina
Después de un proceso que arrancó durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, en 2018 se sancionó la Ley 27.454, más conocida como Plan Nacional de Reducción de Pérdidas y Desperdicio de Alimentos. A través de políticas públicas vinculadas a la concientización, la normativa busca disminuir los niveles de derroche. Según un informe publicado en 2024, Argentina tiene índices de desperdicio menores al promedio mundial. Mientras que a nivel global se desechan 79 kilos de alimentos por persona al año, en el país la cifra es de 72 kilos.

