Desde ABBA hasta Cerati y Ozzy: el auge de los hologramas en los recitales

Mientras regresan sonidos y estéticas del pasado, la industria musical apuesta también por recrear de manera digital a artistas fallecidos, retirados o ausentes.

El holograma de Gustavo Cerati durante la gira de Soda Stereo "Ecos". Créditos: Revista Gente.
El holograma de Gustavo Cerati durante la gira de Soda Stereo “Ecos”. Créditos: Revista Gente.
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Desde siempre, ir a un recital implicaba la emoción de ver a los artistas favoritos en escena. Verlos tocar las canciones, descubrir nuevos acordes de guitarra o que el cantante hable y juegue con su público. Sin embargo, esa experiencia, basada en la presencia física, parece estar cambiando. La tecnología gana terreno y los hologramas de cantantes fallecidos, pero también de los que están vivos, se hacen espacio en los escenarios. Desde ABBA y Michael Jackson hasta Whitney Houston y Gustavo Cerati, todos vuelven. La pregunta ya no es si la tecnología puede devolver a un artista al escenario, sino qué significa asistir a un recital cuando el músico no está realmente allí.

De manera reciente, el cantante Joaquín Levinton de Turf ironizó: “Si este holograma anda lindo (el de Gustavo Cerati), que venga Elvis, que venga Michael Jackson, me los veo a todos. Me encantaría hacerlo yo vivo, así cobro sin venir”. Es que los hologramas son cada vez más usuales en la industria musical. Por ejemplo, en marzo de 2020 en Argentina, el Indio Solari, quien falleció la semana pasada, apareció en un recital de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado en una versión holográfica y cantó algunas canciones, como “El callejón de los milagros” y “La oscuridad”. El artista no podía tocar en vivo debido a que atravesaba la enfermedad de párkinson.

En la actualidad, la banda Soda Stereo está realizando su gira “Ecos” con los tres integrantes en escena: Zeta Bosio, Charly Alberti y el mismísimo Gustavo Cerati. El cantante aparece como un holograma, está presente en el escenario junto con los músicos y se lo ve también en pantalla grande. La sensación es la de que está vivo. Canta, baila, salta, toca la guitarra y hasta se saluda con sus compañeros.

El fenómeno es algo que se replica en todo el mundo. En 2021, la banda sueca ABBA lanzó su disco “Voyage” y volvió a los escenarios tras cuatro décadas sin tocar. Aunque estén vivos, los cantantes no estaban físicamente, sino que estaban sus avatares holográficos. “Queríamos hacer el show de hologramas antes de estar muertos”, comentó Benny Anderson, integrante de la banda. 

De igual manera, una recreación digital de Whitney Houston protagonizó en 2020 la gira internacional An Evening With Whitney: The Whitney Houston Hologram Tour. En 2014, una versión holográfica del rey del pop Michael Jackson cantó y bailó la canción “Slave to the Rythm” en los Premios Billboard. En 2012, un representación del rapero fallecido Tupac Shakur también sorprendió a las audiencias en el festival de música Coachella. 

Frank Sinatra y Elvis Presley también fueron reanimados. La familia Osbourne declaró que Ozzy, el líder de Black Sabbath, tendrá su doble digital; Queen no descarta sumarse a esta innovación y se especula con que Tina Turner también volverá digitalmente a los escenarios.

Un debate vivo

Como sucede con toda llegada de una nueva tecnología, se despierta el debate de los que están a favor y en contra. Están quienes plantean que los hologramas son una herramienta para poder seguir disfrutando de los artistas aunque ya no estén en este plano o, al menos, no puedan estar en el escenario, como el caso del Indio Solari. 

De la vereda de enfrente, están quienes se preguntan hasta dónde puede avanzar la tecnología. Reflexionan sobre la necesidad de que los artistas descansen en paz y que, a su vez, pueda darse lugar a los nuevos cantantes que surgen en la escena musical. En el público también se da este debate. Están quienes eligen ver a aquellos artistas con los que no llegaron a ser contemporáneos, a la vez que están los que prefieren dejar atrás y quedarse con las emociones que pudieron despertarles los músicos mientras estaban vivos.

La aparición de hologramas de artistas de otras épocas despierta también la nostalgia. El debate se da en un contexto marcado por el regreso de sonidos, modas y referencias culturales de décadas pasadas–el pop es un ejemplo de eso–. En ese escenario, no es extraño que la industria musical dé un paso más y no se quede solo en el estilo, sino que recupere de manera virtual a las figuras que marcaron a generaciones enteras.

El asunto está lejos de ser enterrado: ¿hacia dónde se dirige la industria musical? ¿Qué emociones busca generar? ¿Qué lugar ocupa la presencia física y la emoción de lo real y vivo en un entorno virtual?


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