Pingüinos emperador se mudan en la Antártida: qué descubrieron los satélites

Un estudio detectó cinco colonias que modificaron significativamente su ubicación durante la última década ante las transformaciones de su hábitat helado.

Los pingüinos emperador dependen del hielo marino estable para reproducirse. Un nuevo estudio detectó grandes desplazamientos de cinco colonias durante la última década. Crédito: Secretatlas.
Los pingüinos emperador dependen del hielo marino estable para reproducirse. Un nuevo estudio detectó grandes desplazamientos de cinco colonias durante la última década. Crédito: Secretatlas.
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Imágenes tomadas desde el espacio revelaron que cinco colonias de pingüinos emperador cambiaron significativamente de ubicación durante la última década en la Antártida occidental, en algunos casos después de grandes transformaciones del hielo sobre el que dependen para reproducirse. El descubrimiento aporta una nueva pieza para entender cómo responde una de las especies más emblemáticas de la Antártida a un ambiente que cambia rápidamente.

La investigación, a la que la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes tuvo acceso, utilizó imágenes satelitales de media y muy alta resolución para reconstruir los movimientos de las colonias. El resultado introduce un matiz importante en el debate sobre el futuro de la especie frente al cambio climático. La capacidad de trasladarse podría permitir a algunos grupos responder a modificaciones locales del hielo, pero no significa que los pingüinos estén a salvo. Encontrar otro lugar no garantiza que ese nuevo hogar reúna las condiciones necesarias para reproducirse.

Para los pingüinos emperador, el hielo no es simplemente parte del paisaje. Su ciclo reproductivo depende de él. Las colonias se instalan sobre superficies de hielo marino que deben permanecer suficientemente estables durante meses. Allí se produce el apareamiento, la puesta y la incubación de los huevos durante el duro invierno antártico. Después nacen los polluelos, que necesitan tiempo para desarrollar el plumaje que les permitirá sobrevivir en el agua. El problema aparece cuando el hielo se rompe antes de tiempo. Si los polluelos todavía no desarrollaron su plumaje impermeable, quedar expuestos al agua puede ser fatal. Por eso, la pérdida temprana del hielo marino ya fue relacionada con graves fracasos reproductivos en diferentes colonias.

Es una vulnerabilidad particularmente importante en un escenario de cambio climático. Las modificaciones en la extensión, estabilidad y duración del hielo marino antártico pueden alterar los lugares disponibles para reproducirse. Sin embargo, hasta ahora quedaba otra variable por comprender: qué hacen los propios pingüinos cuando el lugar elegido deja de ofrecer condiciones adecuadas. La nueva investigación encontró una respuesta: algunos se trasladan.

Los científicos estudiaron colonias de la Antártida occidental y detectaron cinco casos en los que se produjeron modificaciones significativas de ubicación durante la última década. Dos de los desplazamientos probablemente estuvieron relacionados con grandes desprendimientos recientes de plataformas de hielo. Estos eventos pueden transformar drásticamente el paisaje y modificar las condiciones del hielo marino utilizado por los animales.

Pero uno de los casos resultó especialmente revelador. Los investigadores identificaron una colonia que hasta entonces no había sido reconocida. Cuando retrocedieron en el tiempo y analizaron imágenes satelitales históricas, descubrieron que los pingüinos llevaban décadas ocupando aquella región. No era realmente una colonia nueva; en realidad, había cambiado tanto de ubicación que había pasado inadvertida. Otras dos colonias estudiadas, en cambio, sí parecen haberse formado recientemente. En conjunto, los casos muestran una dinámica más compleja de la que sugeriría observar únicamente puntos fijos en un mapa.

El descubrimiento también plantea un desafío metodológico. Si una colonia abandona el lugar en el que fue registrada durante años, su ausencia no necesariamente significa que sus integrantes murieron. Para saber qué ocurrió es necesario ampliar la búsqueda: pueden estar reproduciéndose en otro sitio. Y los satélites permiten hacerlo.

Cómo se vigilan desde el espacio

Seguir a una colonia de pingüinos emperador desde tierra no es sencillo. Muchas se encuentran en regiones remotas, con temperaturas extremas y prácticamente inaccesibles durante buena parte del año. Las imágenes satelitales cambiaron esa situación. Desde cientos de kilómetros de altura es posible identificar concentraciones de animales, localizar nuevas colonias, observar cambios en el hielo y comparar fotografías tomadas en distintos momentos.

Incluso existe una señal particularmente útil para encontrarlas: las manchas que dejan sus excrementos sobre la superficie blanca del hielo pueden ser detectadas desde el espacio. Esa evidencia permite localizar grupos que de otro modo resultarían extremadamente difíciles de descubrir. La posibilidad de revisar archivos satelitales agrega además una suerte de máquina del tiempo. Una colonia encontrada hoy puede buscarse en imágenes de hace cinco, diez o veinte años para reconstruir dónde estaba anteriormente. Así fue posible descubrir que algunos asentamientos considerados estáticos son, en realidad, móviles.

¿Pueden adaptarse al cambio climático?

Es la pregunta inevitable, pero también donde hay que evitar una conclusión apresurada. El estudio aporta evidencia de flexibilidad en la elección de los sitios de reproducción. Frente a determinadas modificaciones del ambiente, algunos pingüinos emperador parecen capaces de desplazarse y buscar condiciones más favorables.

Esa capacidad podría resultar importante para sobrevivir a transformaciones locales del hielo. Pero mudarse no resuelve todos los problemas. Un nuevo lugar puede encontrarse más lejos de las zonas donde los adultos consiguen alimento. Puede obligarlos a recorrer mayores distancias entre el océano y la colonia. También puede ofrecer hielo aparentemente adecuado que termine rompiéndose antes de que los polluelos estén preparados para entrar al agua.

Además, la posibilidad de desplazarse sirve solamente mientras existan lugares alternativos adecuados. Por eso, los investigadores no interpretan estos movimientos como evidencia de que la especie pueda escapar simplemente de las consecuencias del cambio climático. El comportamiento puede proporcionar cierto margen de respuesta, pero la disponibilidad futura de hielo continúa siendo determinante.

El hallazgo también modifica la forma de imaginar a estos animales. Cuando se habla de pérdida de hábitat suele pensarse en una especie que permanece en un lugar mientras el ambiente a su alrededor se deteriora. La realidad puede ser bastante más dinámica. Los animales modifican comportamientos, exploran territorios y, cuando pueden, buscan alternativas.

El descubrimiento, por lo tanto, contiene una señal alentadora y otra que obliga a mantener la cautela. Los pingüinos emperador no son habitantes pasivos de un paisaje que cambia. Pueden desplazarse y buscar otro lugar cuando las condiciones dejan de ser adecuadas. La incógnita es hasta dónde alcanza esa capacidad. Porque pueden mudarse cuando el hielo bajo sus patas cambia. Lo que no pueden garantizar es que, en una Antártida cada vez más inestable, siempre exista otro lugar al que ir.


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